Es palmario que el sistema nos reprime y penaliza por tener condición sexual y de género diferente. Pero, por otro lado, nos inunda de publicidad y consumo creado especialmente para el mundo LGTB+, imponiendo estereotipos de roles de género machistas y patriarcales para reproducir en nuestras relaciones formas de comportamiento, modismos y definiciones encasillantes, un estilo de ropa etc.

De esta forma estamos disfrazando la realidad de expulsión de colegios, puestos de trabajo, bulling en lugares públicos, asesinatos y discriminaciones a diario, vendiéndonos todo un mundillo desde nuestra opresión para servir de todas formas al neoliberalismo y capitalismo. El triunfo social, la belleza y el consumismo parece el tributo que pagamos las minorías sexuales para ser aceptadas por una sociedad homofóba.

Además, las luchas por alcanzar igualdad en derechos institucionales se tornan en representaciones sociales “respetabilistas” con la misma intención: ser aceptadas por una sociedad que no nos acepta mediante la reproducción de esquemas que son precisamente los que nos oprimen.

Hora es de que nos opongamos a la “identidad basura” que nos venden las empresas del gaybusiness. Hora es de que nos opongamos a las formas de discriminación “selectiva” que existen respecto a las minorías sexuales (incluso dentro del propio colectivo), evitando la discriminación de opciones más allá del binomio gay-lesbiana (bisexualidad, pansexualidad). Toda esta gente estamos siendo armarizadas por quienes tienen el monopolio discursivo sobre el colectivo LGTB+, sobre todo en los medios de comunicación.

El colectivo tiene que seguir luchando por multitud de desigualdades como la despatologización de la transexualidad, la igualdad en el campo de la fecundación asistida, la adopción en los mismos términos que las parejas heterosexuales, o las agresiones que sufrimos continuamente. Tengamos en cuenta las múltiples realidades que vive la gente del colectivo LGTB+. Hay muchas personas con una sexualidad diversa pobres, en la precariedad laboral y en la fragilidad socioeconómica... Muchas personas del colectivo LGTB+ víctimas de la discriminación racial y xenófoba...

El Orgullo LGTB+ debe ser una movilización social y política, de activistas y militantes, de la ciudadanía en general, no de clientas ni consumidoras. Es un día de la liberación sexual y de identidad de géneros con un programa de actos donde primen los derechos de las personas (especialmente las más vulnerables como inmigrantes sin papeles y gentes precarias), y no la búsqueda de beneficio comercial. Deberíamos querer un Orgullo para todas, independientemente de la capacidad adquisitiva de cada una, independientemente de nuestra situación ante la ley de extranjería, el excluyente mercado de trabajo o la posibilidad de acceso a un espacio de consumo.

En Valladolid asistimos a la, en mi opinión, ridícula situación de tres organizaciones en defensa del colectivo LGTB+. ¿Es un activismo que se ha multiplicado y potenciado últimamente? ¿Se han incrementado ostensiblemente las actividades en la materia? No; simplemente diferencias; a veces de planteamientos, a veces personales. Cuatro activistas en cada una...

Y, en cuanto a la programación del orgullo, pongo algunos ejemplos: una manifestación regional el viernes 24 a la inadecuadísima hora de las 6 de la tarde (que es una hora más adecuada para la foto que para la asistencia reindivicativa...), fiestas en locales, ruta de pinchos … ¿Actividades con trasfondo? Las menos.

Lo dicho: identidad basura

 

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