A falta de verdadero interés cinéfilo en cartelera hay que hablar de ofertas culturales accesible y con vocación de excelencia. Desde el próximo 27 de junio, y hasta el 27 de julio, con mayor fuerza, y si cabe, mayor interés, vuelve la edición anual del Atlántida Film Festival, un festival de cine “on line” que este año retrasa algo sus fechas, establece una sede física con proyecciones en Palma de Mallorca, opta por incorporar otras artes a su oferta, pero que mantiene fiel su espíritu de potenciar el cine europeo, el cine europeo en versión original, con especial mimo al nuevo cine español y proporcionando al cinéfilo una ocasión inmejorable de rellenar esos huecos que van quedando tras leer publicaciones especializadas que van dando cuenta de las películas más interesantes en diversos festivales mundiales. La apuesta fue arriesgada para empezar, pero ahora creo que no tiene problemas de supervivencia, además, en una clara política de captar audiencias, la plataforma digital Filmin baja los precios de otras temporadas, por apenas 20 € los no abonados a la plataforma pueden ver hasta 62 películas a lo largo del mes repartidas en cuatro secciones con 46 largometrajes y 16 cortos.

Nadie va a convencernos de lo contrario, el cine se disfruta y se ve mejor en una pantalla grande (siempre y cuando las condiciones de proyección y el comportamiento del público sean los adecuados), aunque el desolador panorama de la distribución en España, cada vez más uniforme y menos arriesgada, limita enormemente la posibilidad de acceder a innumerables películas de calidad indiscutible que, ante la escasa perspectiva de taquilla y la salud raquítica de la exhibición alternativa, quedan abandonadas en el cajón del olvido a pesar de su trascendencia. El cinéfilo, no el mero espectador de cine comercial, dispone durante este mes de una ocasión casi única para ver 46 largometrajes, sobresalientes muchos de ellos, y que, pasado ese mes, volverán a su invisibilidad sin muchas esperanzas de estreno comercial, contando casi todos ellos con premios en festivales como Locarno, Venecia, San Sebastián, BAFICI, Sevilla, Tribeca, Londres, Tesalónica, Docs…..

Una equilibrada selección entre ficción y no ficción para intentar ofrecer una imagen de un continente europeo en proceso de desintegración, en proceso de retorno al individualismo fronterizo, nacionalismos, fascismos, xenofobia, homofobia. Un panorama desolador en el que documentales como “Boye” de Sebastián Arabia retratará a este abogado condenado por colaborar con ETA en el secuestro de Emiliano Revilla, la revelación de Venecia, “‘Childhood of a Leader” de Brady Corbet, “Objetivo París”, la película “censurada” en Francia al situar su ficción en el entorno de una célula islamista que prepara un atentado indiscriminado en las calles de París y cuyo estreno estaba programado para primeros de diciembre del año pasado, “El tesoro” del rumano Corneliu Poromboiu, “Berserker” de Pablo Hernando , una de las revelaciones españolas del año pasado, la excepcional “Rabin, the last day” de Amos Gitai, la decepcionante “La reina del desierto” de Werner Herzog, con el reclamo de Nicole Kidman en su reparto, “Lampedusa in Winter”, retrato de la isla italiana en medio de la llegada de refugiados rechazados por la “hospitalaria” Europa, “Bang gang” de Eva Husson, con la etiqueta de escandalosa película sobre la sexualidad juvenil, la película turca “Bakur”, cuya prohibición en el festival de Estambul provocó la retirada de todos los directores en apoyo a los directores turcos represaliados, “Democracy”, que muestra los empeños de un grupo de europarlamentarios por salvaguardar la privacidad de los ciudadanos de la unión, Grecia, Chechenia, Turquía, drones, el germen y éxito de Barcelona en comú……., las esperadas “Chevalier”, “The event” o “Les chevaliers blancs”,directores tan difíciles de ver en España como Mograbí, Komandarev, Geyrhalter, Tsangari, Loznitsa……la oferta y la variedad es nota esencial en este festival, y el riesgo, de hecho, y con la ventaja de verlo desde casa y a la hora que a uno le apetece, es un ejemplo de cómo hacer un festival atractivo con cine de autor. Porque el cine de autor no es una etiqueta que, puesta en un cartel, te conceda el privilegio y la exclusiva, como dice el dicho, el movimiento se demuestra andando, y en una ciudad de presunta cinefilia como Valladolid, el Atlántida nos lleva kilómetros de distancia en riesgo y empeño con el cine de autor.

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