La democracia es un invento de las élites para legitimarse en el poder. Hubo un momento en la historia en que empezó a quedar muy feo eso de mandar por decreto divino y las élites ¡tan inteligentes! se inventaron la democracia, un mecanismo perverso que genera la ilusión de que gobiernan las mayorías sociales cuando en realidad siguen mandando los del decreto divino.

Y no me malinterpreten que no lo digo como crítica ¡Son las élites las que deben gobernar! Al fin y al cabo son los que de verdad están preparados, los que saben de temas tan complejos como la economía de mercado o la política internacional. El pueblo ya tiene bastante con poner o quitar jugadores en las alineaciones de fútbol e intentar llegar a fin de mes con el sueldito que le asignan las élites, que si se lo han asignado con toda su sabiduría será por algo.

La democracia, la buena democracia, es buena siempre que el pueblo elija lo que a las élites les conviene, lo que las élites han decidido que es lo mejor para ellos mismos y por añadidura para el pueblo ignorante. Cuando la democracia “se pone estupenda” y le da al pueblo la posibilidad de que elija algo que no aprueban las élites deja de ser buena para convertirse en un elemento peligroso.

Y ahí es cuando hay que empezar a defenderse de la democracia o a ponerle límites y correcciones.

Por ejemplo:

  • Al pueblo no se le pregunta por rupturas, al pueblo se le pregunta por acuerdos que bien empaquetados son muy fáciles de vender y si no te aprueban uno se les empaqueta otro hasta que se lo traguen, pero las rupturas son muy difíciles de enmendar y muy perjudiciales para las élites que como todos sabemos tienen los mismos intereses que la mayoría.
  • Al pueblo se le debe narcotizar para generarle la ilusión de que vive en el mundo más feliz posible y desconfíe de esas voces que le hablan de que otro mundo mejor es posible.
  • Al pueblo se le debe asustar. Un pueblo con miedo es un pueblo manipulable.
  • El pueblo debe identificarse con las élites, hacerles sentir que son parte de su mismo equipo. Un pueblo que salta, hombro con hombro, junto con sus élites al grito de (por ejemplo) “Yo soy español, español, español” es un pueblo que, en nombre de su equipo, lo perdona todo, hasta que le roben en sus propias narices.

Y con estos (y otros) límites y correcciones bien aplicados podremos disfrutar de una democracia segura y libre de los caprichos de un pueblo ignorante.

¡Viva la democracia! (moderada)

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