En los tiempos de extremar la seguridad sobre la libertad nunca hemos estado tan inseguros. Cuanto mayores son las vigilancias fronterizas, mayores son las vías para burlarlas, cuanto más duro es el castigo, más atractiva la recompensa, cuanto mayores son el número de desheredados más fácil conseguir carne de cañón para la actividad criminal. La «creación deliberada de un Estado de excepción permanente (aunque eventualmente no declarado en sentido técnico) ha pasado a ser una de las prácticas esenciales de los Estados contemporáneos, incluidos los denominados democráticos» dice el filósofo italiano Giorgio Agamben al analizar las derivas nada democráticas de los gobiernos, que no hacen sino esconder un totalitarismo asfixiante revestido de legalidad metamorfoseada en arbitrariedad. En estos estados modernos que se autodenominan democráticos “el hombre recluido en ellos es marginado de la sociedad por el propio Estado: es el homo sacer, sagrado. No puede ser sacrificado, pero su muerte no constituye homicidio y puede ser asesinado impunemente”, por el propio estado o por otros integrantes de la sociedad que no van a responder por eliminar a individuos molestos por su comportamiento. “El estado de excepción era un dispositivo provisional para situaciones de peligro. Hoy se ha convertido en un instrumento normal de gobierno. Con la excusa de la seguridad frente al terrorismo, se ha generalizado. La excepción, por eso se llamaba estado de excepción, es norma. El terrorismo es inseparable del Estado porque define el sistema de gobierno. Sin el terrorismo, el sistema actual de gobierno no podría funcionar. Hay dispositivos como el control de las huellas digitales, o que te escaneen en los aeropuertos, que se implantaron para controlar a los criminales y ahora se aplican a todos. Desde la perspectiva del Estado, el ciudadano se ha convertido en un terrorista virtual. De lo contrario, no se explica el cúmulo de cámaras que nos vigilan en todas partes. Somos tratados como criminales virtuales. El ciudadano es un sospechoso, numerado, como en Auschwitz, donde cada deportado tenía su número (declaraciones de Agamben al diario El Mundo”, Agamben nos señala lo que muy poca gente es incapaz de advertir, la franca regresión de las libertades individuales en beneficio de las oligarquías.

Titulo Original: 600 millas.

México, Estados Unidos de América.

Dirección: Gabriel Ripstein.

Idioma Original: Español e Inglés. Color.

Duración: 85 min.

Año de producción: 2015.

Productora: Alameda Films.

Guión: Gabriel Ripstein, Issa López.

Producción: Michel Franco, Gabriel Ripstein, Moisés Zonana; Tim Roth.

Fotografía: Alain Marcoen.

Edición: Gabriel Ripstein, Santiago Pérez Rocha.

Intérpretes: Tim Roth, Kristyan Ferrer, Noé Hernández, Harrison Thomas, Mónica del Carmen, Armando Hernández

En este entorno de criminalización generalizada, “600 millas” es posible que no se planteara esa disyuntiva y sólo tratara de mostrar la realidad de una frontera permeable pese a los mecanismos de control, es una anécdota dentro del mundo criminal pero que se puede hacer trascendente respecto al comportamiento de los estados para perseguir, y hasta tolerar, el crimen organizado en beneficio propio. Permeable en cuanto depende muchas veces de personas corrompibles, en otras por intereses cruzados, a veces por inconfesables deseos de que se produzca un hecho que facilite una ley más represiva. «600 millas» es una película que ronda el mundo de la marginalidad criminal de frontera, de cómo el narco infecta el tejido social de un país como México, y, al tiempo, extiende sus redes de putrefacción más allá de sus propias fronteras, aprovechando las ventajas del sistema legal norteamericano en algo que les favorece enormemente, el libre mercado de armas de fuego. La película entonces se configura a lo largo de tres episodios y un epílogo bestial, no por mostrar la violencia, sino por el grado de deshumanización que una situación a vida o muerte provoca en un servidor de la ley como es el papel que representa Tim Roth, al tiempo coproductor de la película. Siendo las personas que originan toda la evolución de la trama los últimos escalones de la organización mafiosa, en el interior de Arnulfo existe el íntimo convencimiento de merecerse algo mejor que lo que tiene, ser un simple transportista de armas compradas legalmente en EEUU para destinarlas, de contrabando, a los cárteles del otro lado de la frontera. Esa primera media hora de película enseña cómo de fácil es comprar armas en la primera potencia del mundo, cómo puedes acaparar todas aquellas que se te soliciten por una comisión, utilizando a un norteamericano «limpio» que no levante sospechas a los vendedores, aunque sepas que esas armas pueden estar destinadas a matar a la gente de tu propio país. En ese segmento de la película se presenta el carácter de los dos principales personajes, el aspirante a narco, cuya personalidad queda eficazmente retratada en dos escenas, y el controlador de la venta de armas, el agente policial que sigue los pasos a aquellos que se dedican, feria tras feria, supermercado tras supermercado, a comprar armas potencialmente más peligrosas que una pistola.

En un incidente donde el agente comete un error de principiante, resulta siendo secuestrado por Arnulfo, cuya solución no es otra que atravesar la frontera con el rehén y dirigirse a su hogar con tan peligroso cargamento en el convencimiento de que puede obtenerse información valiosa sobre los rivales de su propio tío, uno de los jefes del narco mexicano, y de los poderosos vendidos a grupos rivales, e incluso de narcos que colaboran con la policía. En ese secuestro desesperado y absurdo, Arnulfo ve la oportunidad de ganar en estima y consideración en la familia, que le considera como un cero a la izquierda. Comienza ese segundo segmento de la película, el del viaje, esas 600 millas que separan el lugar de captura del de destino. Un viaje en el que Harris, el policía, va ganándose la confianza del muchacho, sin que éste pierda de vista al capturado ni baje la guardia, un viaje en el que el policía salvará al chico de caer en manos de otras bandas o de la policía en varias ocasiones, estableciéndose así una improbable relación de «buddy movie» en la que no puede haber confianza absoluta porque la llegada a la ciudad mexicana supondrá un momento definitivo para la suerte de Harris. En la inmadurez del muchacho, Harris advierte la única posibilidad de salvación, de ahí que en el tercer segmento de la película, el menos interesante y el más efectista del conjunto, donde deben primar las situaciones inverosímiles para conseguir el resultado final, la película se transforma en un thriller convencional donde es el policía el que salva al mexicano de una traición anunciada. No obstante, esas escenas finales, muy previsibles y convencionales del cine de acción, guardan un epílogo espléndido, un plano de abandono imprevisto y que encierra una condena a muerte inesperada, donde se descubre la verdadera naturaleza del agente Harris y con la que consigo enlazar con el inicio del artículo, ese por el que nuestros estados consideran prescindibles a sus ciudadanos cualquiera que sea su condición o situación penal, esos estados para los que la ley no se aplica salvo para castigar a sus ciudadanos por su rebeldía, pero no para impedir los intereses más ocultos e inconfesables dentro del propio sistema.

Ripstein, con el toque creo que inconfundible de Michel Franco, elabora una película sobria, con varias concesiones fáciles evitables, sobre todo en su tramo final, una película en la que los rostros sirven para camuflar las limitaciones de producción, en la que lo importante es aquello que provoca los comportamientos y menos estos en sí mismos. Una historia alrededor de las cloacas del estado de bienestar, de los métodos alegales seguidos para su mantenimiento mínimamente estable, donde al final habrán muerto media docena de personas, todas ellas evitables y fruto de una decisión equivocada, muertes por las que nadie responsable pagará, que a nadie importan y por las que nadie va a reclamar. Una película de frontera que demuestra que no hay estado seguro, pero que con ese argumento lo que se está consiguiendo son estados cada vez menos libres. Y el poder tan contento.

ESTRENO PREVISTO EL 15 DE JULIO.

 

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