Un plano subjetivo inicia la película, en lo que rápidamente advertimos es el camino de una bestia hacia el matadero, pasillos estrechos, azulejos, bifurcaciones y una cortina de plástico que nos anuncia el final del camino, pero previamente la mirada de la cámara, que es la del animal que va a morir, se posa, un instante, en una cría de búfalo encerrada en un pequeño establo previo al pasillo de la muerte. Si a partir de entonces la película es un enorme flashback en el que el búfalo adulto recuerda lo que ha pasado desde que fue recogido como una cría perdida, o si en esa mirada se encuentra el aviso del adulto al joven para que escape e intente vivir y asistimos a un relato lineal y cronológico es una de las muchas incógnitas que la película nos ofrece. Tantas y variadas como ricas en contenido, porque «Bella e perduta» es poliédrica, en ocasiones aparenta incomprensible y hasta inconexa, pero toda ella confluye en un objetivo claro y preciso, la denuncia poética de una sociedad que se ha desligado de su origen, de su tradición, de vivir en armonía natural.

Título: «Bella e perduta». Italia.

Director: Pietro Marcello.

Reparto: Elio Germano (voz del búfalo), Tommaso Cestrone, Sergio Vitolo, Gesuino Pittalis, Claudio Casadio. Música compuesta por: Marco Messina, Sacha Ricci.

Guión: Pietro Marcello, Maurizio Braucci.

Productores: Pietro Marcello, Sara Fgaier.

Premiére: Festival de Locarno 2015.

Duración: 87 minutos

El mito trasciende y se introduce en la historia, mezclando la vida de los hombres con reinos ocultos donde Pulcinellas y Arlequines pueblan pasadizos en silencio y precisan de autorizaciones especiales para poder hablar y contar la historia que se nos va a ofrecer partiendo del interior del Vesubio. Porque Tomasso, el guarda voluntario y altruista de Carditello, palacio bornónico del reino de Nápoles y dos Sicilias, pide ayuda para conseguir salvar al pequeño búfalo que ha encontrado perdido, Sarchiapone, que ha quedado atado para protegerle en las viejas estancias de palacio abandonado. Por eso Pulcinella es enviado a la Campania para encontrar y salvar a ese búfalo que representa la esencia de lo más atávico y consustancial de la vieja Italia, la Italia del pasado al rescate del presente cuando el guardés desaparece. Personaje de la comedia dell,arte y animal se comunicarán sin palabras o con ellas, formarán un conjunto desparejado en el que el contraste afina la elegancia y la composición de las imágenes. Si existió la Arcadia feliz, si las metamorfosis de Ovidio tuvieron lugar, si el poeta dedicó églogas a la vida en naturaleza, Marcello intenta, y consigue, trasladar a la Italia, y a la Europa de hoy, el espíritu de una vida en comunidad con la naturaleza que termina truncándose porque los trovadores de hoy en día ya no viven en viejas cavernas ni son eremitas ajenos al contacto humano, porque cuando el Pulcinella entregue al animal a un pastor, pensando que está ante uno de aquellos que conoció en el siglo XV-XVI el encanto se romperá, los poemas de D,Annunzio no serán escuchados por nadie y el bufalino dejará de comunicarse con los hombres para aceptar su destino como animal.

Fotograma de la película.
Fotograma de la película.

Y siendo tan original en concepción y temática, sus imágenes y su estilo, su ausencia de discurso expreso, su excelente tempo narrativo y su naturalismo, evoca a recientes propuestas del cine italiano como «Le quattro volte» de Frammartino o «El país de las maravillas» de Alice Rohrwacher, y se asocia, de manera seguramente involuntaria y casual, pero sorprendentemente coincidente con el episodio central de la última propuesta de Guerín en su viaje a Cerdeña para que los pastores canten y reciten sus poemas ante la cámara en «La academia de las musas». Del mismo modo que el «bufaloto» Sarchiapone podría recordar a la urraca de la pasoliniana «Uccellacci e uccellini» o al bresoniano «Balthassar», sin embargo el sentimiento trágico de la vida que se desprende de las reflexiones del búfalo en compañía del personaje literario, o después en solitario, mientras asume, comprende y acepta su destino, hacen más excepcional y singular el resultado y propuesta de Pietro Marcello. En la muerte del búfalo se recoge también la muerte de ese pastor y guardés que aparece al principio de la película, y cuya muerte real ha podido cambiar completamente el desarrollo de la película obligando a un giro imprevisto al inicio de su rodaje. Tomasso, en una región donde la Camorra es dueña y señora de vidas y haciendas, opta por conservar un edificio con la sola fuerza de su voluntad y mediante la invocación de preservar lo que de propio e italiano tiene ese castillo abandonado frente a un sistema mafioso que pretende usurpar el dominio y, mientras, enriquecerse con la venta de su contenido.

Fotograma de la película.
Fotograma de la película.

Búfalo y persona, sacrifican así, su existencia, para conseguir mantener viva una parte, aunque minúscula, de un patrimonio que se pierde. Bella y perdida puede ser la tradición, el propio país, la naturaleza de los hombres que habitan el campo sin cuidarlo y anhelantes solamente de aumentar el beneficio sea cuál sea el coste emocional que ello suponga. Esas imágenes del búfalo conducido al camión de transporte, reticente a subir y a abandonar el refugio del rebaño, rozando con su morro el de otros ejemplares, quizás menos inteligentes pero igualmente bellos y portadores de un símbolo del pasado de la región emociona por humanizar a la bestia al tiempo que despoja de sentimiento a los hombres que rodean al animal. «Bella e perduta» se canta en el coro «Va pensiero» de Nabucco de Verdi, otro símbolo de la Italia que ya no existe, un coro de esclavos que no piensa en liberarse porque desconoce su situación de esclavos contemporáneos.

Cartel de la película.
Cartel de la película.

Y es que el camino escogido por el director es todo menos inocente, improvisado o inconexo. Porque en ese relato naturalístico de un mundo terminal, subsiste la esperanza de los resistentes, la chispa primigenia que puede, en un momento determinado, hacer cambiar las cosas mediante la convicción general de que no podemos seguir convirtiendo la vida en tener y destruir. Si esos espíritus puros pueden comunicarse directamente con los animales, si luchan por salvar algo aparentemente tan poco valioso como la vida de una cría apelando al interior del monte Vesubio y retrocediendo en el paso del tiempo a cuando los dioses familiares eran los únicos realmente importantes, no por eso olvida Marcello cual es la realidad del país en el que vive, cómo el poder se ha desentendido de preservar el patrimonio, tanto el material como el inmaterial, cómo el poder político ha ido siendo sustituido por poderes innombrables, ponzoñosos, criminales, devastadores, poderes que desvalijan un palacio como desvalijan un país y su pasado, pero incluso en la vida de un pequeño búfalo hay, en ocasiones, momentos para demostrar que otro espíritu, ya ausente, el del guardés Tomasso, puede actuar desde esferas remotas para que el pueblo reaccione y se recupere ese castillo. En el camino dos seres entregan su vida por mantener una tradición, pero nunca se dijo que ir contra corriente fuera fácil.

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