Cartel de la película Tarde para la ira.España. 2016.

Título original: Tarde para la ira.

Director: Raúl Arévalo.

Guion:Raúl Arévalo, David Pulido.

Productores: Beatriz Bodegas, Sergio Díaz.

Productoras: La Canica Films / Televisión Española (TVE).

Fotografía: Arnau Valls Colomer.

Música: Lucio Godoy.

Montaje: Ángel Hernández Zoido.

Dirección artística: Serafín González.

Reparto: Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, Raúl Jiménez, Font García, Alicia Rubio.

Las grandes películas de hoy puede que sean olvidadas apenas unos meses más tarde. Incluso las que nos parecen decepcionantes ahora, dentro de unas décadas pueden haberse convertido en materia de culto si algún crítico consigue convencer a cierto grupo de opinión sobre las excelencias de una obra inadvertida. Tanta obra maestra semana tras semana resulta indigerible e impostado, más cuando existen intereses de grupos mediáticos tan evidentes como es en este caso, pero en “Tarde para la ira”, primera película del, hasta ahora, actor Raúl Arévalo, existe el ritmo, la intensidad y la historia suficiente como para, por lo menos, mantener la esperanza de haber encontrado una nueva promesa en el cine español. Si su trayectoria como actor no me parece especialmente reseñable, a excepción de la fantástica pareja formada con Javier Gutiérrez en “La isla mínima”, su debut como director si atesora ingredientes dignos de alguien que parece tener algo que contar y saber cómo hacerlo.

Las influencias temáticas, y hasta formales, de la película, parecen claras y recientes, su cine está más relacionado con el de Urbizu (“Todo por la pasta”, “La caja 507”, “La vida mancha”) y con el de Alberto Rodríguez (“Grupo 7” y “la isla mínima”) que con el de Peckimpack y sus “Perros de paja”; y afortunadamente muy alejado, y en las antípodas, del que hace el director que parece confiar más en el actor, como es Daniel Sánchez Arévalo. Todas las sociedades, todas las ciudades, todos los países, mantienen estratos sociales que no se comunican entre sí, grupos sin carnet que, como capas geológicas, marcan, no el paso del tiempo y las eras, sino las diferencias económicas insalvables que no permiten ascender en esa invisible escala social, pero en la que ninguna red impide que caigas hasta el más bajo de todos ellos. En “Tarde para la ira” acompañamos a la cámara en uno de esos inframundos que, a la mayoría, nos son desconocidos, esas zonas residuales urbanas en las que las fronteras no son físicas pero se perciben, donde el miedo se transforma en medio de defensa para evitar la presencia de curiosos o de gente ajena al clan. José (Antonio de la Torre) deambula entre dos mundos, uno de aparente comodidad económica que le sirve para refugiarse y esperar el nuevo día, y otro de inestabilidad, lleno de necesidades, pero que mantiene a sus integrantes en la cuerda floja que les puede precipitar hacia un escalón aún más inferior donde la necesidad se transforma directamente en hambre, un mundo en el que se coquetea con el delito y la trampa, la pequeña estafa y la picaresca, un mundo que no es el del personaje principal de la trama, pero si su objetivo, un mundo que es el de Curro (un fantástico Luis Callejo), un ser marginal, expresidiario, violento, sin capacidad para aceptar una negativa, y que en un pasado relativamente lejano, se cruzó en la vida de José. Dos mundos separados y obligados a no relacionarse, pero que la trama exige que interactúen, que se mezclen.

Fotograma de la película.
Fotograma de la película.

Es verdad que puede haber alguna exageración en la historia, alguna situación resuelta de manera aparentemente inverosímil, errores que podían haberse evitado pero a costa de reducir la tensión, limitar el exceso de subrayado en las miradas para adelantar lo que va a ocurrir, pero ello no lastra en demasía la película, que transita entre lo bueno y lo muy bueno la mayor parte del metraje. Cuando el espectador la disfrute entenderá que el título no me parece correcto, que no es la ira la que mueve al personaje de Antonio de la Torre sino la venganza unida a la ausencia de esperanza, una fijación que se sitúa cercana al desequilibrio mental y que se prolonga demasiado tiempo (el “tarde” del título, que se refiere tanto al momento como a la inutilidad de su decisión), entre la sociopatía selectiva y la depresión profunda, un papel escrito por y para el actor, a quien no hay que poner ningún pero, salvo el de la reiteración en personajes herméticos, violentos, derrotados. Se echa de menos la oportunidad de que alguien brinde a De la Torre otro tipo de papeles para evitar el encasillamiento, por eso me parecen más destacables las interpretaciones de Luis Callejo o de Ruth Díaz, elemento nuclear ésta de un triángulo basado en el engaño, o los cinco minutos geniales de Manolo Solo, que esa repetición constante de un arquetipo de personaje ya conocido no imputable al actor, sino a quien decide escogerle, y no es país éste para que los actores rechacen trabajos.

Raúl Arévalo.
Raúl Arévalo.

Formalmente la película contiene un acierto notable, revelar relativamente pronto la identidad del personaje de José antes de que la evidencia lastre el conjunto, y es una lástima que el riesgo formal del electrizante inicio de la película con la cámara subjetiva acompañando la huida de Curro no se mantenga después de las primeras apariciones de José dirigiéndose al bar que funciona como madriguera de un clan a descubrir, porque esos encuadres ayudarían mucho más a sentir la zozobra interior de los implicados que el plano fijo y medido de la cámara bien colocada y anclada en un trípode. Los comportamientos que el espectador debe ir desentrañando entre los verdaderos y los fingidos van creando una tela de araña de intereses que uno de los personajes cree controlar, desde su cobardía y debilidad natural de hombre corriente hasta uno de los desenlaces más brutales del reciente cine español. El espectador que no se deje atrapar por la imagen, muy poderosa, se hará preguntas sobre algunos porqués, pero ello no es obstáculo para encontrarnos ante una de las revelaciones más prometedoras del cine comercial español de los últimos años. Sólo falta la confirmación, seguro que el dinero apuesta por este director nuevamente, y ojalá sepa mantener el buen pulso de su primera película.

No hay comentarios