Castellio contra Calvino es la imprescindible biografía del escritor austriaco Stefan Zweig (1881-1942) sobre las dos figuras históricas que mejor han personificado los dos caracteres más antagónicos de la naturaleza humana; la tolerancia versus el fanatismo. Muchos siglos antes de que la teocracia islámica del llamado DAESH cometiera el crimen de lesa humanidad de atentar contra la memoria estética de la humanidad, saqueando la histórica ciudad de Palmira, en el corazón de Europa, en la embocadura del río Ródano, el cristianismo, en su versión reformada, conoció su particular despotismo religioso

El reformador religioso Juan Calvino (1509-1564) estableció en la ciudad de Ginebra su particular versión del reino de Dios en la tierra, instaurando un regímen de terror religioso que ahogaba cualquier atisbo de disidencia religiosa y que imponía un rigorismo moral, hasta ese momento desconocido, a los habitantes de esa pequeña y floreciente república helvética. Entonces, como ahora, no faltaban quienes justificaban el celo inquistorial en la bondad de los fines perseguidos (la uniformidad religiosa) . Calvino , como todos los grandes intolerantes de la historia, no admitía la discrepancia. Su infinita soberbia, del que se cree en la posesión exclusiva de la verdad, le impedía debatir racionalmente (si eso es posible en cuestiones de “Fe”) con Miguel Servet. Otro exaltado religioso que se atrevió a cuestionar la lógica racional del dogma de la Trinidad. Calvino, en vez de rebatir racionalmente los supuestamente errados desvaríos de Servet, se dedicó a la innoble tarea de la descalificación ad hominem y no a la de convencer de que sus argumentos eran los más acertados. Al final la historia del bueno de Servet acabó como acabó, de la única manera que conocen los intolerantes para dirimir sus controversias: con la hoguera. Afortunadamente hoy en dia la tolerancia es un valor generalmente poco cuestionado, y sin embargo se da la curiosa paradoja de que vivimos instalados en el culto del consenso y en la descalificación de la discrepancia.

Esta es una práctica muy generalizada en los partidos políticos, caracterizados por la llamada selección negativa. Sólo los más obedientes, los más “pelotas” , los más lisonjeros y los menos díscolos tienen posibilidad de “medrar” en las organizaciones de cuadros en que se han convertido las organizaciones políticas. Es por ello, que deberíamos felicitarnos, de que haya un partido político, Podemos, que afirme que no sigue la corriente dominante y que en su seno se presentan los más enconados debates ideológicos. La realidad es que los “debates” en Podemos hace tiempo que dejaron de ser ideológicos. Precisamente el conflicto surge porque algunos militantes entienden que hace tiempo que en dicho partido no se debate sobre “ideología” y sólo se hace sobre “cratología”, puro deseo de conquistar poder dentro de la organización.

En el caso del debate entre Castellio y Calvino, lo importante no era tanto debatir sobre la "trinidad" o el "misterio eucarístico", como por el hecho de que mientras uno (Calvino) consideraba la controversía y el debate herejía, el otro (Castellio) la consideraba indispensable en una Iglesia digna de tal nombre. No sé quien es Calvino y quien es Castellio en Podemos (¿ Pablo Iglesias?, ¿Iñigo Errejón?). Uno (Iglesias) es “intolerante” en lo que a la organización se refiere, prefiere un partido unido a la manera militar leninista, el otro (Errejón) parece “fanatizado” por su credo laclausita y su obsesión por la transversalidad y los significantes flotantes. Los terceros en discordia, Los “anti-capi” quieren teñir de “color rojo” los significantes vacíos de las revoluciones semióticas de la nueva izquierda populista.

De lo que no me cabe la menor duda es de que la mayoría de los problemas y disensiones dentro de Podemos tienen poco que ver con cuestiones ideológicas (mala cosa) y mucho más que ver con la triste realidad de que Podemos es la única “empresa” que crea empleo de “calidad” en España.. Demasiado “nuevo politico” transformado por la “vieja política”. Si lo más igualitario es la muerte, lo más transversal es la poltrona, esa que “seduce” tanto por la derecha, como por la izquierda del espectro político.

No sé quien acabará en la particular la “hoguera” de las vanidades de Podemos tras la celebración de Vistalegre II, lo que si me temo es que algunos engrosarán la plantilla de la otra “gran empresa” del país: el paro..........quienes sean, es algo que sólo l@s inscrit@s decidirán y así debe ser...........

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