Ahora que están tan de moda las consultas a los ciudadanos, yo, hereje que quiere blasfemar contra los sucesores de dios en nuestro mundo, una vez permitidas todas las opiniones, creo que quizá la única heterodoxia que nos queda sea decir sin más la verdad, por eso propongo al Gobierno municipal que nos pregunte qué preferimos:

  • Que los políticos nos mientan, manteniendo así el crédito electoral
  • Que los políticos nos cuenten la verdad, aunque les suponga un coste electoral

Sí, hablo del cuento de las mil y una noches que soterraba las vías del tren a su paso por Valladolid. Hablo de todas esas voces que en 20 años no han hecho nada, estando en su mano, o sea, del PP;   de esas otras voces, como la de la Cámara de Comercio y la CVE, que ahora se levantan poniendo el grito en el cielo, pero que hicieron “mutis” cuando el tajo privado del ladrillo satisfacía sus propios intereses. Hablo de esos otros políticos profesionales a quienes no les importa más la ciudad y sus vecinos que su horizonte electoral. La demagogia siempre les fue bien

Supongo que a nadie se le oculta que, bajo este régimen de “desarrollo avanzado” que soportamos, el procedimiento general para no vivir es justamente éste de vivir en futuro, de estar yendo al futuro siempre. Si se paran un poco a pensar, esa idea de futuro es una idea profundamente paradójica, pues hablar de futuro, supone, sin más, tomar por real y tratar como si ya estuviera hecho lo que, por definición, no está hecho todavía.

Por eso la fe en el futuro ha sido absolutamente esencial para el régimen, para los aparatos del poder. Sin la promesa de un bienestar futuro ningún estado, ningún gobierno, ninguna empresa (en definitiva ni el Estado ni el Capital) se aguantarían en pie. Parece que esa fe en el futuro también es necesaria para cada uno de nosotros, porque sin esa fe sería muy difícil que alguien sea capaz de aguantar dócilmente toda la mierda y la idiotez que nos rodea.

Ni a los gobiernos de León de la Riva y Herrera, ni al Ministerio de Fomento les hace falta que los planes se cumplan, ni que el ideal se haga realidad alguna vez; les basta con que la masa de individuos, o sea nosotros, siga creyendo que allá arriba hay alguien que sabe dónde vamos, para seguir creyendo que vamos a alguna parte. Porque los planes de futuro como el soterramiento de las vías en Valladolid no están para quedar cumplidos algún día, sino para estar cumpliéndose eternamente, sin hacer nada. Es como la fe de los creyentes católicos, fe en que la verdadera vida nos espera en el futuro, en la muerte, que es la verdadera cara de todos los futuros.

El primer efecto de esa imposición de futuros que ha sido el soterramiento, de esa actitud de dar por hecho lo que aún está por hacerse, es la creación de un tiempo vacio. Un trecho de tiempo muerto, vacio, en que no pasará nada, en el que no ha pasado nada, salvo la publicidad electoral. Es lo que decía Saramago: ese es el truco esencial del poder: cambiarnos la vida por la realización de futuros, por tiempo vacio. Se trata ahora de saber si preferimos seguir creyendo en el vacío y prorrogar el sueño del soterramiento, para gloria de los manipuladores responsables del fiasco.

Dicen que el actual Gobierno municipal se ha rendido. Y con ese criterio muchos le hacen responsable de que el sueño de aquella noche de verano no se vaya a cumplir, sólo por haber tenido la decencia y honestidad de poner boca arriba las cartas de la mesa. No es la actual corporación quien ha dado “el carpetazo”. Todo lo contrario, han sido los únicos que han intentado, que han “trabajado” por resucitar al muerto. Otros preguntaríamos al Ministerio de Fomento y sus secuaces ( Adif, Adif AV, RENFE), al Presidente de la Junta y sus secuaces ( Consejería de Fomento y Dirección General de Urbanismo) al ex Presidente de Valladolid Alta Velocidad y ex alcalde y sus secuaces ( Ex concejales de hacienda y urbanismo, y asesor áurico incluido) desde cuando saben que se rompió el cántaro de la integración soterrada del ferrocarril en Valladolid, que debiera de haber concluido este año, según el propio cuento de la lechera que nos vendieron. ¿Desde 2008?, y ¿por qué nunca nos lo contaron?, y sobre todo ¿por qué nunca hicieron nada?. ¿Por qué han seguido mintiéndonos todos? ¿Lo hacían por nuestro bien? No hay que ser un lince para conocer la respuesta.

¿Por qué los vecinos de esta ciudad no tienen derecho a escuchar las explicaciones de Herrera y de La Serna, responsables del 75% de la indigestión ferroviaria? ¿Por qué no salen a la palestra con luz y taquígrafos? ¿Que tiene el Gobierno vasco y el PNV, que no tenga el Gobierno de Herrera y el PP? ¿En qué parte del mundo se financian las infraestructuras ferroviarias con la especulación del suelo? ¿Por qué ADIF tiene una deuda de 18.000 millones de euros? ¿Por qué entra la Guardia Civil en las cojo oficinas de Adif? ¿Por qué le salpica la mierda de la corrupción hasta el tuétano? ¿Por qué la gestión ferroviaria en España es el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer?

Zaragoza, Valencia, Logroño, Gijón, Barcelona (para levantar la estación de la Sagreda), Cartagena, Murcia, Alicante, Palencia, Valladolid…. Sociedades Alta Velocidad. Todas metidas a promotores especuladores. Todas al garete por la profunda erosión de sus bases fundamentales: el mercado inmobiliario sigue un proceso de deflación y eliminación de stocks sin que se aprecien señales de reanimación y en un contexto en el que la política de la Unión Europea sobre consolidación fiscal reduce el margen de maniobra de los presupuestos públicos, y especialmente de los locales.

Miénteme, y dime que me quieres

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