“Cuando hayáis atravesado el Jordán y penetrado en el país de Canaán, exterminad a todos los habitantes de ese país, destruid los monumentos levantados en honor de las falsas divinidades, derribad sus estatuas y echad abajo sus lugares sagrados para purificar la tierra y para que podáis habitarla, porque os la he dado para que la poseáis...Si no queréis matar a todos los habitantes de ese país, los que queden serán como clavos en vuestros ojos, como lanzas en vuestros costados y os atacarán en ese país que debéis habitar. Y yo os haré a vosotros todo el mal que había resuelto hacerles a ellos, para castigaros por haberles perdonado la vida.".

                                     Así habló Jehová a Moisés.

(Números,capítulo XXXIII,v. 50 al 56.)”

Y en el Aniversario de la matanza de Deir Yassin, permiso para transcribir un párrafo del libro “A Cielo Abierto” que escribí en su memoria.

… a eso de las doce de la mañana, llegaron los soldados del Palmach. Les vimos rastrear las calles en grupos de cinco o seis hombres. Iban de casa en casa lanzando granadas antes de entrar. No avisaban. Dinamitaban. Disparaban contra todo lo que se movía. Cada cuarto de hora, volaban una vivienda sin molestarse en comprobar si quedaba alguien dentro. Oíamos los estallidos cerca, cada vez más cerca. Luego, frente a la mezquita, desaloja ron una casa y, a golpe de culatazos, hicieron salir a sus ocupantes. Los soldados gritaban: ¡por ti, Yiftah! y luego uno de ellos armado con una Bren, disparó y disparó hasta que no quedó un solo cuerpo en pie. Murieron nueve personas entre ellas, una mujer y un niño. Yo nunca supe lo que significaban aquellas muertes. Sólo algunos años después, cuando las soñaba, recuperé fragmentos de su historia: cien mil nombres susurrantes de cosas diferentes, la suavidad de la harina, el olor de la leche, los cuentos de los Yinn y las canciones de cuna. La energía de unos brazos cargados de leña. Y el tiempo: cincuenta, treinta, veinte años de vida. Y la sal, las aceitunas, el queso, las hojas de parra. Pero entonces, ya te digo,  no sabía.

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