No pisoteemos la fiesta del deporte. Un acontecimiento social marcado por la competitividad de unos y otros que se alarga fuera del espacio permitido. Aguafiestas en días de celebración que se escudan en ideologías que no logran comprender y que las modifican en su cabeza para agitarlas y que pueda campar a sus anchas haciendo actos delictivos o hechos vergonzosos. "Solo es fútbol" dirán algunos, "deporte y política van ligados de la mano en aficionados" dirán otros, pero traspasar unos límites legales para, bajo la fiesta noble del deporte, cometer barbaries de pésima ética, sea provocación o no, me parece que hay mucho que avanzar y educar.

Pasó con el aficionado bético que, escondido bajo una ideología nazi y los colores blanco y verde del Betis, protagonizaba una escena violenta amedrentando y golpeando en plena terraza a un seguidor del Athletic de Bilbao que tranquilamente disfrutaba de su consumición. A grito de "Gabilondo" y "proetarra" asestaba un severo manotazo que solo tenía una explicación en su cabeza: él piensa diferente, se lo merece. Con ello no solo deja entrever sus carencias ideológicas, al ser un reconocido ultra y cometer ya varios actos de este tipo que la justicia insiste en taparse los ojos y no condenarlo, sino que mancha a un deporte y una afición como la bética que debe ser visto desde el respeto y la confraternidad; y no soltando mamporros sin sentido.

Lamentablemente, el agresor no fue denunciado y seguirá en libertad defendido por una justicia que cada día que pasa se va quedando en cueros. Una justicia que defiende a la derecha, aunque sea extremo, y condena a la izquierda por propaganda o chistes malos. El "angelito" bético puede airear sus ideales de extrema derecha por la calle, con agresiones, insultos y quién sabe qué más sin ser catalogado como un peligro público, pero una tuitera no puede mofarse de un dictador muerto hace ya 40 años sin que la justicia le llame la atención. ¿quién es más peligroso para la sociedad de ambos?

La puntilla la pusieron en Italia con el encuentro entre Roma y Lazio. Estos últimos, de una ideología de ultra derecha por parte de sus aficionados buscaron provocar a su eterno rival, una enemistad ideológica que supera la rivalidad futbolística. Con ello, tres muñecos vestidos con la indumentaria de la Roma aparecieron colgados (o mejor dicho, ahorcados) en un puente de la ciudad, en un acto que enaltece la violencia y no ayuda a que ese duelo clásico de la liga italiana se viva en un ambiente más cordial. Una barbarie que se repite en el deporte, y parece que ni la sociedad ni la justicia son capaces de poner límites o, por lo menos, hasta que algo grave suceda. Si es que ya ha sucedido.

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