Trama eólica, Sicilia y León.

Culitos apretados, en formación coral, dispuestos a cantar. Ventilador en marcha, y 80 millones de razones para pagar una comisión al mejor postor y que no corra el aire. Decenas de imputados, camarilla de cuatro venida a menos, los tres pies del gato, el con un par y un solo banquillo a repartir. Culitos apretados , gargantas dispuestas a cantar, como eco en cueva de almorranas.

Desafinado orfeón de la nalga suelta y bolsillo agradecido. Desfile de presuntos, clan dominguero de morosos de pinar, intentando entonar el pedo de su vida para que huela mejor. Rezos de final de espaldas con mochilas de años de más y explicaciones de menos. Suenan a excusa de estercolero, huelen a la misma canción de alcantarilla. Tonto el que no pilla.

Los molinos sí eran gigantes. Los grandes hombres, pequeños frascos de esencia de clan. El veneno, como siempre, el dinero. Y todos sus nombres, con el dios Eolo empresarial por bandera, marcados a fuego en el armazón de un sumario judicial para que no se lo lleve el viento.

El papel higiénico que le falta a la rondalla de culitos apretados es partitura con remite suizo. Avocar a los santos juntando las manos quemadas para que no se desplome ni el chiringuito ni el pañal cargado. Los plomos se han fundido, pero está en marcha el contador.

Todos contra el metrónomo. Porque uno no vio, el otro no escuchó y nadie dijo. Todos saben que los tunantes culitos apretados reparten bote después de tocar moral, cartera y pandereta. Cosas de país, Sancho: los gigantes son enanos cuando sus posaderas tocan madera de banquillo. Y para esto no hay pomada. A nadie le gustan los trajes a rayas.

Lo que el viento está por llevarse, es menos que lo que está por traer. Si no le preguntan al hombre del tiempo será por que no quieran...

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