Llevo días pensando en si darla o no darla. Y hoy – que llueve a mares – he pensado ¿Por qué no? Y aquí me tienen. Pero, antes de nada y para que conste y no me lapiden decir que soy de las que creen que el amor - sea de quien sea, venga de donde venga - es sagrado y defiendo –he defendido siempre con armas y bagajes - que el cuerpo es para quien se lo trabaja y que yo, o por lo mismo cualquiera, puede hacer con él lo que le venga en gana menos daño a los demás.

Dicho esto: me siento un poco atufá con el circo que durante 10 día se ha montado alrededor del Orgullo. Diez días señoras y señores en los que no se ha hablado de otra cosa ni por supuesto de otros colectivos – gays o no gays - victimizados, consumidos, masacrados todos los días en todo el mundo mundial ¿Qué pasa? acaso los supervivientes de las guerras por Occidente causadas y que llegan –o no llegan – a nuestras costas son indignos de ese dinero público que tan alegremente se ha gastado en pelucones y faralaes? – Ah, ya entiendo, puestos a gastar, hay que buscar reditos y este circo (con Carmena incluida bailando la conga ¡por dios bendito!) cubre ampliamente los gastos. Vale, pero desde luego, eso es una cosa y los DD.HH otra. Que no sé yo que tendrá que ver el Orgullo de sentirse maricón, lesbiana, trans o lo que sea con el carnaval que se ha montado estos días. Ni le veo la gracia en celebrar misoginias varias solapadas tras el derecho que tiene cualquiera de adornar con volantes su personal trasero. Y es que lo siento, lo siento bastante, pero creo ya es hora de decirlo de una vez: Entre tanta pluma hay también mucho machismo, una misoginia enorme, mucho desprecio a las féminas por parte de algunos grupos de memos que, además, resultan ser gays pero que, si no lo fueran, seguirían siendo igual de memos. Y, para colmo hay también un evidente mariconeo de clase… Exquisitos artistas de la pista, profesionales de lujo y del savoir vivre que ningunean - soy testigo - a otros colectivos que no son o no pueden ser tan modernos ni tan guapos como ellos si tenemos en cuenta que ni son todos los que están, ni están todos los que son ya que, imagino, este turisteo del arco iris no ha llegado a Madrid gracias a una beca ¿o sí?. Lo sé, haberlos, haylos, pero tampoco son tantos los que tengan para pagarse los gastos: el viajecito, los disfraces y los días de vacaciones que habrán tenido que pedir (o no) en sus correspondientes trabajos. Pero, y no quiero ser ceniza, me rechina la falta de solidaridad – ahora que ellos podrían un poco más – que muestran con otros colectivos. Su falta de conciencia política. Que algunos hayan podido salir del armario no quiere decir que tengan derecho a meter a los demás en él. Me refiero, concretamente, al colectivo de sionistas de braguero ¡tan buenos chicos! Que han sido aceptados por sus colegas y no dudan en venir a celebrar aquí mientras su país, un Israel genocida, mantiene a la población palestina en jaulas, trampas mortales en Gaza o en Hebron sin luz y sin agua. Asi que no me parece justo: Ni con Orgullo ni sin Orgullo podemos dar la bienvenida a según qué delegaciones. Porque ¿Qué pasa con el Boycot? ¿Acaso por ser maricones esos tipos están exentos de ir al Ejercito? Y si no es así ¿por qué van a estar exentos del Boycot? Y para seguir con otro colectivo ¿Qué me dicen de las mujeres maltratadas? ¿y de los que buscan a sus seres queridos en las cunetas? No hubiera estado bien en aprovechar los fastos para visibilizarlos no más fuera como delegaciones invitadas? Oh no, dirán algunos, aquí estamos hablando de otra cosa. ¡Por favor! Como si TODO no estuviera siempre relacionado con TODO. Como si la JUSTICIA pudiera hacer un receso en el proceso. En fin. Creía que la alegría no estaba reñida con la responsabilidad pero ya veo, que una vez más, estaba equivocada.

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