Hace cinco años y pico dejé Valladolid para buscar un futuro laboral digno. A pesar de que he tenido suerte y mi país de acogida, Uruguay, me ha tratado muy bien el deseo de retornar es omnipresente: es duro estar lejos de tu familia, de tus amigos y de tu ciudad.

Así que he seguido con interés la loable iniciativa del Ayuntamiento (y en particular de Sí Se Puede, VTLP y PSOE) para facilitar el retorno mediante un programa específico de ayudas. En diciembre, aprovechando eso tan navideño de volver a casa por Navidad, asistí a un acto organizado por el Consistorio y ahora, con la publicación oficial del bautizado "Plan de Retorno del Talento", lo he analizado con cuidado -al igual que han hecho decenas de personas y varias asociaciones- ya que, como se han jactado diversos exponentes municipales, es "el primero de estas características creado desde una administración local en España" y a mayor abundamiento, un programa "proactivo" que busca "la alianza de empresas y organizaciones sociales" (en palabras del concejal de Hacienda).

La conclusión es de decepción absoluta y quiero dejar claro que esta no es una opinión personal, sino una expresión recurrente en foros de emigrantes y páginas relacionadas con Marea Granate (la organización más importante de "nuevos" migrantes y que, incidentalmente, no ha sido consultada en ningún momento del proceso, lo cual ya dice bastante de cómo se ha enfocado el mismo).

Digamoslo claramente: que un "ayuntamiento de cambio", regido por partidos progresistas y con el apoyo de nuevas formaciones como VSSP aprueben un plan que dedica el 80% de su dotación económica a subvencionar directamente a los integrantes de la Confederación Vallisoletana de Empresarios mediante la bonificación de los costes laborales de las empresas contratantes durante dos años es un absoluto despropósito. Si a eso sumamos que, además, no se les exige nada a cambio (como, por ejemplo, una apuesta por el contrato indefinido y así poder combatir la precariedad) ya poco queda por comentar.
Pero lo más grave, en mi opinión y en la de mucha otra gente, viene con la segunda línea del Plan. Esta establece la subvención de con hasta cien mil euros de los "costes de puesta en marcha de un proyecto empresarial" para el retorno "del talento" y este enunciado transforma el despropósito en una derrota política al convertir una posible herramienta de política pública en la aceptación de un paradigma neoliberal propio de la derecha más dura.
Y les explico por qué:

Un fantasma recorre Europa (que diría un señor que, de leer el susodicho Plan, correría a gorrazos a sus redactores por todo el Paseo Zorrilla). Es el fantasma del "emprendedurismo", ese recurso que ha venido tan bien durante estos años de crisis para precarizar las condiciones laborales y vender una premisa realmente perversa: quien está desempleado, quien no trabaja o quien emigra es por que quiere. El emprendedurismo, y por extensión este Plan de Subvención Pública al Empresariado Local (que es de lo que realmente se trata) convierte el derecho al retorno -el derecho inalienable a volver a nuestra ciudad, a nuestro barrio, a nuestra casa- en un privilegio reservado a quienes "aporten talento", esto es, a quienes se incorporen a la actividad económica montando un negocio. O sea a ser autónomo de los de toda la vida, para que nos entendamos. Supongo que si, además, quien retorna crea una app la felicidad de nuestras instituciones públicas será ya absolutamente completa: ¡jóvenes retornados emprendedores tecnológicamente avezados! ¡Vaya fotos buenonas que nos podremos hacer con ellos en los medios locales!. De los que somos mayores, de quienes tienen saberes que no han pasado necesariamente por la educación superior o de quienes no pensamos que la solución sea volver para alimentar el ciclo de precariedad, mejor no hablemos.

El ayuntamiento, en resumen, ha desperdiciado una excelente oportunidad para hacer política de verdad, entendiendo esta como el uso de una herramienta para cambiar la realidad desafiando el discurso hegemónico.  Y si se quería hacer algo al respecto -que es lógico, loable y aplaudible-  se tendría que haber hecho seriamente, consultando al colectivo afectado, más allá de grupos de amigos bienintencionados con ganas de "emprender". Porque opciones hay y mucho más eficaces que regalar el dinero de nuestros impuestos a un empresariado que ha demostrado por activa y por pasiva ser incapaz de asumir sus responsabilidades sociales, al menos en nuestro país.

De buenas intenciones está empedrado el camino al infierno: pocas veces como en el caso del Plan de Retorno de Talento ha estado tan justificado el refrán. Una lástima, porque volveremos, pero no así.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

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