Un video. Uno más:

Un grupo de squatters sionistas bailando y cantando alrededor de la casa de Abu Rajab en Hebron . Acompañados por soldados bien armados, estos barbaros enloquecidos habían conseguido arrojarle - a él y a toda su familia- a la puta calle (sin enseres por supuesto) pues los colonos israelíes que venían a ocuparla la necesitaban bien equipada. Hasta aquí, lo que en periodismo se consideraría un “típico suceso local” que puede desde luego no llamar nuestra atención - ¡estamos tan ocupados con nuestras propias miserias! - si se tratase de un caso aislado o excepcional con el impacto de una riada o, quizá también de un incendio allende nuestras fronteras ¡Cosas de la Naturaleza, hermano! Sólo que no es así. Para nada es así.

Cuando hice periodismo existía un antiguo criterio para la división de las noticias. Internacional era lo que ocurría lejos o, en cualquier caso, fuera de nuestras fronteras (ay, ¡que gracia). Y Nacional o Local (esta última distinción fue siempre una cuestión de importancia y de apreciación subjetiva de los periodistas y del público) lo que ocurría cerca o dentro de nuestras fronteras.

Ni que decir tiene que los criterios para la definición de “noticia internacional siempre fueron confusos y relativamente arbitrarios. ¿Son “internacionales” los problemas que causan la impunidad asesina y manifiesta de Israel cuando no respeta las Convenciones de Ginebra y/o ni una sola de las Resoluciones de la ONU que le afectan? ¿Son o no son asuntos suficientemente internacionales las muertes, abusos, detenciones de niños y menores con o sin ayuda de perros de presa entrenados exclusivamente para acciones de ese tipo?

Por la reacción de “nuestros” periódicos y televisiones una no sabría qué decir. Aquí no se publican esa clase de noticias porque siguen perteneciendo, dicen, al ámbito de los hechos locales, excepción sea hecha de alguna alusión en los titulares de los telediarios (Mezquita Al-Aqsa) o en los de las primeras páginas.

No, una no sabría qué decir, pero - por estas que son cruces - sabe perfectamente QUÉ pensar.

Los criterios sobre lo que nosotros, privilegiados ocupantess de la balsa de la Medusa (conocida también como Piel de Toro) consideramos noticias “locales” o “internacionales” cambian y seguirán cambiando hasta llegar – ya hemos llegado – a hacer de nuestros periódicos un casting (palabra de Furio Colombo) de noticias, de la misma manera que un realizador hace un casting o selección de autores guiándose por afinidad personal, parecido, instinto, efecto… es decir, nada que ver con la importancia de la noticia en sí misma o la necesidad de información.

Podría decirse, sin exagerar un pelo, que a un mundo de mierda, le corresponde una información ídem al estilo por ejemplo de la de la CNN, ese engendro, que con sus propias noticias nutre toda la información del mundo hasta tal punto, que se considera que un hecho no se ha producido si – como Palestina - no está en su lista de noticias). Una información cada vez más condicionada por el autocentrismo cultural, el poder económico, las fronteras, la supuesta identidad, las exclusividades varias. En una palabra, la sin-vergüenza.

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