La primera sensación que transmiten las imágenes es la de la posibilidad de asistir a una gran película. Tres historias, troceadas, hipermontadas, manipuladas a antojo del creador. Tiene que mantener una leyenda como tal y un status en el nuevo Olimpo, no puede caer en los esquemas clásicos del cine bélico porque ha de superar a Kubrick, Peckimpack, Kurosawa y Spielberg a la vez, así que, juguemos con el tiempo sin que se note y cuando ya no lo pueda seguir disfrazando, el espectador es posible que no se de cuenta, o no se irrite, hipnotizado por las imágenes; el medio es el mensaje y el mensaje hay que minimizarlo. Tres personajes representan tres facetas de la vida de un hombre en situación límite, lo normal es que uno trate de escapar de la muerte como sea y ante quien sea, excepcionalmente alguno decidirá exponer su propia vida cuando nadie se lo pida para salvar la de otros, y también en medio de la batalla alguno primará su deber sobre su seguridad. El soldado, el marino y el aviador representan estas facetas del ser humano. Que el ser humano es miserable por naturaleza, salvo excepciones, no va a ser Nolan quien nos lo descubra, si eso es uno de los valores a destacar de la película muy mal vamos (de hecho vamos muy mal en general), si un mensaje tan simple sirve para captar la atención no me extraña el resultado en taquilla de este bombardeo de imágenes carente de alma, una película tan asmática que a mitad de vuelo se queda sin gasolina aunque su director se empeñe en hacernos volar sin motor.

Título: Dunkerque.

Dirección: Christopher Nolan.

País: Francia, Reino Unido, Estados Unidos.

Año: 2017.

Duración: 107 min.

Reparto: Cillian Murphy,Kenneth Branagh, Mark Rylance, Tom Hardy, Harry Styles.

Productora: Studio Babelsberg, Syncopy, Marc Platt Productions, Cross Creek Pictures, RatPac-Dune Entertainment.

Casting: John Papsidera.

Director de fotografía: Hoyte Van Hoytema.

Diseño de producción: Nathan Crowley.

Diseño de vestuario: Jeffrey Kurland.

Guionista: Christopher Nolan.

Montador: Lee Smith.

Música: Hans Zimmer.

Producción: Christopher Nolan, Emma Thomas.

Supervisor del montaje de sonido: Richard King.

Dunkerque es un lugar de la historia que Nolan no ha querido explorar, por no querer, no ha querido ni contarnos el país en el que se suceden esos largos días de espera mirando el horizonte y el cielo. Un horizonte como una promesa de salvación y un cielo como vaticinio de muerte. Nolan omite cualquier contextualización histórica en su narración. Siendo bien pensados creerá que el espectador sabe lo que fue Dunkerque, lo que significó, lo que vino después; siendo mal pensados, y yo lo soy, no creo en las omisiones neutras, y en el fondo no hay mejor forma de falsear la Historia que negar su existencia ocultándola. Si esta película no llevara desde el verano de 2016 siendo vendida como la mejor película de la historia del cine bélico, si su marketing no hubiera sido tan obsceno como para que, incluso la crítica, levantara expectativas sobre un producto que no se había visto en ningún lugar, es posible que este enfrentamiento entre detractores y entusiastas de la película no hubiera existido. Probablemente asistimos a otro de esos claros ejemplos de falsas polémicas alrededor de productos cuya resistencia será tan longeva como lo que la taquilla permita rentabilizarla. Todos los años algún título, casualmente siempre norteamericano, genera una relación amor-odio similar, ya pasó con las últimas dos películas de Iñárritu, por ejemplo, y volverá a pasar si seguimos valorando el cine por sus nombres y no por sus aciertos o fracasos.

«Dunkerque» tiene aciertos, y negarlos sería hasta ridículo en aras a intentar convencer de que se trata de una película donde el resultado final bordea el naufragio en su insustancialidad, en su mortecino deambular hacia la traca final sin impedir el bostezo. El primer grave error de planteamiento es que Nolan no es fiel ni a su propuesta, y faltando a la verdad que él presenta de inicio demuestra que no está dispuesto a que su criatura se desarrolle por si misma, sino que, encorsetada por un guión y un montaje férreo, lo que a poco de comenzar se quiere hacer ver como un triple relato en tiempos distintos orientado a confluir en esa playa, desorienta al espectador cuando una de las tres historias es acelerada a conveniencia transformando el rótulo inicial «la playa:una semana», en apenas dos días. Esa sería una de las interpretaciones, la otra podría ser que ese soldado desesperado por encontrar una manera de salir anticipadamente del lugar sin respetar orden, regimiento o nacionalidad, cuando se incorpora al lugar se encuentra con compañeros que llevan ya una semana esperando. También en este caso Nolan engañaría al espectador, pues ese soldado pasa al menos dos noches en ese espacio mientras se nos ha hecho pensar algo diferente, aquí la película me enerva y empiezo a no tomármela en serio, enfadado por un engaño mezquino innecesario. Nolan ha de saber que su guión es apenas un boceto, un bosquejo sin armazón argumental, y ha de disfrazar su simpleza a base de crear angustia en el espectador. Tan esquemática es la historia que prefiere no contar (o al menos informar) cómo es posible que los alemanes no masacraran a los huidos, una omisión del mismo calibre como ni tan siquiera molestarse en señalar a qué país pertenece la famosa playa. Hay razones apuntadas por los historiadores que explican porqué no se bombardeó hasta la extenuación esa playa, no hay que contarlas porque la película no lo hace, creída de su fortaleza visual para llenar sus huecos con opulentas concentraciones de masas o repetidos hundimientos de barcos, pero cualquier espectador al que se le hubiera ofrecido un contexto histórico, o al que lo tenga por si mismo, le asaltará esa pregunta después de ver a las tropas alemanas en las calles de la ciudad que desemboca en la playa y, sin embargo, no bombardear al vencido sin casi oposición siendo el ejército en ese momento más poderoso y temible (posiblemente es que la historia no fue así de sencilla ni monocorde, pero podría estropear el mensaje final).

Prefiere el director hacer categoría a partir de tres historias particulares, y ya sabemos que hacer lo particular categoría lleva a una conclusión falsa. Dedica más tiempo a la parte que no puede aportar crescendo de ningún tipo porque no cabe evolución de personajes en un relato que dura apenas unas horas concentradas en medio de una inminente masacre, la sucesión de salvamentos y hundimientos que sufre el soldado huido recuerdan a la inmortalidad del personaje de Di Caprio en aquella grandilocuente y zafia película de Iñárritu; por su parte, la historia aérea, que permite el lucimiento espectacular de rodar escenas de combate aéreo (todo lo bien hechas que quieran, pero de nulo interés para la acción y resueltas con una sencillez asombrosa por el bando que sufrió el doble de bajas de aviación en esa batalla que el contrario) se eterniza en la repetición, en la creencia de que el relato progresa podría creerse que los combates aéreos son innumerables, hasta que cae en la cuenta de que Nolan juega con uno repitiendo el mismo suceso de manera confusa varias veces hasta el hastío, o hasta el ridículo de percibir en alguna escena que el último derribo se hace con el motor parado. Y Nolan desperdicia la historia que permitía dibujar unos personajes de verdad, la del marino que prefiere surcar el canal de la Mancha por su cuenta sin entregar su barco a la armada en busca de cuantos soldados pueda hacer regresar a su país. Ese barco patroneado por Mark Rylance contiene los personajes más creíbles y, al tiempo, más desaprovechados, de toda la película, personajes con un pasado reciente y un pasado lejano que justifica su acción, otros con un futuro comprometido, o incluso cercenado, y que abrían la puerta a un torrente de sentimientos que el director cauteriza con la brocha gorda del suspense innecesario. Al final empatizamos más con el único civil que sale en la historia que con los soldados cuya vida pende de un hilo, parece que este cambio de enfoque no puede sino suponer una clara derrota en el propósito heroico militar del relato.

Fotograma de Dunkerque.
Fotograma de Dunkerque.

No se trata de que lo que uno ve en «Dunkerque» no sea la película que espera, se trata de que si a «Dunkerque» se le despoja del efectismo grandilocuente de unas imágenes hechas para ocultar su endeblez en la espectacularidad no queda apenas nada que contar. Tan aturdido queda uno con el uso de la banda sonora, una música acertada de Hans Zimmer que pierde su sentido cuando invade machaconamente todo, se sobrepone a las imágenes, las deglute para hacerse la dueña de la pantalla martilleando sin sentido al espectador y ahogando los verdaderos ruidos de la guerra, esos que una superproducción debe limitar para no herir las susceptibilidades de los tiempos de la posverdad; una banda sonora hecha para aturdir y no para acompañar, que a fuerza de invadir sentidos anula todos, incluido el de la vista para expulsar a este espectador de un relato que entra en un bucle infinito resuelto como si de la conclusión de una regata de vela se tratara siguiendo a un pequeño grupo de barcos (ridículo el número de barcos y sus dimensiones que rescatan a 300.000 soldados) que llegan a Dunkerque en medio de la algarabía de unos espectadores que parecerían celebrar una medalla olímpica. El tiempo que mezquinamente manipula el director le permite hurtar esa huida final, tanto tiempo para irse y tan poco para llegar, y todo por una razón muy simple, porque no queremos ser veraces, sino vender como un espectáculo pirotécnico lo que fue una debacle que causó decenas de miles de muertos, pero siguiendo con su maquillaje, hasta los muertos de Nolan gozan de buena salud, tras bombardearse la playa, los cadáveres permanecen intactos, enteros, sin restos de vísceras, ni la arena teñida de rojo. Ningún cadáver sangra en sus 105 minutos, ningún francés es cuestionado ni situado en el papel colaboracionista que un mes después brindará a los nazis, de nuevo Francia aparece lo justo y lo necesario para que parezca que se resistió y merece ser considerada potencia vencedora en la segunda guerra mundial. Pero, ¿por qué menciono segunda guerra mundial si Nolan no lo hace?

Ese permanente martilleo que se parece al ruido de un reloj que avanza inexorablemente hacia el desenlace falla más que un reloj comprado en un mercado de Hong Kong, la figura de los oficiales termina resultando innecesariamente ridícula en medio de la catástrofe, más humorística que creíble, tanto que parece que Branagh va a arrancarse en cualquier momento por una opereta de Gilbert&Sullivan, llegando a ese final que esconde un mensaje político subliminal que, hasta ideológicamente, la película se me revuelve en el estómago. En la Europa de 2017, hacerse eco de un discurso pronunciado en 1940 en una coyuntura muy complicada, cuando deliberadamente se ha ido haciendo luz de gas a la realidad histórica del momento, solo puedo interpretarlo como un guiño de la industria del cine a una alianza entre Reino Unido y EEUU, estamos en los tiempos del Brexit, el Reino Unido abandona a Europa y se refugia en su isla, pero sabiendo que siempre ha contado con la ayuda de la antigua colonia. Esa última escena, leida en términos de actualidad, es una declaración de principios al más puro estilo Trump, olvidemos Europa y reforcemos lo anglosajón, las migajas quedarán para el continente. ¿Quién dijo que «Dunkerque» no tenía mensaje político?

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