“El agua superior es agua de alegría, la experiencia de estar cercano a Dios, mientras que el agua inferior es agua de amargura, la experiencia de estar lejano de Dios.”

Leo esta maravilla acunando la claridad de mis pensamientos al alba.

Leánlo sin pre-juicios ni juicios posteriores por favor. No deseo meterme en algunos jardines, sólo en los vergeles que conduzcan al Edén.

Todos somos la misma cosa. “Decían que éramos lo mismo, la misma cosa tú y yo”. Canta el rockero purgando su oscuridad malsana. Se nos olvida, yo ya lo sabía, pero me lo actualizó una mujer musulmana, bereber para ser más exactos.

Son Imazighen, así deberíamos llamarlos, “hombres libres” originariamente. Un pueblo que lleva ese nombre resume todo. Un buen puñado de siglos de Historia de un plumazo.

Mi amiga. No la encontré en ningún destino exótico, no.

Paseando por Tudela de Duero, en el parque mientras juegan nuestros hijos, en la piscina: nórdico-castellano el mío y purito ébano él, nombre hébreo uno y precioso nombre musulmán el de ella. Cohen y Aymán juegan, nadan, ríen, mientras sus madres hablan de Filosofía, de los libros sagrados, todos… Son ya tres años de luminosos encuentros fortuitos. Cada uno con su perla, una frase llena de sabiduría que me llevo a mi casa y a mis sueños.

El otro día, ella me confesó que le gustaba hablar conmigo porque no intentaba cambiarla, hay muchas personas que muestran curiosidad por sus costumbres, pero revela que no la entienden… que aguante estoicamente el calor mientras los niños disfrutan del agua, los ayunos, la vestimenta. Percibe el rechazo en los demás. Sonriendo acerté a decirla: “Es ignorancia, la gente quiere que todo el mundo sea como ellos. Lo diferente asusta”. Agregué una comparación simple y tontuna, pero muy gráfica, para definir la profundidad del asunto: si todo el mundo lleva bañadores a rayas marrones y aparece alguien con uno liso y rojo, miran y les inquieta por que es diferente y… valiente.

Ella aseveró con LA MIRADA y apercibí -en ese preciso instante precioso- que conectábamos porque yo siempre me he sentido una extranjera, y no sólo a causa de mi fisonomía “guiri”, no; es que soy mujer con impronta muy personal, por dentro y por fuera. Y este hecho no me sitúa en una posición social fácil, pero… ¡quién dijo miedo! Soy castellana, y los castellanos además de dureza, tenemos mucho temple.

Conectamos decía, porque empatizo con ella. Además hablamos el mismo lenguaje, ella pronuncia nombres de profetas y yo los traduzco al castellano. El otro día, concluimos que todos somos lo mismo y nuestras divinidades son las mismas. Una sola. Todos somos uno.

No quiero hablar de sucesos, imágenes escabrosas repetidas hasta la saciedad, no. Para eso están otros, la carnicería mediática no es mi medio natural, mi objetivo es reflexionar y que el lector autoreflexione. Mis letras no pretenden contribuir ni al miedo ni al resentimiento.

¡Por el amor de Dios! Y cuando tecleo esta frase es que pretendo apelar a la conciencia humana más desvirtuada, ¡qué cese esta barbarie!

Entretanto iniciaremos con algo menos ambicioso: mirar al vecino con respeto y hacer la vida más fácil a los que tenemos alrededor. Eso ya es mucho.

¡Cómo no voy a ser una persona que “cree”! Estudié latín en BUP, ¿saben? Primera lección: verbo Religare. Volver a unir. Ese es verdadero origen del vocablo Religión.

¿Prefieren una versión postmoderna? “All you need is love”, versión rasta “Could yo be love and be loved”… concluyo con Jesús, porque venimos de donde venimos:

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, " (Juan 13:34).

La humanidad debe tener hipoacusia y ceguera mental porque si no, no se explica. Una tonelada de siglos después, seguimos erre que erre.

Leí en alguna parte que si las mujeres ocupasen el lugar que les corresponde, no habría más guerras, porque ninguna fémina soportaría hacerle pasar a otra por el inmenso dolor de ver morir a un hijo.

Cohen y Ayman juegan, sus madres hablan de Filosofía.

Las mujeres somos -una vez más- hacedoras del cambio, a ver si en esta ocasión… nos lo permiten. ¡Ójala!

Pd. Señoras y Señores, con la que está cayendo: pasos firmes pero mirada limpia y generosa al otro, por favor, no entremos en el combate. La única revolución pendiente y legítima es la del AMOR verdadero. El sentido de la Historia pasada, cruenta y poco edificante, es este: trascender lo funesto a base de fraternidad.

¡Hala, me voy a desayunar…! Ahora sí.

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