En estos días de ferias y fiestas que se celebran en la capital, ha vuelto a producirse la queja ciudadana por la exhibición del escudo de Valladolid en la escalera del edificio del ayuntamiento vallisoletano. La queja se produce porque el escudo, representación de la ciudad y por tanto de todos los vallisoletanos, está manchado por la Cruz Laureada de San Fernando, otorgada por el dictador a los golpistas que arrasaron la ciudad y asesinaron a la mayor parte de sus gobernantes, elegidos por sus vecinos en las urnas.

Una protesta más de las decenas que se vienen repitiendo desde hace años y que reclaman la eliminación de este símbolo franquista de una enseña que nos representa a todos; y es que la eliminación de los símbolos franquistas es un mandato legal, como muy bien saben los actuales mandatarios, un imperativo que ellos mismos exigían al anterior alcalde, que mantenía los símbolos contra viento y marea.

Ahora, con una coalición de izquierdas en el gobierno municipal, el escudo con la Laureada no solo se mantiene, sino que pasa a exhibirse en el mismo recinto en que fue juzgado y condenado a muerte el alcalde legal, Antonio García de la Quintana, y sin que durante el tiempo en que esta coalición ocupa la municipalidad se haya planteado la obligación del consistorio de restablecer el buen nombre de los regidores republicanos asesinados por los golpistas, ni los de los funcionarios que se mantuvieron leales, ni mucho menos retirar los honores otorgados a Franco y demás represores.

Ciertamente, los honores fueron entregados por regímenes diferentes y hace mucho tiempo, tanto que algunos piensan que estas distinciones son de papel, negando así su significado simbólico; pero todos tenemos que tener claro que si aquellos regidores fueron culpables por sustentar un régimen criminal y recompensar a los verdugos con medallas, calles y honores, los regidores de hoy son los responsables de no retirarlos y abstenerse de condenar los hechos, dando la callada por respuesta.

Nombres de calles, Cruz Laureada, medallas a Franco y a sus cómplices, alcaldías honorarias…. todo sigue igual con el gobierno municipal de izquierdas, y quizá sea eso lo que más enfada a los ciudadanos, que no dan crédito al hecho de que el alcalde actual, Oscar Puente, perteneciente al partido que resultó masacrado por el franquismo, sea renuente en sus palabras y expeditivo en sus actos, y que lejos de cumplir con la ley de Memoria (a la que aludió en su toma de posesión), mantiene e incluso exhibe la simbología en la casa de todos, el Ayuntamiento, como ha ocurrido durante estas fiestas. Por su parte, los socios de gobierno, Izquierda Unida y Sí se Puede, mantienen con su socio de gobierno un contencioso sobre el tema, sin que logren encontrar la forma de inducirle al cumplimiento de la ley, y de esta manera la situación se mantiene igual.

Paradójicamente, el ayuntamiento apoya con entusiasmo (y con miles de euros) la apertura de fosas en el cementerio del Carmen, actuación que la ARMH está llevando a cabo desde el pasado año y sobre la que planean muchas dudas. Efectivamente, el consistorio vallisoletano ha firmado con esta asociación convenios por valor de 60.000 euros en tres fases: una primera, sufragada con 25.000 euros; una segunda, por valor de 10.000 y la tercera, firmada esta misma semana, por otros 25.000 euros.

Los dos primeros convenios tenían por objeto excavar fosas comunes del cementerio, y la última partida parece que va a destinarse a la edificación de un “panteón y memorial que acogerá a las 228 personas recuperadas por esta asociación”, según publican fuentes de la misma.

Así pues el panteón, punto final de esta actuación, va a ser erigido por una asociación particular con la que el ayuntamiento firma un convenio, en lugar de hacerse cargo desde la institución, que cuenta con todo tipo de medios técnicos y humanos. Es decir, que el diseño, las dimensiones y la construcción de un elemento tipo panteón dentro de un recinto público, la llevará a cabo esta asociación, es de suponer que contratando personal por su cuenta, tanto para la proyección como para la realización, procedimiento que ha seguido con la apertura de las fosas. Paradójico si tenemos en cuenta las defensas entusiastas y las recientes luchas llevadas adelante para lograr la remunicipalización de servicios y obras que se hacen desde la institución y que en la calle apoyamos y suscribimos.

Otro importante punto de desacuerdo y de incomodidad entre los afectados es la falta de información y de participación con que estas actuaciones se están llevando a cabo. Si verdaderamente los restos que se van a depositar en este cenotafio pertenecen a las víctimas del franquismo, la deferencia mínima hacia las familias obliga a convocarlas, reunirlas y escuchar su opinión y sus deseos, en lugar de presentarles como hechos consumados y sin posibilidad de rectificación las fosas abiertas, los restos trasladados de lugar, sin identificación, y el panteón construido. Quizá, eso sí, las familias sean invitadas a la inauguración del nuevo enterramiento, que seguro que es público.

El consistorio se equivoca. Los restos de las víctimas no son cualquier cosa, ni pertenecen a nadie. Hay en nuestra provincia miles de personas que han pasado todos los días de su vida intentando encontrar información acerca de sus familiares. Otros tuvieron la fortuna de conocer el lugar de enterramiento, y de hecho, ya en tiempos del alcalde socialista Rodríguez Bolaños se realizaron actuaciones al respecto en el cementerio de la ciudad. Las fosas comunes, conocidas por todos, registradas en los documentos municipales y señalizadas por las propias familias, fueron objeto de una cata en presencia de decenas de hijos y nietos de los allí enterrados. Al abrir la primera fosa, todos los presentes se dieron cuenta de la imposibilidad de su objetivo, que era rescatar, identificar y entregar los restos a los familiares. Entonces se tomó la decisión de adquirir parte del terreno y colocar en él un memorial, a sabiendas de que los enterramientos se hallaban repartidos en varias fosas más, y que muchas de ellas ya habían sido vaciadas en el transcurso de los años.

Esto era, por lo tanto, un acto simbólico. Las víctimas de la represión enterradas en el cementerio del Carmen superan el millar. Entre ellos se encuentran los casi 500 fusilados (muchísimos de ellos procedentes de otras localidades de la provincia, autoridades municipales incluidas), y centenares de víctimas de asesinato extrajudicial, unas identificadas y otras no, pero todas ellas registradas minuciosamente en el Libro de Enterramiento tras la orden judicial correspondiente y su inscripción de fallecimiento en el Registro Civil vallisoletano.

Y eso porque los sublevados, ante la enorme cantidad de cadáveres que día tras día se amontonaban en el Depósito Judicial (situado en los sótanos del antiguo Hospital Provincial), dispusieron los enterramientos en los grandes cuadros vacíos del cementerio: el 64, el 53, el 58….(ver plano del cementerio de la época). Y allí, entre capas de cal viva, enterraban a las víctimas sin caja, con los que la destrucción de los cuerpos se aceleraba.

Plano del cementerio de El Carmen en Valladolid.
Plano del cementerio de El Carmen en Valladolid.

Pero las víctimas de la violencia fascista, enterradas por tandas, no eran los únicos ocupantes de estas fosas comunes, ya que tal y como demuestran los documentos, otras muchas personas fallecidas por causas naturales fueron enterradas en los mismos espacios.

Por norma, los cementerios realizan un vaciado de las fosas, comunes o cuyo alquiler se ha extinguido, cada cincuenta años. Este trabajo, conocido como monda, consiste en la exhumación de los restos que contienen estas fosas y su traslado al osario municipal. Así se consigue que el terreno quede libre para ulteriores enterramientos.

Esto se entiende perfectamente al ver la primera fosa que levantó la ARMH en 2016. La fosa en superficie era muy pequeña; pero los familiares, que la conocieron en su origen, dicen que la fosa era enorme; que se trataba de una zona vacía en la que se fueron abriendo huecos y enterrando los cuerpos. Con el paso del tiempo la fosa se fue reduciendo, y el espacio resultante fue ocupado por nuevas sepulturas que acabaron por rodear lo que quedaba de la fosa original, reduciéndola a una esquina. A esa pequeña fosa simbólica seguían acudiendo las familias, sabiendo que en realidad la fosa ocupaba un espacio mucho mayor aunque no fuera visible.

La fosa fue excavada. Como es natural aparecieron restos y se evidenció lo anteriormente dicho: que la fosa original era mucho mayor y que sobre ella se habían construido nuevos enterramientos. Por fin, se extrajeron restos de 186 personas, la fosa fue cerrada y a fecha de hoy, simplemente ha desaparecido.

La conclusión, nada alentadora, es que se ha destruido una fosa de referencia a donde los familiares solían dirigirse, para construir otra en la que se volverá a enterrar los mismos restos sin identificar y sin que los familiares lleguen a saber si los restos trasladados de esta manera corresponden a sus familiares o no.

Fosa original antes de la intervención.
Fosa original antes de la intervención.
Estado que presenta actualmente la misma zona.
Estado que presenta actualmente la misma zona.

Las fosas comunes del cementerio del Carmen no han sido descubiertas ahora. Los medios de comunicación han hablado de “descubrimiento”, haciendo hincapié en una supuesta ausencia de documentación, e incluso hablan de “inexistencia de registros en el cementerio”; y en ese sentido, se ha publicado que la identificación iba a ser imposible, y en eso aciertan de lleno.

Pero la causa no es la falta de documentación, porque en el Archivo Municipal de Valladolid puede consultarse el Libro de Enterramientos del Cementerio del Carmen, un documento legal que registra exhaustivamente todas y cada una de las inhumaciones que en el recinto se han realizado. Este registro indica el año, mes y día en que se produce el entierro; recoge el nombre y apellidos del muerto, y en caso de ser un cuerpo sin identificación, se hace constar esa circunstancia, indicando el género y la edad aproximada; recoge la causa de la muerte, con lo que se puede saber perfectamente quién ha muerto por causas violentas y quién por causas naturales; y por si esto fuera poco, indica la procedencia del cuerpo, en qué fosa del cementerio ha sido enterrado y finaliza con el dato del coste de la operación.

Y esta no es la única documentación existente acerca de las fosas. Existe el Registro Civil, donde se hallan recogidos prácticamente en su totalidad los fallecidos, con fecha, nombre y apellidos, filiación, lugar de nacimiento y residencia; estado civil, profesión, número de hijos, lugar, causa de la muerte y lugar señalado para su enterramiento. En el caso de cadáveres sin identificar, se hace una descripción física de la víctima y de su vestimenta (ningún cadáver portaba pertenencias personales, como cartera o reloj, y en ningún caso documentación).

Si a estos documentos unimos las “Órdenes del Gobernador”, en las que el gobernador civil ordena al encargado del cementerio enterrar los cuerpos de las víctimas de fusilamientos y de asesinatos extrajudiciales, podemos comprobar que las víctimas de la represión franquista enterradas en el cementerio de El Carmen de Valladolid están suficientemente documentadas, y que mediante un estudio meticuloso de dichos documentos, se pueden localizar dentro del recinto las fosas en las que fueron enterrados.

Es entonces cuando surge la pregunta: ¿por qué abrir las fosas y sacar los restos, que como la misma asociación asume, no van a poder ser identificados? Es mucho más razonable, de cara a las familias, a la memoria y al erario público identificar, señalar y dignificar dichas fosas (lo que queda de ellas), velando por su integridad y, lo más importante, colocando elementos que identifiquen a los allí enterrados como víctimas del franquismo.

El segundo interrogante que muchos nos planteamos viene dado precisamente por la información del Libro de Enterramientos, ya que se ve claramente que las víctimas de la violencia fascista fueron a menudo enterradas simultáneamente y en la misma fosa que otros vallisoletanos fallecidos por causas naturales. Esto, que puede verse en la práctica totalidad de las fosas comunes, nos lleva a la conclusión de que estas fosas son, en sentido estricto de la palabra, comunes, por lo que en ellas fueron enterrados juntos asesinados y fallecidos por causas ajenas a la represión. Nada que ver con el sentido de la expresión fosa común utilizada para describir el enterramiento, normalmente en descampado, de varias víctimas asesinadas a la vez y arrojadas en un solo hueco.

Los restos exhumados en el cementerio del Carmen han sido sacados de una fosa para volver a ser enterrados en otra. Es muy probable que los restos correspondan a víctimas de la represión mezclados con fallecidos que nada tuvieron que ver con la violencia desatada a partir de julio de 1936; personas enterradas en fosas comunes por razones obvias: pobreza (de hecho, los enterramientos están considerados como de pobres en el Libro de Enterramientos); suicidio, imposibilidad de conseguir un lugar propio, indigentes, transeúntes, etc. Siempre nos quedaremos con la duda, pues ateniéndonos a la primera actuación llevada a cabo, de 186 cuerpos se ha identificado solamente uno.

Así que los familiares están acudiendo al cementerio y a las asociaciones para preguntar si van a llamarles para la realización de la prueba del ADN; si les van a entregar los restos de sus familiares, que es su objetivo; quieren saber dónde están ahora mismo los restos y si se está haciendo algo con ellos… ignoran también, porque nadie se lo ha comunicado, el destino final, dónde o cómo serán depositados los restos extraídos, y sobre todo lo que ignoran es el papel que ellos, que son los descendientes directos, tienen en este proceso.

Por todo esto hubiera sido necesario realizar un estudio previo y pormenorizado de todas las fuentes documentales y orales con el fin de tener en la mano toda la información necesaria antes de actuar; localizar a los familiares, informarlos detalladamente y pedir su participación, como es su derecho. La prudencia aconsejaba también realizar consultas a los diversos agentes sociales implicados: asociaciones memorialistas, organizaciones civiles implicadas, historiadores, universidad…. Un tema como éste nos afecta a todos y ha sido objeto de reivindicaciones continuas durante años y años, víctima de silencios administrativos, de inacción política y de incumplimiento institucional, y por tanto se merece el asesoramiento más cuidadoso, la participación de todos los elementos implicados y sobre todo, la información más puntual y detallada sobre todas y cada una de las actuaciones que se realicen, su objetivo, sus plazos, los resultados, costes, etc..

El cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica en Valladolid se resumiría así a fecha de hoy, terminando el año 2017 y bajo un gobierno municipal de izquierdas en la ciudad:

Pervivencia de calles y símbolos franquistas

Presencia de la Laureada (el símbolo más explícito de los crímenes cometidos) en el escudo de la ciudad

Mantenimiento de los honores institucionales a los genocidas y sus cómplices

Ausencia de reconocimiento, homenaje institucional o restauración de su honor a las autoridades democráticas asesinadas

Lugares de Memoria sin identificación, sin señalización y sin protección

Fosas destruidas y restos trasladados de una fosa a otra sin identificación y sin saber siquiera si se corresponden o no con las víctimas de la violencia fascista.

Son muchas las Comunidades y las ciudades que se plantean el estudio, la mejora y el cumplimiento total de la ley de MH de 2007, ya que existen determinadas atribuciones que es posible asumir desde las instituciones locales. Pero Valladolid no está entre ellas, e incluso la propia ley, como puede deducirse de todo lo anterior, se está incumpliendo.

De ahí la paradoja de la MH en Valladolid: puede pasarse de un gobierno municipal de derechas, que hace gala de su negativa a cumplir la ley…y así lo hace, a un consistorio de izquierdas que hace ostentación de su cumplimiento… y no lo hace.


Contestación de Francisco Redondo, socio y colaborador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid:

Dña. Orosia Castán.

Distinguida investigadora de la Memoria Histórica.

Sin entrar en otros aspectos, le quisiera informar con toda humildad, que está usted completamente confundida en cuanto a la información que publica sobre las fosas   del Cementerio del Carmen de Valladolid y los contenidos del Libro de Enterramientos del mismo.

 Publica usted:

Pero la causa no es la falta de documentación, porque en el Archivo Municipal de Valladolid puede consultarse el Libro de Enterramientos del Cementerio del Carmen, un documento legal que registra exhaustivamente todas y cada una de las inhumaciones que en el recinto se han realizado. Este registro indica el año, mes y día en que se produce el entierro; recoge el nombre y apellidos del muerto, y en caso de ser un cuerpo sin identificación, se hace constar esa circunstancia, indicando el género y la edad aproximada; recoge la causa de la muerte, con lo que se puede saber perfectamente quién ha muerto por causas violentas y quién por causas naturales; y por si esto fuera poco, indica la procedencia del cuerpo, en qué fosa del cementerio ha sido enterrado y finaliza con el dato del coste de la operación.

Y esta no es la única documentación existente acerca de las fosas. Existe el Registro Civil, donde se hallan recogidos prácticamente en su totalidad los fallecidos, con fecha, nombre y apellidos, filiación, lugar de nacimiento y residencia; estado civil, profesión, número de hijos, lugar, causa de la muerte y lugar señalado para su enterramiento. En el caso de cadáveres sin identificar, se hace una descripción física de la víctima y de su vestimenta (ningún cadáver portaba pertenencias personales, como cartera o reloj, y en ningún caso documentación).

Me permitiré hacerle algunas aclaraciones sobre los documentos que cita, los cuales he comprobado completamente.

1º En el Libro de Enterramiento del Cementerio del Carmen no constan todos los enterramientos en el Cementerio del Carmen. Esta asociación a la que usted perteneció, ha localizado en libros de la parroquia de San Pedro Apóstol algunos nombres que no constan y que podrían pertenecer a “hembras o varones desconocidos” inhumados en el Cementerio.

2º Tampoco es cierto que en el libro se indique de forma inequívoca las causas de la muerte.

Usted dice:

"recoge la causa de la muerte, con lo que se puede saber perfectamente quién ha muerto por causas violentas".

También vemos en la pág. 102 del mismo libro, registro del enterramiento el día 21 de julio, del que fuera comandante del ejército Ángel Liberal Travieso, ayudante del capitán General de Valladolid Nicolás Molero Lobo, que muere en Valladolid, pero no la causa.

Usted sabe como sucedió. Y eso no consta

3º Los cinco varones desconocidos registrados el día 24 del mismo, de los que solo consta la causa de la muerte y el cuadro (46), no la procedencia del cuerpo ni coste de la operación. Como usted afirma.

Cuando cita   … indica, en qué fosa del cementerio ha sido enterrado.

En el libro consta el Cuadro. No la “fosa común” que es lo que esta asociación ha tratado de documentar.

Por lo que se desprende de sus afirmaciones, usted en su sagacidad no ha distinguido Fosa común de cuadro, y eso es un error que dice muy poco de su rigor y eficacia investigadora.

Ahora si me permite le haré unas preguntas:

¿Sabe usted cuantas fosas comunes se mencionan en las órdenes de enterramientos dirigidas directamente, desde la Secretaría militar del Gobierno Civil al Conserje del cementerio para que disponga de enterramiento de las personas que van a ser ejecutadas entre 1936 y 1939?

¿Sabe usted en que cuadros están esas fosas que se citan en las órdenes?

¿Sabe usted cuantas personas fueron inhumadas en cada cuadro, y las fechas de apertura y cierre?

¿Sabe usted cuantas personas fallecieron en las prisiones de Valladolid y donde fueron enterradas?

Es evidente, que si hubiera investigado no habría publicado lo que ha publicado en últimoCero.

En definitiva, el libro de enterramientos no recoge todos los enterramientos por causas violentas.

No indica la procedencia del lugar de fallecimiento de las personas (“paseadas”)

En ningún registro del libro se relaciona cuadro con fosa

También le confirmo que en los Registros Civiles, (Audiencia o Plaza), la mayoría de las “causa del fallecimiento” de los ejecutados en San Isidro, o está tachada y por tanto ilegible, reza “esta población” para Audiencia y “esta ciudad” para Plaza o simplemente no está registrado el lugar para su enterramiento. Usted afirma lo contrario.

Supongo que el desconocimiento, la desidia o la falta de rigor profesional, es lo que le ha empujado a emitir públicamente una opinión tan incisiva contra sus antiguos compañeros, que por ello mismo es poco elegante.

Por otra parte arremete usted, además de contra esta asociación, contra grupos o formaciones políticas, se erige en paladín y defensor de familiares y perjudicados tanto por la administración municipal como por la ARMH de Valladolid.

Si el desconocimiento es admisible, no lo es tanto que usted trate de descalificar y poner en cuestión la voluntad, la intencionalidad, el rigor y la generosidad de la mayoría de los miembros de esta asociación, de la que usted a pesar de haber sido miembro fundador, considerado y respetado, se marchó de forma poco “adecuada”.

Usted se jacta de investigar para la Memoria Histórica, y será cierto, (no lo dudamos) pero le sugiero si me lo permite, que revise sus objetivos y repase la lista de sus rivales, competidores o enemigos, que desde luego no somos los miembros de la ARMH de Valladolid.

Aunque con algunos pueda usted tener, o no, alguna cuestión personal, el resto no nos ocupamos ni entretenemos en estos temas.

Con estas publicaciones no hacemos, más que dificultar la labor de los movimientos memorialistas y dañar las causas que pretendemos defender, por lo que le ruego sea comedida en sus opiniones y valoraciones, por lo menos con respecto a esta ARMH.

Muchas gracias por su tiempo

Francisco Redondo

Socio de la ARMH de Valladolid


 

Aclaraciones a Francisco Redondo

Por Orosia Castán

Como ampliación del artículo publicado el lunes 11 de septiembre, vamos a resolver algunas dudas, sobre todo acerca de la documentación que existe en Valladolid sobre los enterramientos en el Cementerio del Carmen, que examinados con atención concluyen de forma definitiva cualquier tipo de polémica que se intente crear.

En el Libro de Enterramiento del Cementerio del Carmen constan todos los enterramientos que se efectuaron en el recinto. Si el fallecido está identificado, consta su nombre y demás datos; y si no está identificado (sin entrar en las causas de la falta de identificación), se le entierra como “desconocido”. (Documento: Detalle información Libro1 y 2)

En ese sentido, las víctimas registradas en los libros de la parroquia de San Pedro Apóstol a que hace referencia Redondo, fueron inscritas por haber aceptado los sacramentos, tal y como expone el historiador J.M. Palomares Ibáñez en la página 136 de su libro “La guerra civil en la ciudad de Valladolid” (Ayuntamiento de Valladolid 2001), y dicho factor no tiene nada que ver con que los asesinos decidieran despojar a estas víctimas de su identidad y las enterraran como “hembras o varones desconocidos”. Identificados o no, están registrados en el cementerio, en el registro civil, en la Orden del Gobernador y en este caso, también en el registro parroquial. Así que, tal y como se decía en el anterior artículo, lo que no falta precisamente es documentación acerca de las víctimas.

Este afán por hacer desaparecer las identidades de las víctimas se debe a una circunstancia muy comprensible: en los principios de la sublevación, cuando no estaba nada claro que el golpe fuese a triunfar, era aconsejable la destrucción de pruebas; de ahí las fosas comunes en cunetas y el intento de hacer desaparecer a los asesinados, que al fin y al cabo constituían la prueba de cargo contra sus asesinos. (Documento: Desconocidos 1 y Desconocidos 2). Por este motivo, los sublevados preferían los métodos más expeditivos, como sacar a las víctimas de sus domicilios o de las prisiones, asesinarlos en descampados y enterrarlos subrepticiamente en lugares ocultos, las verdaderas fosas comunes de la represión franquista, a las que habría que atender prioritariamente para evitar su pérdida, y que en nuestra provincia son las de Torozos, El Montico, Tordehumos, Zafraguilla y muchas más que ni se han exhumado, ni se han documentado.

 

En cuanto a las causas de la muerte, hay que volver a los mismos documentos. La causa de la muerte aparece en la práctica totalidad de las inscripciones; y cuando en un mismo día se inscribe una cantidad grande, la causa violenta se expresa mediante una raya, que viene a equivaler a las típicas comillas; de esta manera pudo Palomares (el primer investigador de la represión franquista en Valladolid, autor de referencia para todos nosotros), establecer las primeras aproximaciones al número de asesinatos y a la forma en que se cometieron. Las fuentes de este eximio investigador no son otras que el Libro de Enterramientos, el Registro Civil, las Órdenes del Gobernador y los archivos parroquiales, a los que él tenía acceso. Es decir, que aquí no estamos inventando nada nuevo acerca de las fuentes, y eso, la verdad, es una de las primeras cosas que es necesario saber, Redondo.

En cuanto a cuadros y fosas, la relación cuadro-fosa-sepultura, está ya bastante clara. El lugar de enterramiento e incluso los detalles (como la fecha y hora, en este caso del fusilamiento, y si habrá de ser enterrado con caja o sin ella), aparecen reflejados en el documento “Órdenes del Gobernador” (Documento: Orden del Gobernador), pero en todo caso, siempre está la posibilidad de que los exhumadores informen a la ciudadanía acerca de los detalles, cosa que nos sería a todos de más utilidad que los ataques solapados y las preguntas retóricas.

Es también evidente que las mondas efectuadas produjeron el vaciado de muchas de estas fosas, recuperando terreno sobre el que se efectuaron nuevos enterramientos; y este dato también sería de mucha ayuda para los familiares, que así conocerían el paradero real y actual de los suyos, y también sería efectivo para evitar exhumaciones infructuosas en las que, o no se encuentran restos, o los que se encuentran no llegarán a ser identificados. Y esto se deduce de la experiencia: ahí está Francisco Echeverría con su trabajo, del que se puede y se debe aprender mucho.

Los fallecidos en las prisiones, por lo menos en las vallisoletanas, están también recogidos, tanto en el Registro Civil, como en el Cementerio; y desde luego, la causa de la muerte puede aparecer, no aparecer o falsearse, pero eso no hace desaparecer a la víctima, que sigue constando como fallecida y enterrada, y es labor del investigador llegar a averiguar la causa real de la muerte mediante la interpretación de los datos recogidos, incluyendo los testimonios orales. Todos sabemos que muchas muertes fueron manipuladas con el fin de disminuir su número en los registros; por eso en muchas ocasiones se achacaron los fallecimientos a diversas enfermedades, como ocurrió en las Cocheras de Valladolid, donde atribuían los fallecimientos de presos al “piojo verde” y a otras infecciones, por ejemplo, intentando así disfrazar el maltrato, el hambre y la consunción reinantes en las prisiones. Y sí, el Registro Civil, una vez más, es la fuente más fiable y pormenorizada que podemos utilizar para conocer todos estos datos (que por cierto, no son privativos de Valladolid, sino que se llevan a cabo en muchas otras prisiones por todo el estado español).

Efectivamente, en las inscripciones de fallecimiento de los Registros Civiles aparece la causa de la muerte. Siempre. El que algunos no sean capaz de interpretarla o aparezca tachada no quiere decir que no exista, sino todo lo contrario. Los escritos pueden llegar a interpretarse (si no existiera lo que no sabemos leer, no existiría la Historia). La tachadura, como a estas alturas ya deberían saber los que andan por estos temas, es un intento más del estado para eliminar pruebas. Ni más ni menos. Se debió a una orden del gobierno, y los funcionarios la ejecutaron con mayor o menor diligencia, pero la realidad es que tras horas y horas de revisar los certificados, pueden llegar a leerse; y la misma existencia de la tachadura ya pone al investigador sobre la pista de que está ante una muerte violenta. (Documento: Registro Civil causa de la muerte tachada 1 y 2)

Por fin, son muy de lamentar escritos como el de Francisco Redondo. No porque cargue contra la firmante, ya que por desgracia, los ataques calumniosos, los insultos y descalificaciones del jaez que aquí puede verse y que desde hace mucho circulan por redes, etc., forman parte de su forma de actuar, y hay que decir que no soy yo el único blanco de sus iras.

Lo verdaderamente lamentable es la concepción patrimonialista de un tema como la Memoria Histórica; el afán por ser los amos auténticos e indiscutibles de todo lo que se haga en este campo; el ataque sistemático ante cualquier disidencia, la imposibilidad de comprender y profundizar en la verdadera importancia de la lucha por la restitución de verdad, justicia y reparación para las víctimas del fascismo, empequeñeciendo hasta límites microscópicos la dimensión política y social que la represión franquista representa para todos nosotros y para nuestra sociedad, intentando limitar los desacuerdos a causas personales pequeñas y mezquinas en lugar de afrontar el verdadero motivo, que es ideológico y político.

También es hora de comprender que se puede disentir del planteamiento de un gobierno cuando se considera errado. Aquí no se ataca a nadie, ni se arremete contra formaciones políticas, como afirma temerariamente Redondo. Precisamente, la colaboración entusiasta y altruista con todos los partidos y organizaciones que lo han solicitado es una de mis señas de identidad, como todos saben en esta y otras provincias. El desacuerdo con una acción municipal no es un castigo, como dice; y más aún, yo creo que los ciudadanos debemos estar siempre atentos a las acciones de nuestros representantes, a los que felicitamos y mostramos agradecimiento cuando aciertan o intentamos avisar cuando los creemos equivocados. Eso es lo propio de los ciudadanos, y no el halago y la alabanza vacíos y siempre dispuestos a la traición.

Es mejor centrarse en lo hecho. Explicar cuántos y a quién pertenecen los restos extraídos. Informar de las causas de su muerte. Explicar por qué no es posible la identificación; si se van a realizar o no las pruebas de ADN a los familiares; a quien hay que dirigirse, qué plazo hay…. Eso es lo que en puridad se demanda, y yo, Redondo, me siento legitimada para preguntarlo. A mí se han dirigido decenas de familiares con esta y otras demandas parecidas. Y yo misma, te lo recuerdo, pertenezco a una familia represaliada. Y aunque así no fuera, no tienes ningún derecho a emitir semejantes interpelaciones acusatorias, que, por otra parte, no son propias de ti. En fin, espero que no hayas pasado a formar parte de los que firman lo que no han escrito.

En este sentido ya es hora de acabar con las formas intimidatorias, los insultos, descalificaciones, calumnias y embustes como única arma contra los que mantenemos puntos de vista diferentes. La alusión al pasado, mendaz y tergiversada, sobra enteramente. Fuimos muchas las personas que nos marchamos de la ARMH hace casi ya diez años, en cuanto comenzó la deriva que ahora sigue. Y nos fuimos con luz y taquígrafos, en el transcurso de una asamblea multitudinaria a la que entregamos el valiosísimo material recopilado por nosotros y que años después sirvió como base para la publicación de un libro en el que por supuesto, ni se nombra a los autores de los trabajos, como Carmen Morales, investigadora que vació el Registro Civil o Ricardo Bedera, auténtico artífice del Proyecto Todos los Nombres, entre otros muchos compañeros.

Es posible que de todos aquellos que fundamos la asociación, que éramos muchos, muy concienciados y trabajando de manera altruista (es decir, sin recibir ni un céntimo de euro de nadie), permanecieran únicamente en la organización una o dos personas. Ni Redondo ni sus actuales compañeros se asociaron hasta bastante después, cuando ya la asociación tenía un nombre bien ganado por su impecable trayectoria, un local, muchos socios y unas cuentas saneadas. Ese fue el punto de partida de estos compañeros, que siguen cargando contra nosotros aunque no tengamos nada que ver con ellos, ni hayamos mantenido contacto alguno durante todos estos años, ni siquiera para defendernos de las agresiones constantes, muchas de ellas en medios públicos y redes.

Y esta será la primera y la última vez que damos respuesta a estas agresiones, puesto que es voluntad demostrada por todos nosotros, damnificados por este tipo de actuaciones, el no perder ni un segundo de nuestro tiempo en semejantes lodazales.

No seguir el camino trillado trae, como estamos comprobando, sinsabores y consecuencias enojosas. Es muy diferente transitar por otras vías más cómodas, las de la aceptación de lo incorrecto, la incoherencia o la sumisión a lo establecido, que desde luego, suelen tener su recompensa. Pero en fin, los que no ganamos nada con nuestra lucha, nada tenemos que perder.

Y es que hay sendas por las que algunos no estamos ni estaremos dispuestos a caminar; y es mejor que este tipo de detractores lo asuman de una buena vez. Siempre ha habido, hay y habrá personas que discrepen, que asuman causas y trabajen por ellas de manera independiente, y que afronten con la mayor dignidad las consecuencias derivadas de todo ello. El precio a pagar, que en otras circunstancias históricas ha sido muy alto, hoy es asumible. Y si, como en este caso, se reduce a ser blanco de ataques de nervios y de dimes y diretes incongruentes, puede decirse que más que barato, es gratuito.

Orosia Castán, 13 de septiembre, 2017

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