Fotograma de la película.
Fotograma de la película.

En las primeras escenas de “La región salvaje” pasamos, sin solución de continuidad, de un meteorito que se acerca hacia nosotros, a una mujer desnuda, sentada en el suelo y que se masturba, o lo intenta, con más deseo que éxito, delante de algo, o alguien, que no vemos, pero que intuímos y sospechamos que está presente, una masturbación como sustitutivo de lo que ha podido ser un encuentro sexual desafortunado, en el que la mujer ha resultado lastimada. Poco después, un matrimonio despierta, con la cámara encima del rostro de la mujer, vuelta hacia nosotros, el marido la penetra buscando su propia satisfacción sexual sin pararse a pensar en el placer de su compañera. Al acabar el hombre, la mujer tiene una mirada similar a la primera mujer; insatisfacción, rutina, una sensación de punto final difícilmente superable, dos mujeres en cuya sexualidad insatisfecha se reúnen las diferencias de trato entre hombres y mujeres y de los hombres hacia ellas en un país como México, epicentro de un machismo ancestral y de la mujer al servicio del hombre en el que desprenderse de lo atávico exige romper las reglas, acabar con los tabúes, sacar el animal interno para olvidarse de especies y disfrutar sin complejos.

 

 

 

 

 

 

 

 

LA REGIÓN SALVAJE

Duración: 98 minutos.

País: Alemania, Dinamarca, Francia, México, Noruega, Suiza.

Dirección: Amat Escalante.

Productores: Jaime Romandía, Fernanda de la Peza, Amat Escalante, Katrin Pors, Jean y Anne-Laure Labadie.

Guion: Amat Escalante, Gibrán Portela.

Dirección de Fotografía: Manuel Alberto Claro.

Editor: Fernanda de la Peza, Jacob Secher Schulsinger.

Musica Original: Guro Moe, Lasse Marhaug.

Diseño de sonido: Sergio Díaz.

Dirección de Arte: Daniela Schneider, Ursula Schneider.

Intérpretes: Ruth Ramos, Simone Bucio, Jesús Meza, Edén Villavicencio, Kenny Johnston.

Productoras: Mantarraya Producciones, Tres Tunas, SnowGlobe, Le Pacte, IMCINE, FOPROCINE, The Match Factory, Mer Film,Adomeit Film, Copenhagen Film Fund, Labo Digital, Bord Cadre films, Pimienta Films, ZDF/Arte.

“La región salvaje” puede leerse en clave de película social, un drama familiar que va extendiendo su ramas a esferas más amplias donde la tensión de un matrimonio va produciendo efectos colaterales en sus familias, en su entorno, incluso en su comunidad, el estado de Guanajato, lugar central del cine de Escalante, pero también encuentra su acomodo dentro del cine de ciencia ficción, de extraterrestres innombrables y casi inmostrables, seres venidos del espacio para dar placer y aplicar castigo cuando ese placer deja de tener la calidad apetecible, o cuando el destinatario del mismo ha dejado de merecerlo por errores que han de ser purgados en una intensidad que el propio ente ha de valorar, desde la simple contusión a la muerte, una ruleta rusa en la que el beneficiario del placeer se arriesga a perderlo todo. Mezcladas ambas historias la película consigue un efecto de extrañamiento, consigue crear una sombra permanente acerca de dónde se encuentra el verdadero centro de atención, si en la cabaña del bosque o en la vivienda familiar donde las infidelidades y las mentiras terminan saliendo a la luz con el inevitable brote de violencia catártico.

Si Escalante se separa de la violencia explícita de sus anteriores “Heli” y “Sangre” no por ello abandona el concepto subyacente de la misma, pues aunque no seamos cómplices visuales de dicho ejercicio de poder físico y brutal sobre personas indefensas, la violencia que se despliega ante nosotros, en menor intensidad que las precedentes, es sustituida por una sexualidad mucho más explícita que viene a colocar a sus protagonistas ante la disyuntiva de sexo o castigo, o sexo con castigo, un juego maquiavélico en el que no van a ser ellos mismos los administradores de la decisión, dejando la misma a un ente que nos va a acercar al Zulawski de “Repulsión” tanto como a las criaturas multifórmicas y viscosas de Lovecraft o Derleth; al espacio indescriptible de lo desconocido que acerca a los seres humanos a sus pulsiones más básicas, devolviendo a éstos a su condición más animal, pero no menos evolucionada ni más primitiva.

La región salvaje termina convirtiéndose en una especie de isla refugio a la que acuden voluntariamente, atraídos por una primera experiencia placentera, aquellos que han sido invitados a participar de lo desconocido. Como una cadena invisible, una persona introduce a otra en el círculo sexual de la extraña criatura como si, de esta manera, tratara de ganarse el favor de la misma cuando comienza el maltrato y la amenaza de una violencia extrema por agotamiento o falta de interés, ese cambio, sin embargo, no resulta suficiente para calmar al destinatario del mismo, pues cuando el inicial sujeto pasivo del placer intenta retomar el contacto con la criatura, ésta no se limita al rechazo, sino que el castigo puede ser más definitivo. En «La región salvaje» la cámara se instala en una incómoda cercanía a los personajes sufrientes, mujeres maltratadas, mujeres traicionadas, mujeres abusadas, hombres que ocultan su homosexualidad por miedo al rechazo, y acercarse al bosque es introducirse en el mundo de la niebla, de lo clandestino e inexplorado para dedicarse a lo que proporciona placer sin miedo a ser descubierto, al tiempo que uno se da de bruces con nuevas sensaciones, nuevos estímulos desconocidos. No puede olvidarse el contexto en el que la historia se desarrolla, ni el país; situar en México una historia a medio camino entre lo fantástico y lo criminal, donde un cadáver puede aparecer en cualquier lugar y de cualquier manera también puede permitir conectar a la criatura con la bestia informe y multipersonal que desde dentro del país, lo mismo persigue, humilla y castiga al homosexual que se aprovecha sexualmente de la mujer para terminar lanzándola a una fosa común envuelta en un plástico de la que será, o no, rescatada como un amasijo de huesos y restos. En el cine de Escalante se aprecian rasgos de Reygadas, no obstante colaboró con él en sus primeras películas, rasgos estéticos y de retrato descarnado y crudo de un mundo descompuesto en el que la vida humana apenas vale nada, como en Reygadas aquello en que la imagen abusa del feísmo puede venir acompañado, a continuación, de la belleza más absoluta. Escalante ha pasado de la tortura más brutal y denigrante a la penetración múltiple y desconocidamente placentera sin por ello perder su identidad, al revés, reafirmándose en lo mezquino de la condición humana aunque la mayoría de sus personajes desprendan empatía y sean comprensibles y muy dignos de protección. Sorprendente y resuelta forma de acercarnos a la realidad utilizando lo inexplicable y lo fantástico como leit motiv, perturbadora y enigmática, la película termina convenciendo como un puñetazo en la boca del estómago. La criatura no va a parar de exigir, ¿seremos capaces de no necesitar más monstruos para disfrutar del día a día?

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