De Stephen Spender en su libro The Year of the Young Rebels:

“El futuro es como una enterrada bomba de relojería que hace tic-tac en el presente”. pero en el entretanto, los tertulianos más listos de las listas se dedican a enredar y desde sus tribunas, paginas o plateaux exponen el/los problemas acusando de su origen a ciertos grupos o individuos de haberlos originado para seguidamente plantear una serie de propuestas irreales, inalcanzables por propia definición mientras ellos, impolutos, están en otro lugar o más bien –sospecho- están al mismo tiempo en NINGÚN lugar que (por lo visto) es el sitio más cómodo.

Y junto a ellos, los intelectuales asilvestrados que rechazan cualquier iniciativa o intento de trabajar sobre el terreno. La protesta al uso ya no les interesa pero tampoco otro tipo de protesta que no sea la de escribir literatura de agitación sobre cualquier tema que se tercie. En general, unos y otros se sienten por encima del bien y del mal pero su ubicación estratosférica, es tan solo una coartada para su propia inoperancia. Son ese tipo de personas que, creyendo situarse en las primeras filas de una contestación que dicen anhelar, se repantingan cómodamente en la retaguardia. A ellos, vamos a ser sinceros, lo único que les gusta es eso, enredar. Ni que decir tiene que con esta actitud lo único que consiguen es mala literatura. Una literatura que bien podría haber sido escrita por algún tonto de solemnidad cuya única actividad digna de mención fuera aparecer cada cierto tiempo en las pantallas - último y definitivo foro para voyeurs, esnobs y lameculos – para lucir sus respectivos panfletos (los héroes anónimos no gozan de crédito) y una vez hecho el paripé, se esconden para descansar hasta la próxima oportunidad aunque su actividad, es evidente, no implica ningún esfuerzo, sino tan solo – y para los dos sexos - una buena dosis de tetosterona y estupidez.

Esta miserabilidad de los opinadores, de esos que se creen capacitados para hablar de todo – porque además les pagan y aunque no les paguen– genera monstruos ideológicos, decorados de cartón piedra, tópicos y slogans. Hablando de slogans. El mismo hecho de que se multipliquen por doquier indica la ausencia de un pensamiento transformador verdaderamente eficaz. Son tan solo un subproducto discursivo, una herramienta de fácil uso para aquellos que se queman los dedos con la realidad. Un pebetero lleno de humo. Y cuando debajo del slogan no hay una verdadera preocupación por las res publica, su uso consciente y deliberado sirve solo como una táctica más de propaganda que, enseguida cae en la abstracción. Su engaño solo dura un instante, tras lo cual, y si verdaderamente se quiere avanzar, debe ser sustituido por la realización sobre el terreno de lo que su menaje contenía.

Pero claro, esos tertulianos, no están para eso. En realidad, no están para nada sino tan sólo para babear. Y si alguien se pregunta por qué no traigo a colación sus nombres, le diré que es que son tantos que no me caben. Mejor que cada cual se acuerde de los suyos ¿no es cierto?

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios