El mayor sueño de la democracia consiste en elevar al proletariado hasta el nivel de estupidez de la burguesía”. FLAUBERT.

Soy consciente que esta forma de pensar puede poner nerviosa a la gente, pero a temporadas –y esta es una de ellas– no puedo por menos que pensar lo mismo que él. Pensar en la democracia como un mero procedimiento político configurador de formas pero huérfano de contenido es un error. Aún así, miro a mi alrededor ¿y que es lo que veo?

Veo a una patulea de hombres públicos, representantes ejecutivos de la voluntad de unas supuestas mayorías haciendo el ridículo, disfrazando la democracia de mero procedimiento y asumiendo que los grandes consensos morales como la igualdad, la libertad de expresión, la libertad de culto o la prioridad de la paz sobre la guerra son mera decoración y coexisten sí, con lo que ellos llaman democracia pero, por supuesto, no tienen nada que ver con ella.

Veo a los pasajeros de esa nave de los locos en que se ha convertido el país y descubro que sí, ahí estamos todos: trabajadores aprendiendo las mañas de la burguesía, burgueses calculando lo que ganan en tiendas libres de impuestos; tomando en el bar más copas de las que tienen ganas de tomar, jugando a las máquinas tragaperras, haciéndose pasar por víctimas o por héroes, decidiendo si van a ser más o menos honestos cuando los lleven ante los tribunales, esperando medio atontados a que los líderes de los partidos les den nuevas órdenes como si de ello dependiera –por fin - que las aguas del Mar Rojo se abrieran ante ellos o por lo mismo, que los casos de corrupción se olvidaran (en un lado) o los sueños independentistas se hiciesen realidad (en el otro).

No estoy criticando; me limito a observar y no estoy muy segura de qué pensaría si toda esta gente decidiera apoyarse en la barandilla para admirar – simplemente - el juego de luces que se ve en la superficie de las aguas (no olvidar que vamos en la nave de los locos) o, ya en plan más intelectual, se pusieran a hablar del tiempo. Tampoco, por supuesto, soy muy diferente: Hago uso de los certificados que me envían las ONG´s con las que colaboro para así poder desgravar a Hacienda, espero las órdenes como todos los demás, reciclo la basura.

Lo que quiero decir es simplemente esto: nos estamos volviendo locos y – además - Flaubert tenía razón.

 

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