Hasta el 3 de diciembre permanecerá en la Casa Revilla la exposición, ‘La mirada de Kati Horna. Guerra y Revolución (1936-1939)’. Casi un centenar de fotografías de una no muy conocida fotógrafa anarquista húngara. Traigo a este blog una serie de comentarios realizados en el día de su presentación por José María Oterino, miembro del sindicato CGT, organizador de esta muestra y recuperación fotográfica.

La exposición surgió a iniciativa de la CGT del País Valenciá y Murcia, con un equipo formado por mujeres, siendo José María el único hombre (y, me complace decirlo, amigo). Por no alargar el texto, dejo a un lado el apartado cronológico vital-artístico de Horna, bien explicado en el folleto que se entrega a la entrada de la exposición, y centrarme en los apuntes realizados por mi amigo sobre la autora y su obra, que creo harán más atractiva la exposición.

Estando en París trabajando como fotógrafa Kati Horna recibe una propuesta, que acepta, “de hacer un álbum sobre los logros del movimiento libertario, la CNT, FAI y Juventudes Libertarias. En marzo de 1937 llega a España, entrando por Aragón.

Kati Horna se llama así misma una trabajadora del arte, una obrera de la fotografía. Para mí, esto se plasma en que el resto de fotoperiodistas que vienen a cubrir la guerra civil española trabajan para agencias internacionales y comercializan su trabajo –hay un público en Europa, da igual de derechas que de izquierdas, deseoso de ver lo que están leyendo-, Kati Horna, no. Trabaja para la revista de ‘Mujeres Libres’, ‘Estudio’, ‘Tierra y Libertad’ y otras. Y es porque ella hace una apuesta ideológica.

Fotos de la muestra. Foto: Alejandro Romera.
Fotos de la muestra. Foto: Alejandro Romera.

El origen de las fotografías de la exposición son los 270 negativos que ella salva de todo lo que ha fotografiado desde el 37 al 39, año en que sale de España con su marido español, José Horna, un pintor al que conoce en la revista ‘Umbral’.

Esos negativos, en 1980-81, los entrega al Ministerio de Cultura español, que los integra en el Archivo de la Guerra Civil posteriormente Centro Documental de la Memoria Histórica, de Salamanca. Estos negativos son la base con la que empezamos a trabajar. Y estamos orgullosos del trabajo que hemos hecho.

La división que hemos hecho de las fotografías no responde a criterios cronológicos; hemos querido hacer una exposición lo más didáctica posible que muestre distintas facetas de la vida cotidiana de aquel entonces.

Entre los aspectos a destacar, su visión de la guerra. Mientras el resto de fotoperiodistas –Capa, Taro…- se empeñan en fotografiar el aspecto heroico de la guerra, ensalzar la figura del miliciano y la miliciana, Kati Horna nos muestra a la gente que no combate; de todas sus fotografías sólo hay tres o cuatro mostrando a milicianos en actitud de combate.

Kati Horna quiere transmitir lo que pensaba, sentía la gente. Algunos críticos de fotografía, hablan de fotografías que te hacen interrogarte, ¿qué hace esa persona ahí? ¿qué ha pasado antes? ¿qué pasará después?. Porque lo que retrata es la vida cotidiana de la población en la guerra civil. Hay bastantes fotos sobre refugiados repartidos por las zonas leales a la República Almería, Barcelona, Valencia, Madrid… centros de acogida, de maternidad, teatro infantil en la calle, colectividades campesinas, de las que había unas cinco mil…

Otro aspecto que distingue a Horna del resto de fotógrafos es su cámara. El fotoperiodismo de guerra es posible gracias a cámaras más ligeras, como la Leika; sin embargo, la de Horna –si no recuerdo mal se la regala su madre cuando vuelve de Berlín- es una Rolleiflex, la típica cámara grandota que para hacer las fotos miras desde arriba en lugar de frente. Esto le da una perspectiva distinta. Para algunos estudiosos de la fotografía, la mirada del fotógrafo, fotógrafa en este caso, está un poco por debajo de lo que está retratando, siempre es un poco hacia arriba. Otra característica de esta cámara es que todas las fotos son cuadradas, resultado del tipo de película que exigía esta cámara.

Kati Horna tiene un interés especial por la arquitectura, en este caso la arquitectura que resiste los efectos de la guerra; y por el surrealismo, que irá creciendo en su obra mejicana, y aquí hay una muestra en los fotomontajes que realiza para diversas revistas. Con estos fotomontajes pretende mostrar una realidad que sería imposible de fotografiar”.

(La exposición de Kati Horna se inauguró, en julio, en Alicante; después pasó a Valencia, Madrid, Burgos, ahora en Valladolid, para seguir a continuación hacia Galicia).


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