Hablemos de música. Empezando por un error. Hace un año decía que “Solos”, de Bravo Fisher! entraría en la lista de los cien discos más vendidos en España. El tercer disco del vallisoletano acababa de salir a la calle. Me ha pasado alguna que otra vez, creer que algo nuevo tendría cabida en uno de los medidores-orientadores del consumo musical. Veamos cuáles son los discos punteros del top 100 nacional en esta última semana.

Del 1 al 20: Alboran, El Barrio, Vetusta Morla, Fito, Antoniojosé, Taylor Swift, Iron Madien, Sergio Dalma, Bunbury, Danimartín, Manolo García, Demarco, Xoel López, José María Ruiz, Rozalén, Merche, Los Secretos, Ecos del Rocío, Ed Sheeran, Ismael Serrano.

Las guitarritas como instrumento predominante y eso nos trae rockheavycantautor/a poperosmestizos andaluzaosrumberos. Si entramos en el top 100 singles o airplay sí se encontrará algún sonido nuevo o sin guitarras base, tipo trap –no lo digo yo- malumero; sí, también está C. Tangana, gracias a que ha encontrado el apoyo de una multinacional.

Si Bravo Fisher! estuviera en una multi lo más seguro es que hubiera entrado en esa lista; su actual disquera sólo coloca en el top a los de las guitarras –Corizonas, Stanich, por citar alguna referencia vallisoletana-, los que alimentan el circuito indie, inamovible desde hace décadas (luego, el festival al que acude más gente, con diferencia, es el dedicado a la electrónica-música de baile, el Dreambeach, en España).

Inciso: la lista esta del top100 se basa en pedidos que hacen los que venden discos, las grandes superficies y alguna tienda (en Valladolid hay una, discocenter, creo que se llama). No en las ventas reales. Son suposiciones de ventas que se hacen en base a lo que se cree que gusta a la gente (pueden resultar más ‘reales’ las listas de singles). También permite el juego mercantil de las multinacionales discográficas. Por ejemplo, el último disco de Pitingo, otro con ese rollo de la soulería, volvió a entrar en la lista mucho después de que desapareciera de esta –pasó sin pena ni gloria- coincidiendo con las declaraciones de éste sobre que no iría a Cataluña a cantar porque le daba miedo. ¿Recompensa, para el muchacho, que sacó un disco de flamenco, que es su todo según dice, antes de volver a lo segurosoul, y del que no vendió na-da? Pobre Pitingo (los discos de flamenco –o algo así- que entran en la lista son los que publican las multinacionales). También podría haber puesto el ejemplo de Maluma en lugar del de Pitingo. El último trabajo del ¿colombiano?, o de por ahí, se presenta con un mediometrajevideoclip, una peliculita que viene a rebatir la imagen de otras pelis sobre los barrios pobres de ese país o países latinoamericanos: los chicos y las chicas se lo pasan bien –juegan a carreras de motos-, y lo único que les preocupa es el amol. Nada de drogas, nada de abandono por parte de la clase política, pobres, pero felices y a lasu moda. Directo al nº1, nominated to grammy awards.

Poco de inocente tiene esto de los gustos musicales. A mí me da por pensar que la música, las canciones no tienen tanta importancia como en tiempos anteriores. A saber qué pasa en el mundo no occidental, del que una vez pasada la moda músicas del mundo no entra en sus noticias (las listas de world music siguen apostando por las antiguas formas, tampoco aquí están por la cosa electrónica, oh los griots, las raí-ces).

En Valladolid, pues a lo verbenero, básicamente, soñar con ser el grupo que tome el relevo de Los Pichas para cerrar las ferias y fiestas de la ciudad. Hay que entretener. Sí, siempre te puede sorprender alguien aspirando a algo más, lo más probable es que no viva en Valladolid –Miguel Grimaldo se piró a Madrid, y le va bien, con su rap.

Hay miedo. Los oídos se olvidan de que son canales de la imaginación, la que permite ‘ver’ pensar en cómo será el mundo por venir, con vistas a mejorar el que tenemos. Por ejemplo, un flamenco, una flamenca, ha de plantearse, ahora, cómo hacer su cante en un mundo ghost in the shell o blade runner. Cómo sonaría –no hace falta meter bases electrónicas, aunque podría ayudar- lo jondo en ese territorio. Y pensar en ello con amor. El artista, se supone, conoce el pasado de su arte, lo tiene interiorizado. Si escuchas a Camarón de la Isla suenan todos los flamencos, todas las flamencas que hubo antes de él, y Camarón no hacía revival, no representaba el pasado (y si el flamenco no tuviera lugar en el futuro, lo pasamos bien mientras duró; otro tomará su relevo, o estaremos en la querida utopía, y ya todos/as –salvo las pequeñas resistencias- seremos arte. “He oído mundos que vosotros no creeríais…”, me gustaría).

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