Sobre quién ganará, si por mayoría o no, los tipos de pacto que pueden darse, y qué harán los pactistas o que no les dejarán hacer, si de vuelta al DUI o permanencia del 155… se está hablando, se viene hablando y se seguirá hablando después de las elecciones catalanas de este jueves.

Se estará muy atento a los números. Y habrá un número al que se estará igual de atento: los votos que sacará Podemos Cataluña. La valoración sobre esos votos será de especial interés, seguimiento, titular destacable en el caso de que se produzca una pérdida notable. Indicativa. Para las analistos de los medios y partidos y partidarios. Que pierda Podemos en Cataluña será una ganancia para los partidos tradicionales (incluye a Esquerra). A un nivel regional que pierda la Cup, también será otra ganancia. Para los partidos independentistas.

Una constante desde que Podemos obtuvo cinco millones de votos en las elecciones generales -fue primera fuerza en País Vasco y Cataluña, se hizo con la alcaldía de Madrid y Barcelona, entre otras- ha sido impedir que sume MÁS votos. Para ello se ha hecho especial hincapié en sus “divisiones” internas, sus “contradicciones”, su “populismo”, su “ambigüedad”… tanto desde la derecha como desde la izquierda, centro o extrema.

El mensaje, lanzado por los medios y los partidos, siempre apunta en la misma dirección: no son de fiar. Un ejemplo reciente, el asunto de Carmena y la destitución de su concejal económico; la noticia que daba la Ser al respecto incluía comentarios tipo ‘consecuencias imprevisibles’, ‘fracturas de alcance inimaginable’. Eso siendo una noticia. Luego, los analistas continuarían ahondando en el apocalipsis podemita.

Luego vendría la explicación de Manuela Carmena, que se puede interpretar en clave distópica (fantasía preferida por el inmovilismo) o utópica… vale, exagero al decir esto, pero dado el escenario fin del universo tal y como lo conocíamos… Mejor digamos: progreso, que es por donde entiendo va la línea de actuación del Podemos madrileño y su alcaldesa (IU se ausenta).

Podemos es un elemento inquietante dentro de la política tal y como se venía repartiendo. Para todos los partidos sería mejor que despareciera. Puede atraer a los votantes que aterroriza el Pp con sus políticas económico-sociales, pero tenemos el antídoto, fíjate lo bien que funcionó con Franco que os dio la Seguridad Social, ¿acaso no os hicimos ricos con el que ya no es el presidente de nuestro partido?

El Psoe… Izquierda Unida… anticapitalistas… a Ciudadanos no merece la pena ni mentarlo, de hecho estoas eliminarían a todos, bueno, tal vez, dejaran algunos especímenes en formol, y a los yayos del Pp, una buena jubilación.

PUBLICIDAD: El último Gran Hermano, apodado ‘revolution’, planteó una final cruel marca de la casa. Se colocó a dos veinteañeros y a un señor de unos cuarenta y tantos. Al que representaba la juventud trabajadora precaria, pero resuelta, dispuesta a seguir peleando por encontrar un trabajo mejor se le mandó el primero para casa, qué se ha creído el currela este, demasiado que has sido finalista; el otro joven había dado, “mucho juego”, según el argot del programa, parecía tener como ‘mucha’ personalidad, parecía uno de los favoritos, pero estaba enfrentado al tío mayor porque consideraba le había utilizado haciéndolo creer que eran amigos, el chico decía tener razón. El mayor se emocionaba cuando le mentaban a la hija -¿te estará viendo?-, se mostraba como una persona que sabía explicarse o hablar de una manera más o menos entendible –el chico reconocía que no se explicaba bien-, era como: un señor. ¿Quién sabe quien tenía razón? Tele5-GH dijo que el señor. Y castigó duramente al chico con el segundo puesto y un apoyo pequeño de los votantes. Esta juventud… le falta mucho por aprender. Aviso para los/as televidentes (con la poca audiencia que ha tenido el programa, tele5 ha sido fiel a su carácter; la revolution estaba en que este año se iba a romper la norma de los últimos años: no iba ganar ninguna chica). Din Dong.

Cataluña pasa por ser un territorio más ‘avanzado’ que Castilla y León; allí llegan, y suelen aplicarse, las novedades antes que aquí. Barcelona se mide con París o Londres o alguna gran manzana; Valladolid no está mal, para un pueblo.

Votar a Podemos vendría a significar mantener esa inquietud entre los ‘tradicionalistas’; un verdadero aviso para estos navegantes. A mí, eso me atrae. Que cuenten con mi voto, manque pierdan.

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