16:30. Salgo del baño como un tornado con el cepillo aprisionado en la boca, en una de esas peligrosas demostraciones femeninas de “yopuedohacerdoscosasalavez”: seguir cepillando mis dientes mientras me calzo las botas. Error. Calculo mal la distancia del marco a mi pobre pie y le doy un trompazo considerable. La puerta hace ese temido efecto “palanca” con el dedo meñique, que termina mirando hacia Sebastopol.

16:35. Hielo a destajo y juramentos en hebreo y eso que yo no sé hebreo.

Un amigo, solidario, sugiere llevarme al médico: “¡Ni de coña!... vamos, yo me voy a currar ahora mismo… si esto se baja enseguida…”.

17:15. Sala de espera de Urgencias. Aborrezco cordialmente este lugar. ¿Por dónde empiezo?… A ver… No es que yo sea lo que se dice una persona excesivamente escrupulosa, es que este sitio es un “guateque” de gérmenes, que no se ven, y un “festival” de porquería por doquier muy visible. Colillas amontonadas en la entrada, papel higiénico por el suelo del baño, pipas, caramelos, cacahuetes… No exagero… La manada es muy cerdícola. Los de la limpieza hacen lo que pueden.

Me pierdo entre estos vericuetos y la certeza de que me espera una larga espera…¡Ommm! El personal sanitario también hace lo que puede.

Mi buen aliado se ha ido a aparcar. Entretanto me han colocado en una silla de ruedas, así que decido poner rumbo al quiosco. Ojeo la revista Cuore, nada edificante pero entretenida como pocas. Una presentadora de TV confiesa que mantiene una relación “abierta”… ¡¿He oído poliandria en vez de poligamia?! The times they are a changin'.

De repente, levanto la mirada al frente y veo aparecer al mismísimo Papá Noel. Ahí le tienes, con su inverosímil barba blanca y su trajecillo bicolor.

¡Ey, un momento…! Papá Noel anda muy raro… No… Papá Noel parece un poco juma… No, no… Está muy borracho.

A pesar de su estatus, compruebo como cumple religiosamente con todos los trámites: se presenta en admisión, aguarda el turno y entra a la consulta primera.

Mi mente volandera comienza a planear: ¿Qué narices hace el venerable Noel en la sala de Urgencias del hospital? Y lo más importante, ¿por qué está ebrio? No deberían permitirle salir así a la calle… ¡Menudo ejemplo!.

El “temita” me mantiene alerta y disponible para el arte de elucubrar: ¿Le habrán despedido? ¿Los niños le rechazan? ¿Tendrá hipotermia? ¿Será un impostor? ¿Estará esperando a que le avisen para subir al ala infantil?...

Un segundo… I can´t believe it… Papá Noel ha sacado un Nokia 3410 del bolsillo del pantalón… aarg!!! Un modelo de puro trasnochado, vintage. ¡¡¡Si lo descubren los guajes, le harán bullying sin remedio!!! Pobrecito.

Mientras teje la conversación se le escapan hacia la barba postiza unas lágrimas que pueden ser cualquier cosa menos postizas.

Empiezo a mirar alrededor. El estupor inicial de algunos de los presentes al observarle de tal guisa, se ha transformado en total indiferencia. Nadie le dedica una mirada al hombrecillo “blanquirojo”, ya no toca.

Concluyo que nuestra consideración hacia Papá Noel quizá sea como los buenos propósitos en estas fechas, duran un minuto y adiós.

Tal vez el problema sea esta escenografía: la atmósfera de cabreo, impaciencia y disgustos que envuelve la sala de Urgencias. O que la gente pasa de todo, hasta de Papá Noel.

¡Feliz Año y Feliz VIDA!

Pd. "Los personajes y hechos retratados en este artículo son completamente ficticios. Cualquier parecido con personas reales, vivas o muertas, o con hechos reales es pura coincidencia".

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