Luis Ángel González se llama aquel periodista que, a finales de los 80 del siglo pasado, removió la plácida, por vacua, información cultural monopolizada por el único periódico de la ciudad, uno de los decanos de la prensa nacional, existente por aquel entonces, hace unos treinta años.

A finales de los 80 no había nada. Lejos quedaban las pequeñas informaciones sobre otras manifestaciones culturales aportadas por el norte vía Valiño, que duraron lo que tardó la dirección en mandarle, creo recordar, a cortar teletipos y dejar de informar de conciertos. O las que aparecían en la Hoja del Lunes o en el Diario Regional cuando le dio por actualizarse, antes de cerrar (80-81).

Las radios hicieron algo también, pero todo fue diluyéndose pasada la ‘euforia’ –en Valladolid, por eso las comillas- de la movida ochentera. Volvían a ser faro cultural los bardos y las bardas de la Casa Cervantes, don Nicomedes; las pinturitas, los amigos teatreros zarzueleros y compañía; las medianías ocupaban el centro como si sólo existieran ellas. Pero no, seguía habiendo otras propuestas, otros actores culturales, artísticos; aunque sin prensa.

Sucedió que al Psoe le había tocado un periódico, dentro del reparto que se hizo de la antigua prensa del movimiento franquista. Alerta se llamaba. Con sede en Santander (ahí sigue). Y decidieron abrir delegación en Valladolor (y Palencia, me parece). Muy probablemente para contrarrestar el monopolio informativo del norte delibesiano. En la ciudad del Pisuerga venía gobernando el ayuntamiento el Psoe con Bolaños, y las inclinaciones políticas del citado periódico único no estaban por el psoesismo, precisamente.

Tampoco logró gran cosa el Alerta a nivel de información local; estilo Psoe: tender puentes, llevarse bien, enfrentamientos: no, sólo hemos venido a dar nuestra humilde información sin ánimo de molestar diosbienlosabe. El norte no se sintió inquieto, la información local que daba la recién aparecida competencia, era tan aséptica como la suya, más aún si cabe con tantas prevenciones como cargaba. Además el diseño del Alerta jugaba en su contra: feo. Lo único que aportó fue lo de las noticias cortas –tipo 20 minutos-, muchas por página, resaltar el vacuo titular y poco texto de una pureza informativa total (risas).

Desgraciaus. Fotografía: CHENCHO
Desgraciaus. Fotografía: CHENCHO

Luego estaban las páginas de cultura. Y ahí entró en juego nuestro hombre: Luis Ángel González. La PÁGINA diaria de cultura del Alerta estaba al final del periódico, poco había que rascar ahí. Pero los viernes se incluía un suplemento cultural y ahí operó el cambio Luis Ángel.

Había espacio para el teatro no amiguetil, para el cine no munielista, para la fotografía, para la pintura, los libros, la cultura, en definitiva. Y la música, claro. El rock y todas sus variantes que aún se seguían sucediendo en la ciudad. Y flamenco.

Quería Luis Ángel hacer una mezcla de información cultural seria –teatro, arte…- y, la ‘contracultura’ del momento, fanzine –música-; con otras ‘voces’, firmas. Poco a poco conseguiría lo que su periódico no había conseguido con la información local, inquietar al Norte de Castilla.

Hace poco se han celebrado los II reconocimientos musicales otorgados por valladolidwebmusical y entre los grupos homenajeados estaban Los Garbanzos Torraos y demás formaciones que del grupo de La Seca-Medina del Campo surgieron. ¿Y quién realizó un reportaje, a doble página, con fotos, de aquel grupo y de la movida que había en La Seca a finales de los 80?: Luis Ángel González (¿cuánto hacía que no se daba espacio a movidas como esta que sucedían en los pueblos de Valladolid? ¿alguna vez había aparecido escrito en un periódico, Atake de Hemorroidex, y no fuera visto como un mal ejemplo tipo lo-que-pasó-con-LaPollaRecords-en-la-Rondilla?).

El cómic también apareció por las páginas del suplemento –de rebote, las páginas culturales diarias también se hacían eco de esas otras noticias del otro lado de la cultura, las cuales compartía espacio con la movida oficialista cultural, de entonces: Luis Ángel no era enemigo de nadie (se hablaba de folk, del latino que cantaba boleros en el CyLCasino o de lo que traía los 40principales, evitando caer en lameamiguismos, ni, si se podía, críticas acervas) . Según se decía, los días que vendía más ejemplares el Alerta eran los viernes; y vendía muy poco el Alerta, por eso duró lo que vendía.

En las páginas de aquel suplemento cultural había cabida para experimentos, como peculiares relatos, inventados o que daban visiones personales sobre actos culturales acaecidos; también para los seudónimos, algo ya inexistente en la prensa generalista. El juego tenía cabida. O mejor llamarlo desinhibición: frente a la fatua solemnidad de las medianías culturales pucelanas tan pagadas de sí mismas. Y el Norte de Castilla tomó nota: en fin, habrá que hablar de eso.

El resto es historia. Ahí está la información cultural de los periódicos de aquí ¿No necesita ya otro cambio? ¿otro Luis Ángel González? ¿no se merece un reconocimiento por parte de sus colegas periodistas ¡esa asociación!?

Luis Ángel González lo hizo posible (en mi trato con él, llegué a apreciar el pop, algo más; él era más de Beatles, a mí me atraía, puesto a escoger, el modo Kinks; pero entendí –yo: extremista del ritmo y el sentimiento- lo que significaba el pop, bellas canciones que iluminaban, por un momento, sentimientos escondidos, como hacer una inmersión hasta el fondo del mar, tocarlo sólo por un instante y ascender feliz –de permanecer más tiempo allá abajo se ocupan construcciones musicales más complejas como jazz, clásica, flamenco-; recuerdo que me regaló un disco doble de Sam Cooke; yo le regalé el ‘Sincerely’, de Dwight Twilley Band).

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