Parece ser que las tres formaciones de izquierda del Ayto. de Valladolid han acordado una “paz cultural”. Una excelente noticia por la que, en principio, todos debemos felicitarnos, y en especial aquellos que votamos a opciones políticas de izquierda.

La paz siempre es una buena noticia, principalmente porque pone fin a una guerra, pero esta es una paz que, en mi opinión, llega demasiado tarde y tras una guerra que deja unos daños colaterales que pueden resultar irreparables para una izquierda que, muy probablemente, sólo contaba con esta oportunidad.

Se ha perdido un tiempo precioso para llegar al punto de partida de un proyecto que necesita de un mínimo de años de maduración y consolidación de los que ya no se dispone.

Esta paz, para mi, ha tenido un cierto sabor a derrota. A oportunidad perdida. No voy a poner en duda la buena voluntad, disposición y capacidad de trabajo de quienes han trabajado por este acuerdo pero creo sinceramente que llega tarde y que ya no queda espacio para el optimismo ni mucho menos para el entusiasmo, ya sólo queda espacio para las prisas y la improvisación.

Hemos podido saber que fruto de esta paz se pondrá en marcha un nuevo ordenamiento que dote al área de cultura de más eficacia y transparencia y que, a su vez, permita una mayor participación ciudadana a través de consejos sectoriales y de un Consejo de las Artes y de la Cultura.

Capítulo aparte merece el tema de los “consejos”, de los que por el momento poco se sabe y a los que también apenas les queda tiempo para su desarrollo, pero no quiero dejar pasar la oportunidad sin señalar que el ordenamiento del área de cultura era necesario, un toro al que ya hace muchos años había que coger por los cuernos y que, hay que reconocer y aplaudir, sólo ahora se ha tenido la voluntad y el valor de hacerle frente. Sin embargo me cuesta encontrar justificación para la tardanza en ponerlo en marcha. Hubiera sido un éxito redondo que esto se hubiese realizado en el primer año de legislatura, pero a estas alturas me van a perdonar la decepción.

P.D. Tal vez haya un motivo para el optimismo: no repetir el error que se cometió en 2015. Que al menos esta paz sirva para que la izquierda llegue a las elecciones del año que viene con un proyecto cultural claro y definido para Valladolid

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