El llamado conflicto catalán está siendo una auténtica fuente de despropósitos. Por un lado tenemos un gobierno inane, incapaz de dar una respuesta política a un problema de máximo calado, por otro lado tenemos unos políticos nacionalistas que han hecho de una cuestión muy seria, la secesión respecto de un estado soberano, una charlotada y una ocasión permanente de mostrar al mundo entero sus inconsistencias teóricas y sus mezquindades políticas varias. Tampoco faltan los análisis poco rigurosos . Un ejemplo de esto lo encontramos en los concerniente a la génesis y a la filosofía suyacente al artículo 155 de la constitución de 1978. En vez de realizar una análisis serio y riguroso sobre la ingenieria constitucional del precepto en cuestión, señalando sus zonas sombrías (que las tiene y en abundancia); como por ejemplo la inexistencia de un desarrollo por medio de Ley orgánica de los supuestos y el alcance de la intervención de las competencias de una CCAA por parte del gobierno central en caso de manifiesta violación de la lealtad federal, hay quienes realizan una exégesis disparatada del precepto, señalando su “filiación nacional-socialista” y atribuyendo la paternidad intelectual de la misma al jurista afín al nacional-socialismo Carl Schmitt, uno de los juristas de cabecera de lo que se llama el decisionismo en el mundo jurídico.

Con todos mis respetos a los proponentes de esta interpretación, cuya labor en defensa de los derechos humanos y contra la impunidad de los crímenes del franquismo me parecen muy loables, creo que sus análisis sobre el articulo 155 de la constitución yerran completamente. El precepto es un calco de un artículo de la constitución alemana, la llamada Ley Fundamental de Bonn, en concreto del artículo 37 de la misma, cuya literalidad es la siguiente:

“ Si un Land no cumpliere los deberes federales que la Ley

Fundamental u otra ley federal le impongan, el Gobierno

Federal, con la aprobación del Bundesrat, podrá adoptar las

medidas necesarias para obligar al Land al cumplimiento

de dichos deberes por vía coactiva federal”

Si leemos el famoso artículo 155 observamos inmediatamente el parecido con el texto de 1978, sólo que con una diferencia de matiz, en el caso de la constitución de 1978 el incumplimiento de las obligaciones constitucionales por parte de la CCAA debe atentar gravemente al interés general. Podemos entrar en valoraciones sobre si ejercer un derecho de autodeterminación según cauces democráticos es o no atentar contra el interés general, sobre sí cabe algún tipo de consulta legal en Cataluña dentro del marco constitucional español al amparo del art 92 etc.... , las cuales ofrecen un canon interpretativo más ajustado a la realidad del conflicto político existente en el seno del estado.

Por otra parte la llamada Ley fundamental de Bonn, aprobada en 1949, contiene numerosas claúsulas de desnazificación del país e incluso reconoce un derecho de resistencia frente a gobiernos tiránicos e injustos. La misma constitución afirma que es intolerable e inaceptable que en el seno de una organización política federal, cualquier entidad que lo compone pueda violentar las normas que deben presidir las relaciones leales entre la federación y sus miembros. Este carácter antinazi de la ley fundamental de Bonn, de la que deriva el famoso art 155, echa por tierra cualquier pretensión de buscar algún vínculo de dicho artículo con el nacional-socialismo alemán.

Se echan en falta en esa interpretaciones “alternativas” del art. 155 haber profundizado más en las insuficiencias del modelo autonómico español o en el faso carácter federal del título VIII. Sin embargo no se hace y se opta por atribuir a dicho artículo, no a su aplicación más o menos desafortunada, un carácter totalitario, sin demasiada base conceptual para hacerlo.

Mucho más grave me parece la atribución al jurista Carl Schmitt de la idea del control normativo   de las competencias de las entidades federadas. Primero porque supone atribuir a Schmitt una concepción normativista del derecho, que él siempre rechazo, ya que siempre consideró que el derecho no puede entenderse al margen de la realidad en que se aplica, (Léase su obra Uber die drei Arten des rechtswissenschaftlichen Denkens 1934) y segundo por que los proponentes de esa interpretación alternativa del 155 no hacen referencia al problema de fondo que subyace en la controversia sobre la defensa de la constitución que Schmitt mantuvo con el jurista normativista por antonomasia, que fue Hans Kelsen. Es precisamente en el seno de su enfrentamiento sobre la solución al conflicto constitucional prusiano de 1932 [1] en el que surge ese debate tan rico entre ambos sobre cómo se defiende un orden constitucional en una situación de crisis. Frente a la postura kelseniana que defiende la primacia de lo jurídico frente a lo fáctico en una situación de grave crisis constitucional, Schmitt postula la solución contraria ; la prevalencia de la fuerza como restauradora de un orden normativo incapaz de mantener su propia vigencia. La Lógica interna tanto del art 32 de la Ley Fundamental de Bonn como la del artículo 155 de la constitución de 1978 es claramente normativista y por lo tanto alejada de cualquier atisbo de decisionismo. Otra cosa distinta es que la aplicación del art 155 haya sido políticamente conveniente o sí el tenor del artículo resulta demasiado impreciso y ambigüo como para haber requerido en estos cuarenta años casi de vigencia de este texto constitucional de un desarrollo legislativo.

Tampoco coincido en absoluto con su definición de estado de excepción para referirse a la situación política actual en el estado. Los estados de emergencia constitucional recogidos en la constitución de 1978 ( alarma, excepción y sitio) sí tienen un desarrollo legal, mejorable sin duda, que establece sus límites y requisitos.Su existencia en los textos constitucionales obedece a ese propósito de evitar una pérdida de vigencia definitiva de unas garantías constitucionales y no hay nada más alejado de su finalidad que el estado de excepción schmittiano, que hace referencia al poder fáctico que es verdaderamente soberano al poder decidir al margen de las leyes si la situación así lo requiere (Teología Política). En los estados de emergencia constitucional de lo que se trata es de encauzar una situación de crisis sin abandonar definitivamente el marco constitucional. Estados, que por cierto, no se han aplicado en el caso catalán. Otra cosa distinta es que se viva en Cataluña una situación de excepcionalidad política, motivada por la torpeza de un gobierno central y la obcecación nacionalista en jugar al ratón y al gato

Los que me conocen saben de mi compromiso crítico con el proceso constituyente real y efectivo, mis críticas hacia el sistema político actual y mi nula simpatía hacia el gobierno actual, pero eso no obsta para que el rigor intelectual y el firme compromiso personal con la búsqueda de la verdad me lleven a discrepar y a puntualizar aquellas afirmaciones que considero falaces.

Amicus Plato sed magis amica veritas.

Dedicado a Kampanilla

 

 

[1]  El 24 de abril 1932 se celebraron elecciones en el entonces Estado Libre de Prusia, de las que resultó una cámara legislativa dominada por nazis y comunistas. El canciller del reich Franz Von Papen decidió “intervenir” el Länder Prusiano a fín de evitar un gobierno que promoviese disturbios del orden público, por lo que el propio Von Papen se convirtió en “comisario del reich” gobernando al margen del parlamento prusiano.

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