No solo porque nos revindiquemos como esenciales y tengamos la intención de parar el país el próximo día 8.

No solo porque conozcamos nuestros derechos y exijamos se respeten todos y cada uno de ellos YA, AHORA MISMO.

No solo porque hayamos descubierto que nosotras, las mujeres, procedemos de nosotras mismas (y no de una costilla) y eso nos fuerce a ir construyéndonos sin maestros, ni gurús y sin pedir permiso a nadie.

No solo porque –parafraseando a Hockney - algunas estamos más que hartas de no poder decir la verdad para así poder decirla”.

No solo porque frente a los trabajos relacionados con las clásicas formas de prestigio (todavía muy masculinizadas) nos hemos dado cuenta de que, frente a la precarización y la obligada abdicación a la que nos vemos forzadas, la práctica cultural se va feminizando de lo que, por supuesto, algunas pensamos aprovecharnos.

No solo porque, conscientes de que los resultados tardarán en llegar, hemos descubierto que HOY, AHORA lo que importan son los gestos, sobre todo los pequeños, los cotidianos, los que – sobre todo - se reflejan en el lenguaje.

No solo porque quienes hemos hecho del lenguaje nuestra forma de vida hemos comprendido que esa tarea nos da también una responsabilidad, la responsabilidad de cambiar el relato, o al menos, intentarlo con el único fin de recordar –humildemente - al respetable público, un par de cosas.

Entre otras:

Que el feminismo, entendido como movimiento de pensamiento y como activismo político ni fue ni debe ser una moda. Que el feminismo fue y debe seguir siendo una herramienta de transformación social, cultural y económica. Una estructura de pensamiento que lleve a una definitiva redefinición de la mujer dentro de las distintas esferas de la sociedad- empezando por la económica – que nos permita la equiparación con los hombres. Que el feminismo – que NO es uno y trino – si se pretende universal tendrá, en primer lugar, que ser “descolonizado” es decir: respetuoso con las mujeres de los otros mundos que buscan, a su manera y a su paso lo mismo que buscamos nosotras. Sin paternalismos ni condescendencias y, sobre todo, sin creer que porque somos blanquitas sabemos más cosas que ellas.

La vida – dice Anaïs Nin - es un proceso de “llegar a ser”, una combinación de diferentes etapas que todas tenemos que atravesar. El fracaso llega cuando elegimos una de esas etapas y queremos quedarnos a vivir allí para siempre. Eso equivaldría a una forma de morir”.

Feliz día 8, compañeras.

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