Torre de control del Aeropuerto José Martí de La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Torre de control del Aeropuerto José Martí de La Habana. FOTO: Gaspar Francés

Yo me quedo en Cuba  (días 13 y 14)

Regresamos desde Sancti Spíritus a La Habana con pena por lo que dejamos atrás y porque se aproxima la fecha de abandonar el país. El autobús de Víazul sale con algún retraso (12.35 horas). Breve parada en Santa Clara casi dos horas después, y continuamos camino hasta  la capital del país (18.30 horas). Incomprensiblemente en la terminal, ubicada en el Nuevo Vedado junto al Zoológico, no hay ningún taxi, pero surge el cubano espabilado que pregunta el lugar de destino a todos los que estamos rodedos de maletas, mochilas y bolsas. En un instante es capaz de organizarnos y poco a poco nos va colocando en coches. El nuestro rumbo al hotel Mercure-Sevilla, el mismo que habíamos ocupado cuando pisamos territorio cubano.

Tras tomar posesión de la habitación -en este caso la 804-, nos  lanzamos a la calle sin minuto que perder. Volvemos a recorrer parte de los 8 kilómetros del Malecón y nos internamos en la Habana Vieja. Encontramos un restaurante económico donde cenar, de nombre Hanoi, después de esquivar  semioscuras toda clase de agujeros, charcos de reventones de las conducciones y baldeos particulares, cascotes, así  como bolsas con basura, algunas lanzadas desde las viviendas sin el menor aviso de 'agua va'.

hotel Mercure-Sevilla en La Habana. FOTO: Gaspar Francés
hotel Mercure-Sevilla en La Habana. FOTO: Gaspar Francés

Una vez elegidos los platos, sufrimos uno de los habituales apagones de luz que nos obliga a cambiarnos de mesa y buscar otra más cerca de la ventana para aprovechar la del establecimiento de enfrente, que en esta ocasión se ha librado. Todo resulta muy romántico.

-Es que están renovando la conducción eléctrica, se disculpa el camarero.

Restablecido el suministro y repuestas las fuerzas, enfilamos para la Plaza de la Catedral -preciosa e inmaculada-, en cuyos soportales se encuentra la escultura de Antonio Gades (Elda, Alicante, 1936-Madrid, 2004), en actitud entre chulesca y vigilante,  apoyado sobre una de las columnas.

Escultura de Antonio Gades en La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Escultura de Antonio Gades en La Habana. FOTO: Gaspar Francés

"...siendo el más universal de nuestros bailarines, es también el más integramente español de nuestros bailaores...".

Se lee en una placa de bronce -1936-2004- adosada a la pared, y que lleva la firma de Caballero Bonald; ¡no podía ser otro! Gades recibió el 6 de junio de 2004 de manos de Fidel la Orden José Martí, máxima condecoración de la República de Cuba, "por su amor, amistad y fidelidad inquebrantable".  En 2005 sus cenizas fueron enterradas en el Mausoleo de la Revolución Cubana, II Frente Oriental, en Sierra Maestra.

Pared de La Bodeguita del Medio. FOTO: Gaspar Francés
Pared de La Bodeguita del Medio. FOTO: Gaspar Francés

Muy cerca de la Plaza de la Catedral está La Bodeguita del Medio (Empedrado, 207) y su visita es obligada para los turistas. Si la primera noche en La Habana caímos por casualidad en El Floridita - cuna del daiquiri-, cómo no traspasar ahora la puerta de este otro emblemático lugar, igualmente popularizado por Hemingway, y tomarse uno o más mojitos. Los hemos probado mejores, pero el marco es inmejorable, por la música en vivo,  las fotografías y objetos, algunos de Salvador Allende y Fidel...  Cumplido el ritual, a dormir con el pesar de no haber podido atender el encargo de Antonio Curiel (El Curi): "Decidle a Adelaida que El Caballero de la Habana" se retrasa un poco".

Adelaida es una anciana vidente que forma parte del paisaje de la Plaza de la Catedral, pero con la que no coincidimos. Sin embargo, sí  saludamos a 'El Caballero de París', inmortalizado en una estatua, del que toma el alter ego El Curi, instalada en la Plaza de San Francisco Asís y que recrea a un gallego que no le fueron bien las cosas y acabó como indigente.

Plaza de la Revolución

Agente y turistas en la Plaza de la Revolución. FOTO: Gaspar Francés
Agente y turistas en la Plaza de la Revolución. FOTO: Gaspar Francés

Al día siguiente, el primer destino es visitar la Plaza de la Revolución, a la que llegamos tras andar un buen trecho para poder conocer un poco más La Habana y sus habitantes. Alcanzado el objetivo, uno se siente muy pequeño en medio de esa planicie concebida por el urbanista francés Forestier, en los años veinte.

Los feos edificios conocidos por fotografías son todavía más horrorosos al natural. Desde el Memorial a José Martí, a la izquierda, el Ministerio del Interior, sobre cuya fachada está el rostro del Che y la frase: 'Hasta la victoria siempre'. A la derecha, la sede de Telecomunicaciones, con un rostro gemelo al del Che pero de Camilo Cienfuegos y la famosa frase: 'Vas bien Fidel', que se dice que dijo el Héroe de Yagujay -desaparecido el 28 de octubre de 1959, y que hoy tendría 85 años-, la noche de la entrada triunfal en La Habana el 8 de enero de 1959. Hay quien sostiene que fue la respuesta de Camilo a Fidel cuando, durante su discurso en el campamento militar de Columbia, este le preguntó: '¿Se oye bien?

Ministerio del Interior en la plaza de la revolución en La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Ministerio del Interior en la plaza de la revolución en La Habana. FOTO: Gaspar Francés

Al lado este de la Plaza, la Biblioteca Nacional José Martí; al oeste, el Teatro Nacional de Cuba. En el centro el Memorial José Martí , de casi 140 metros de altura, la cota más elevada de La Habana en donde cobran 1 CUC por acceder a la primera terraza, luego otros 5 CUC si se quiere progresar más hacia el cielo en un ascensor, que no siempre funciona. En la parte posterior, la sede del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Casi nada.

Tras disfrutar del espacio, que vivió el último acto de masas en la despedida a Fidel -fallecido el 25 de noviembre de 2016- , antes del viaje de sus cenizas por todo el territorio cubano hasta Santiago de Cuba, subimos a un Coco Taxi.

Al fondo la embajada de Estados Unidos en La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Al fondo la embajada de Estados Unidos en La Habana. FOTO: Gaspar Francés

-A la Embajada de Estados Unidos.

Para aclarar cualquier suspicacia del conductor antes de que arranque, añadimos:

-No queremos saber nada de la sede diplomática de USA, pero sí ir hasta ese punto del Malecón.

Parece que la aclaración ha surtido su efecto y el conductor se empeña en deleitarnos durante el trayecto con lo más moderno que tiene: los Bee Gees.  Iniciamos el camino por una ruta diferente a la de la ida y el conductor se toma la molestia de ilustrarnos sobre los edificios más importantes de la Plaza de la Revolución y: 

-Por este camino sale el presidente del gobierno con dirección al punto 0, su residencia.

escultura de José Martí con un niño señalando la Embajada estadounidense. FOTO: Gaspar Francés
Escultura de José Martí con un niño señalando la Embajada estadounidense. FOTO: Gaspar Francés

Mientras los hermanos Gibb nos golpean con los temas de su exitoso album Saturday Night Fever, llegamos al destino: la embajada de Estados Unidos. La Sección de Intereses de los Estados Unidos (USINT) en La Habana, abierta en 1977 por decisión de Carter, en julio de 2015 adquirió la condición de Embajada,  por decisión de Obama. La primera Embajada había abierto en 1923 y cerró en 1961, con la ruptura de relaciones diplomáticas de los dos países. 

Las tensas relaciones vivieron un antepenúltimo enfrentamiento, en septiembre del pasado año, cuando el gobierno de Estados Unidos  ordenó que el 60% de su personal abandonase la embajada en Cuba tras alegados "ataques sónicos" contra sus diplomáticos, afectados de pérdida de la audición, mareos y náuseas. El gobierno de Cuba rechazó la denuncia y negó cualquier responsabilidad en el caso, pero a la administración Trump le sirvió para pedir, además de la retirada diplomática, que no se viajara a la Isla pues solo se podría ofrecer "una asistencia de emergencia".

Vista de El Malecón. FOTO: Gaspar Francés
Vista de El Malecón. FOTO: Gaspar Francés

Paseamos largo rato por los alrededores de la Embajada, lo que nos permitió admirar otra estatua de José Mart con niño en brazos, leer las placas con los nombres de ilustres cubanos -entre ellos los Mártires del Asalto al Cuartel Moncada (26 de julio de1953)- y figuras internacionales, conocer el escenario al aire libre denominado Tribuna Antiimperialista José Martí, jalonado con una serie de fusiles apuntando al cielo, donde han tenido lugar grandes conciertos. Y ni perdimos audición, ni sentimos mareros ni náuseas. Eso sí, con unas irrefrenables ganas de beber una cerveza fría (y de paso aligerar la vejiga), entramos en el complejo hostal bar, restaurante abierto en el Malecón, número 663, negocio en el que participa gente de La Charanga Habanera. Un oasís entre tanta destrucción y abandono. En los números 457-459 del propio Malecón -donde se efectuaban los preparativos para el 'Día del Amor y la Amistad'- otro edificio en restauración, en la que interviene "Inversiones Oficina del Historiador de La Habana, Empresa de Proyectos Restauración y Empresa Constructora Puerto Carena".

La casualidad permitió que descubriéramos, internándonos en el casco, 'La Habana 61', restaurante recomendable, entre otros sugerencias, por una especie de salmorejo tropical de lo más refrescante.

Chicos vendiendo fruta en la calle. FOTO: Gaspar Francés
Chicos vendiendo fruta en la calle. FOTO: Gaspar Francés

'Silvio: Que levante la mano la guitarra'

La tarde la dedicamos a la búsqueda de libros. Uno de ellos: 'Silvio: Que levante la mano la guitarra', que había sido presentado en la  Feria del Libro, recién clausurada.  El recorrido por las librerías del Centro y La Habana Vieja era infructuoso. 

-¿Cómo es posible que un libro que acaba de ser editado, que se ha presentado en la Feria... no lo tengan?

-Esto es así en Cuba.

Sin embargo sirvió para que en una librería de viejo nos sacaran un ejemplar de una edición de 1988 (Editorial Letras Cubanas)  ya que el libro, escrito por Víctor Casaus y Luis Rogelio Nogueras, databa de 1984, con una segunda edición en 1987, una tercera en 1988, un cuarta en 1993, una quinta en 2002 y una sexta en 2006. No se trataba de una novedad como creíamos. El título del libro es el mismo que una canción que Silvio escribiera en 1967.

Idalino Sánchez en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en La Habana. FOTO: gaspar Francés
Idalino Sánchez en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau en La Habana. FOTO: gaspar Francés

Después de mucho preguntar, nos indicaron que el libro lo tendrían en  el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, cerca de la Plaza Vieja hacia donde nos dirigimos. Efectivamente, allí estaba  Idalino Sánchez, un veterano enamorado de la poesía, que nos vendería unos ejemplares, editados por el mencionado Centro Cultural y Ediciones La Memoria, además de regalarnos unos versos propios que nos escribió con letra firme, a pesar de los años, en una cuartilla que nos pidió.

"Celebro que ocurra esta nueva edición de Que levante la mano la guitarra, libro escrito por dos amigos muy queridos, con mi total complicidad", escribe Silvio Rodríguez Domínguez (sábado 1º de julio de 2017) en el prólogo.

"De todo lo que se ha escrito sobre mi trabajo", añade Silvio después de otras reflexiones, "Que levante la mano la guitarra es sin duda lo más entrañable. Lo hicimos a seis manos tres amigos. Uno de ellos, el poeta Luis Rogelio Nogueras, se nos fue a los 40. El otro poeta, Víctor Casaus, es quien impulsa esta reedición. Se trata de un libro concebido en tiempos difíciles, complejos, hermosos, en una Cuba que intentaba acercarse a su propio ideal. Mucho de aquel país está en las manos del lector, en asuntos que -si miro en torno- parecen intemporales".

Pintada de MYL en La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Pintada de MYL en La Habana. FOTO: Gaspar Francés

"El nombre sucede después de una pregunta en un aula de niños. Presumir que una guitarra alza la mano para responder , solo es confesar que el testimonio de la vida cabe en los instrumentos que la cuentan, llámese música, cine, pintura, danza, poesía", concluye Silvio.

Tras visitar el Centro Pablo y su hermoso y amplio patio, donde tienen lugar masivas presentaciones, dedicamos el resto de la tarde a buscar "el testimonio de la vida" por galerías de arte, centros culturales, plazas, calles y bares de La Habana. En un mercado callejero, entre insignias de hoces y martillos, estrellas de cinco puntas, efigies de Marx, Lenin, Engels, Fidel, Che, congresos de trabajadores, campesinos, mujeres ... todos ellos necesitados de ser limpiados con un poco de 'Netol', había un pin de Castilla y León reluciente, sobre el que el propietario del puesto no sabe su significado. ¿Cómo llegaría hasta aquí? Por un momento, a uno le viene la imagen del todavía senador Juan José Lucas, cuando era presidente de la Comunidad que, a todo el que se acercaba a medio metro,  endilgaba un pin con la corona real, los castillos  almenados y los leones rampantes...

Museo de Nacional de Bellas Artes y Museo de la Revolución

Parte del Museo de Nacional de Bellas Artes en La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Parte exterior del Museo de Nacional de Bellas Artes en La Habana. FOTO: Gaspar Francés

El último día en Cuba lo dedicamos a visitar dos museos, muy próximos al hotel. El primero el de la Revolución, pero no abría hasta las 10, por lo que empezamos por el Museo Nacional de Bellas Artes. Edificio Arte Cubano que desde una hora antes abre sus puertas. Se encuentra en la calle Trocadero, la misma del hotel.

Se trata de un gran complejo museal, que arranca con el Arte en la Colonia (siglos XVI y XIX) y finaliza con tres salas dedicadas al Arte Contemporáneo (1960-1996). Imposible resumir lo visto, solo destacar las obras de Wifredo Lam (Sagua la Grande, 1920-París, 1982) que supuso la consolidación del arte moderno, en el que jugaron también un importante papel artistas como René Portocarrero (La Habana, 1912-1985), con cuadros maravillosos como Homenaje a Trinidad (1951). En su pintura debió de inspirarse la gallega Mercedes Ruibal. 

Raul Martinez. “La Isla ”, 1970. FOTO: Yelena Furman
Raul Martinez. “La Isla ”, 1970. FOTO: Yelena Furman

Otra merecida mención es a Raúl Martínez (Ciego de Ávila, 1927- La Habana, 1995). Pintor, dibujante, grabador, fotógrafo y diseñador gráfico.  Miembro del grupo Los Once,  que al expresionismo abstracto incorporó elementos de la pintura popular, el collage... '26 de julio de 1964' (de la serie homenajes), es un buen ejemplo. Su evolución le llevó al pop art, donde destaca como uno de los ilustradores más representativos de la Revolución y merecedor del Premio Nacional de Artes Plásticas en su primera edición. Suyo es el  óleo  15 repeticiones de Martí (1966).

"La inconografía martiana abre el camino a la representación pictórica de los héroes contemporáneos en la historia reciente de Cuba; los retratos de Fidel, Camilo y el Che surgen de la conjugación del pop -al estilo de Warhol y Lichtenstein- con las graciosas y emotivas representaciones populares que aparecen en los carteles de las grandes movilizaciones en la Plaza de la Revolución. De esta manera, cobra vida en los cuadros de Raúl, un impresionante repertorio visual surgido de la esencia misma del pueblo y sus líderes ayudando a modelar la imagen dinámica y diversa de una época singular", se puede leer en el catálogo del Museo.

Dibujo del salón infantil del museo. FOTO: Gaspar Francés
Dibujo del salón infantil del museo. FOTO: Gaspar Francés

Servado Cabrera Moreno, Manuel Mendive,  Ruperto Jay Matamoros, Gilberto Frómeta, René Francisco Rodríguez y Eduardo Ponjuán González, Tomás Sánchez y Carlos Alberto Estévez Carasa son algunos de los nombres representativos del arte contemporáneo cubano. Y Gilberto de la Nuez -con un maravilloso óleo titulado 'Esta es la historia' (1980), que representa los hechos más importantes de la historia de Cuba desde  la llegada de Colón en 1492 hasta los primeros años de la la Revolución en 1959.

A la Revolución está dedicado el que fuera palacio presidencial del tirano Fulgencio Batista, del que se han conservado contadas salas y despachos como el del dictador donde permanece la puerta por la que huyó. El resto del edificio -construido entre 1913 y 1920 y que también se encuentra en fase de rehabilitación- está dedicado a narrar en orden cronológico, desde la tercera planta a la baja, la historia de la Revolución aunque no sé sabe por qué extraña razón, muchos visitantes no se enteran.

Visitante viendo una de las vitrinas de la exposición. FOTO: Gaspar Francés
Visitante viendo una de las vitrinas de la exposición. FOTO: Gaspar Francés

-Qué bonito sello, exclama nada más entrar una joven detrás de un puesto de objetos diversos a la venta. Tras unos segundos de duda, entendí que se refería al pin del Che que he llevado desde el segundo día en que llegamos a Cuba.

-No lo habrás comprado aquí, ¿no?

-Pues sí, en Santa Clara, en el Mausoleo del Che.

-No lo había visto nunca; es precioso.

Empezamos el interesantísimo recorrido (con el pin o sello) en su sitio. Se trata de la mejor explicación posible para conocer la historia reciente de Cuba, con un material increíble, en imágenes, uniformes, panfletos, maquetas, piezas de Radio Rebelde ¡Increíble! El respeto de los visitantes es total. Incluso hay hombres y mujeres que no pueden contener la emoción ante algunas vitrinas.

Pabellón Granma en el Museo de la Revolución. FOTO: Gaspar Francés
Pabellón Granma en el Museo de la Revolución. FOTO: Gaspar Francés

Para descargar emoción, no viene mal un poco de humor, que encontramos en la sala Rincón de los Necios: los dos Bush, Reagan y Batista.

Antes de traspasar la puerta de salida, una réplica en bronce de la gorra de Fidel, utilizada en un acto del 50 aniversario de la Fundación de los Comités de la Defensa de la Revolución, en la explanada frente al Museo de la Revolución el 28 de septiembre de 2010, y que ha sido donada por el artista Roberto Chile.

Una frase de Fidel: "...ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad. Quien no es capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismos...".

En el exterior, y en la parte posterior al museo, se encuentra el Pabellón Granma, barco utilizado por Fidel y sus acompañantes para regresar a Cuba desde México. El yate, que hay quien cuestiona sea auténtico, se encuntra en una urna y está rodeado de vehículos, aviones, misiles... utilizados en la Revolución. El recinto está vigilado día y noche por miembros del ejército cubano.

Coda

Un cubano ofreciendo un plátano en un mercado de La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Un cubano ofreciendo un plátano en un mercado de La Habana. FOTO: Gaspar Francés

A punto de dejar Cuba lo hacemos con sentimientos contradictorios. Por una parte, felices por haber cumplido un sueño deseado durante años y haber visto los frutos de la Revolución, en un momento en el que está a punto de concluir un proceso electoral con la votación de los diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, y la renuncia de Raúl Castro (86 años), que podría ser sustituido por Miguel Díaz-Canel Bermúdez (57 años). Aunque resulta dificil predecir qué pasará el 19 de abril, cuando la ANPP  elija al Consejo de Estado y este al sustituto del hermano de Fidel.

Por otra parte, la impresión de cierto cansancio en la población tras tantos años y años de asedio, lucha y resistencia contra el Imperio, que sigue atacando a todo un pueblo que no se ha rendido. Y ahora en tiempos más difíciles, sin 'bloque socialista, sin la Unión Soviética'. 

El Gobierno Trump acababa de anunciar la creación de una nueva Fuerza Operativa en Internet "dedicada a subvertir el orden interno en Cuba". Es decir, utilizar las nuevas tecnologías, algo que viene haciendo desde hace tiempo en sus planes de desestabilización.

Es cierto que hay quien busca desesperadamente sus ancestros españoles para conseguir la doble nacionalidad y poder abandonar la Isla. Entre ellos cierto sector de la juventud que cree no tener expectativas de futuro y no se siente identificado con los míticos mensajes y personajes, aunque por los que siente respeto, mucho respeto. 

Transatlántico atracado en el puerto de La Habana. FOTO: Gaspar Francés
Transatlántico atracado en el puerto de La Habana. FOTO: Gaspar Francés

También están los que han probado irse y han regresado a su país, visto como se las gasta el capitalismo (Recuerdo las fundadas reflexiones de un taxista- Arnando Wallace Domínguez- tras su experiencia laboral en España). "Aquí al menos tenemos una papa caliente" (dicho popular).

'Hoy mi deber era/ cantarle a la patria/ alzar la bandera/ sumarme a la plaza', escribió Silvio Rodríguez en 1979. Mucho más recientemente, Lachy & Yasel, un dúo de Pinar del Río, canta: 'Yo lo prometi/ y le voy a ser fiel/ a la patria de Martí, a la patria de Fidel...'. 

Y para terminar: 'Yo me quedo en mi Habana', que dice Gente de Zona y Orishas.

Publicaciones pasadas:

Por territorio cubano

Por territorio cubano (II)

Por territorio cubano (III)

Por territorio cubano (IV)

Por territorio cubano (V)

Por territorio cubano (VI)

 

 

 

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