Cierto principito volvió del cole con una duda existencial de esas que traen cola y siempre apunto en la libreta de “Tribulaciones interiores infantiles, nada infantiles”:

“¿Mamá, qué curioso que ninguno de los 12 apóstoles fuese mujer, no!?”.

No sé que hubieran argumentado ustedes en mi lugar, ante tamaña observación planeando sobre su cándido primer septenio, pero yo me limité a hacer eso que hacemos las madres y los padres cuando no tenemos LA RESPUESTA, reafirmar sobre lo dicho sin realizar ninguna valoración: “¡Vaya, sí que es curioso, sí…!”. Continué escurriendo el bulto con el siempre solícito “Eso ya te lo explicará tu maestra, pregúntale, anda…”.

¡Qué cobardía y poca elocuencia la mía! El caso es que llevo toda la semana dándole vueltas y, sin querer perderme en andurriales teológicos, confesaré que a mí Jesús siempre me ha caído bien. Es más, creo que su mensaje fue lo más revelador que ha sucedido en este planeta en muchos milenios.

Además, sabemos que Jesús era un hippie y no miraba por encima de su hombro melenudo a nadie, “ni siquiera” a las ninguneadas féminas de la época.

Un coraggioso Scorsese destapó lo que todo el mundo sospechaba, que el de Nazaret era un fenómeno de la integración social, y ahí le tenías paseándose con María Magdalena por “la calle Santiago de Jerusalén”, sin complejos ni prejuicios.

Entonces reflexiono que, si Jesús era tan progre como sospecho, no le importará que reescriba un poco el concepto “apóstol”, todo ello en beneficio de la Educación por la Igualdad de los principitos filósofos que habitan nuestros hogares.

¡Manos a la obra! Voy. A ver… EL TEMA es: modelos de MUJER.

Sería estupendo que nuestros infantes fuesen capaces de ver que detrás de esa compañera de trenzas quizá se encuentre una Juana de Arco, aguerrida y luchadora hasta la médula, y que sobre la otra compi –la de las bambas de lunares- planea el espíritu de Amelia Earhart, y así se explique porque disfruta diseñando aeroplanos última generación, que esa otra niña -la que usa lapiceros de cinco tipos- es una Virginia Wolf contemporánea que reclama una habitación propia para darle con brío al grafito, o que cierta brujita pelirroja será una versión postmoderna de Marie Curie, y por eso, cose a preguntas al de Química, o la chavala que siempre está en silencio -pero cuando habla parece que sube el pan- es una suerte de Teresa de Jesús coetánea.

(A Sor Teresa la citamos por intensa, mística y rebelde, I love Santa Teresa de Jesús, el auténtico ejemplo de cómo una puede pertenecer a un grupo, del cariz que sea, y no perder nunca la independencia, esa autodeterminación… ¡Sí nos gusta!. Además, escribió una poesía inmensa, entre psicotrópica y cuasi carnal… ¡Un puntazo Santa Teresa!).

Tampoco estaría de más que admirasen las piruetas de esa danzarina larguirucha que sigue la estela de Isadora Duncan.

(A la madre de la danza contemporánea hay que reivindicarla por loca, libre y promiscua, tres adjetivos que suelen usarse para denigrarnos. El ballet no sería igual sin su personalísimo trabajo).

Advirtiesen que la pecosa pizpireta conocedora de todos los nombres científicos de los animales es una Jane Goodall actualizada.

Reconociesen que sin la vehemencia de esa Clara Campoamor infantil nunca hubiesen conseguido que les permitiesen celebrar una asamblea de niñas y niños.

O descubriesen que en esa “coletas” -una jefaza que sabe conducir como nadie los juegos en el recreo- habita una Montessori a todas luces.

Se dejasen llevar por una de esas cancioncitas que silba la envolvente y rítmica muchacha del flequillo en punta, que bien podría ser la hermana pequeña de Sofiya Gubaidúlina, y algún día creará una Sinfonía que alimentará los corazones ajenos. Lo hará.

Uniesen sus brazos eco-indómitos a los de esa Wangari Maathai en miniatura, que no cesa de proclamar a los cuatro vientos “¡Arriba las ramas!” en defensa de los árboles.

O se acercasen al cielo de la mano de esa aprendiz de Hipatia, inquietante, sabia y matemática precoz que resuelve las operaciones en tiempo récord.

¡Y ya van 12…!

Si me pongo a evocar MUJERES, la lista es larga. Ahora me viene un chiste fácil: Jesús, el pobre, lo tuvo más sencillo eligiendo entre los hombres, con nosotras hubiese sido harto complejo, pero, no chicos, no tiene gracia trascender errores pasados, acometiendo los propios, ¿verdad?

Mi Principito perspicaz y yo disfrutamos un día de “Mulan”, poema narrativo chino protagonizado por una dama de armas tomar que derivó en cuento cinematográfico. Ya saben… la guerrera oculta tras un perfil masculino que lo mismo reparte mandobles con la espada, que con su filosofía kilbiliana infantilizada nos deja atónitos. Al terminar la peli, me regaló una de esas sonrisas cargadas del eureka infantil, y declaró: “Mamá… ¡Podría decirse que las chicas son guerreras!”.

Encantado de ser espectador del empoderamiento femenino, ¡oigan!. Ambos nos reímos y yo concluí pa mis adentros: “Si un hombrecito crece con esa certeza, se lo pensará dos veces antes de menospreciar a una compañera, ya sea de pupitre, trabajo o vida”. ¡Ojalá sea así!

Redirigiendo al asunto teológico, yo -que siempre he sido muy de alabanzas- no podría finalizar sin soltar un: ¡Viva el nuevo apostolado! ¡Y los 8 de marzo bien moraditos! Sí, pero con ELLOS a nuestro lado. Insistimos un año más. La transformación se obrará pero… ¡NO SIN VOSOTROS!.

Pd. Dedicado a todas las Apóstolas anónimas que habitan nuestros días de diario.

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