Previa: Lo cortés no quita lo valiente

No es oro todo lo que reluce. Que los árboles no nos impidan ver el bosque. A barriga llena, corazón contento. Pues tenemos hogazas, no busquemos tortas. Y, por último: mozo redicho, malavenido… o también: persona refranera, persona puñetera (variante genérica de un viejo refrán machista)… Pero vayamos por partes.

No es oro todo lo que reluce:

Huelga general laboral (de 24 horas): un fracaso. Paró un escaso o menos 10% de la población activa ocupada. Hubo dignas excepciones, por supuesto.

Huelga general de consumo (de 24 horas): un fiasco. El jueves 8M hubo un consumo eléctrico promedio similar al del día anterior. La hostelería de los centros urbanos se abarrotó tras las manifestaciones de la tarde-noche; algún establecimiento hizo más caja que en todo el fin de semana.

Huelga general de cuidados (de 24 horas): mínima. Si las huelgas laboral y de consumo no tuvieron casi incidencia, qué cabe suponer de la de cuidados. Si nos referimos a los cuidados domésticos, mujeres hubo que hicieron compra, limpiaron y prepararon la comida el día anterior. Si nos referimos a la atención a personas ancianas, enfermas e infantes, ni el personal geriátrico, sanitario o educativo paró en general, salvo honrosas excepciones. Y, por supuesto, pocos hombres hicieron labores de cuidados.

Huelga general estudiantil (de 24 horas): irregular. Colegios públicos y privados, IES y Universidades mayoritariamente funcionaron con normalidad, aunque también hubo paros importantes en ciertos lugares y en destacadas instituciones educativas de la geografía del reino.

Que los árboles no nos impidan ver el bosque:

Las históricas y populosas manifestaciones del pasado 8 de marzo, colapsando durante dos o tres horas el centro de la mayor parte de las ciudades, son indicadores de un nuevo ciclo de descontento social que se ha visto focalizado con las más que legítimas denuncias, críticas y reivindicaciones feministas. El feminismo de clase y combativo tiene que felicitarse por ello. Pero los éxitos mediáticos y de movilización del 8M no deben ni pueden ocultar el fracaso real de la huelga general en todos sus frentes.

Si algo enseñó el 15M en 2011 es que la presencia activa en las calles con proclamas genéricas no garantiza por sí misma ni vuelcos reales al sistema dominante, ni abre necesariamente suturas en las relaciones de poder.

A barriga llena, corazón contento:

Cuando algunas élites políticas, en su disputa por la gobernabilidad del reino, pugnan con patética demagogia por hacer suyo lo que dos días antes calificaban -con razón- de ‘anticapitalista’, hay algo que falla. El mediocre, pero seguramente efectivo, oportunismo político no puede ser la única explicación. El combate contra el marchamo del ‘feminismo políticamente correcto’ acaba de empezar.

Cuando el sindicato institucional ccoo-ugt celebra como histórica su convocatoria de dos horas de paro, tras ‘invitar’ con el correspondiente apoyo mediático -y empresarial- a que no se hiciera huelga general de jornada completa, y tras los ataques procedentes de distintas fuentes -también feministas- al carácter mixto de la misma, la huelga general -por supuesto anticapitalista- se sabía precaria.

Pues tenemos hogazas, no busquemos tortas:

Tanto el fracaso de la huelga general feminista como el éxito de las movilizaciones, acontecimientos paradójicos en apariencia, tienen que ser necesariamente analizados conjuntamente con el fin de acometer los nuevos retos de conflictividad social que se avecinan. El feminismo y el sindicalismo de clase están llamados a reflexionar en detalle y profundidad en torno al proceso que culminó el pasado 8 de marzo.

Pero también hay que resaltar que, a pesar del fracaso numérico, fueron muchas las mujeres y hombres que hicimos huelga general de jornada completa, muchas personas las que hicimos huelga de consumo, muchas las mujeres que hicieron huelga de cuidados, y muchas las estudiantes que desde por la mañana animaron las calles con proclamas feministas. El impacto real de todo esto, y el trabajo previo de difusión y complicidad de clase realizado magistralmente por la militancia anarcosindicalista y feminista de base, se expresó de forma contundente en las multitudinarias manifestaciones de la tarde.

La resultante es la articulación de un nuevo escenario social y, lo más importante, ese escenario lo ha puesto en la agenda pública el feminismo y el sindicalismo de clase. Más allá de los pormenores del fracaso y de sus variadas claves explicativas, hay que apuntalar, consolidar y extender lo que sin duda ha sido la victoria fundamental de esa jornada, la dirimida precisamente en el terreno de las ideas: el discurso antipatriarcal y anticapitalista (El movimiento feminista afianza su discurso "antipatriarcal y anticapitalista" con una jornada histórica en Valladolid).

Moraleja: Aunque sólo consigamos hogazas, sigamos buscando ricas tortas... O dicho de otro modo: ¡A por la siguiente huelga, compañeras!

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