En realidad, la pintada completa decía y dice, Mujeres, acordaos de los presos. En una pared de mi pueblo está. Si te portas bien, te diré al escucho dónde queda exactamente, cuando vayas a San Roque l’Acebal. Los presos eran los mineros de la Revolución de 1934, embutidos en la cárcel de Oviedo. Las mujeres, por su parte, eran las que iban a votar por segunda vez en su vida. La primera había sido en noviembre de 1933. Mi madre, que fue una de esas mujeres, no guardaba buen recuerdo de esa primera vez. Llovía mucho, quejaba, y tuve un tropiezo con un interventor que me acusó de querer votar dos veces. Dicen que, por votar las mujeres, vino el Bienio Negro y fascista al país. Ahora, en febrero de 1936, las mujeres, y los hombres, se acordaron de los presos y el Frente Popular ganó las Elecciones en toda España. Luego vino el generalín con su Golpe de Estado de julio de 1936 y, ayudado de alemanes e italianos, la cosa acabó como ya sabemos.

Durante mi infancia, nací en 1953, en mi casa se rezaba el rosario muchas noches. A veces, mi madre decía al final, Ahora una oración por los presos, por los que están en las cárceles. Mi padre, de derechas, el hombre, componía rostro de póquer y no decía nada. Unos años más tarde, cuando ya me coscaba de algunas cosas (y leía a Kropotkin a escondidas), yo le preguntaba a mi madre, ¿Por quién rezábamos, por todos los presos, contrabandistas y atracadores que había en las cárceles? Mi madre, muy sabia, informaba: No, por ésos también, pero era por los presos nuestros.

¿Quiénes eran Los Nuestros? Los nuestros eran las mujeres y hombres asturianos que habían sobrevivido a la Guerra Civil y estaban diseminados por los penales de España, sólo por intentar la instauración del comunismo libertario (gracias, aunque sea con retraso). Sí, a finales de los cincuenta y primeros sesenta fue esto que os cuento, queridos míos, que la historia no ha empezado con Suárez y Felipe González. Mi tío Sidoro, por ejemplo, quien se comió seis años en el penal del Puerto de Santa María por ser alcalde socialista tres meses, desde abril a julio de 1936, con veintisiete años. Los anarquistas quisieron quemar los santos de la iglesia de San Roque L’Acebal, como no ardían, porque eran de pasta, no de madera, los dejaron en medio de la Ería de La Pandera (Qué poco saben los turistas que circulan por la Autovía del Cantábrico que debajo del asfalto fue el intento). Sidoro, el pobre, recogió los santos a medio quemar, los volvió a la iglesia, también a medio quemar, trancó el portón y bajó a Llanes a devolver la llave al Comité. Luego, dimitió. Ése fue todo su pecado. Cuando volvió del penal, ya nunca fue el mismo. Tuberculosis. Pero tenía un bigote como el de Nietzsche, que nunca en su vida quiso afeitarse, ni perdonó al cacique que le denunció y luego, arrepentido, con el pie en el estribo y de la mano del cura, le llamó para pedirle perdón. Los Balmori somos muy tercos: gente difícil, pero con cierto sentido de la lealtad.

Venidos a nuestro tiempo, pero sin cambiar de país, tengo a bien, hoy que llueve en Castilla, acordarme de los Jordis, los presos políticos catalanes que están en la cárcel por ser diferentes. A mí, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart me caen bien. Puede que sea porque los dos tienen barba, o puede que sea porque estoy a favor de que los pueblos decidan su futuro libremente, aunque se equivoquen. No voy a meterme en honduras de ningún tipo: nací en Llanes y vivo en Valladolid, soy español hasta los tuétanos, seré mal español, pero muy español. Castellano hasta la boina, me quedo extasiado en otoño en esos pueblos medio vacíos, si es caso con una picota o rollo en la plaza, y esos tesos marrones, que dan ganas de gritar, a quien sea que los haya creado, Bien hecho, coño. Y las avutardas en un ribazo de Carrolagranja, en Castronuño. Y de Asturias, ni te cuento. Pero, en la misma medida, otros lugares tienen derecho a mirarse el ombligo todo lo que quieran, venerar a su tierra, llamar nación a su país y tomar sus propias decisiones políticas, sin que los metan en la cárcel. No sé si me explico. No, no es bueno que en España haya presos políticos en estos tiempos ni nunca. En cualquier caso, y ahora que venimos a cuentas, ¿por qué los Jordis y no…? (aquí venían nombres y apellidos, los quité; puse iniciales, las quité, por la Ley Mordaza: qué quieres, soy cobarde y vividor, me gusta el aire libre). O salen estos barbudos del abanico, o que entren palante todos los gurtelianos y puniqueses que pueblan la piel de toro.

Se acercan, os comunico, Elecciones en España, generales, autonómicas, municipales, europeas, yo qué sé. Lo huelo en el aire, como los caballos y las vacas huelen la lluvia. Llegado el día, habrá que votar, si tenemos el cuerpo para ello y no llueve mucho. En verdad os digo que no sé qué haré con el papeluco. En todo caso, siempre me quedará el PACMA de mis queridos defensores de los animales. Pero yo preferiría que mujeres y hombres nos acordáramos de los presos. Al votar, digo.

Bernabé Balmori, aunque en el carné de identidad diga otra cosa.

 

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