Que la señora Cifuentes sea una mentirosa patológica es algo, digamos, inverificable. Lo sería, es decir, sería verificable si lo suyo se tratase de una cualidad específica (que no lo es) o si ella se hubiera medido a sí misma. Pero resulta que a diferencia (por ejemplo) de Perico los Palotes que se toma por él mismo, la Cifuentes, ni siquiera se toma por la Cifuentes. Es decir, no se toma ni por ella misma, ni por otra. Dice esto o no lo dice o bien dice lo contrario merced de la coyuntura. La Verdad no tiene nada que ver con Ella pues Ella es solo o apenas una política y lo político es hoy de tal naturaleza que sonroja y ha dejado de ser el lugar de la Verdad o ni, mucho menos, de la Excelencia.

Porque, vamos a ver:

¿Cómo pretender que esa trilera - y el equipo de sus cuates – aspire a demostrarnos nada cuando la Juan Carlos es una Universidad en donde nunca existió (recuerden al ínclito Suarez, hijo a su vez de otro Suarez que fue profesor de la nuestra) repito, nunca existió la voluntad o la excelencia necesarias o ni tampoco el proceso de selección y representación que pudiera haberlas hecho posibles?

¿Cómo vamos a querer que una Universidad gangosa aspire a representar la Verdad y la Excelencia para la Comunidad cuando es la misma Comunidad la que carece de la confianza y de la exigencia necesarias para exigir que ambas cualidades sean - SÍ o SÍ - indispensables, no solo en la Universidad sino también, en el resto de las instituciones supuestamente elegidas para representarnos?

Resulta vano, a mi modo de ver, debatir sobre si estas joyitas, (Cifuentes, Rector, Catedráticos) han de ser o no guillotinadas cuando es la propia Universidad quien lo fue hace ya mucho tiempo.

Claro que quizá pueda ser (también) que fuera la misma Universidad la que decidiese – hace ya tiempo - guillotinarse a sí misma renunciando al privilegio de impartir Verdad y Sabiduría (aunque sean relativas) para, a continuación y ya disuelta y anulada en su propia masa, con la cabeza colgando hacernos, sobre todo a algunas, vomitar.

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