Habla V.: “Siempre lo mismo cuando llegaba Semana Santa: imposible encontrar costo en la ciudad. Y si lo encontrabas, ful. Y días antes los periódicos, las radios anunciaban una redada con captura de tanto y cuanto, luego en vez de gramos empezaron a decir dosis, que abulta más y suena más ‘peligroso’, y su correspondencia en dinero. Precios al alza, según la policía. Ya no estoy al tanto, pero creo que será lo mismo ahora. Me decía un colega que ha habido captura ya. Traducido: seguridad turistas. Y para gente de esa fe.

Ahora están con lo de la Línea de la Concepción, los narcos de Cádiz. Que se enfrentan a la policía ¿Mercenarios del Estado? Como quieras. ¿Cuánto tardará en salir ‘detención de polis guardias civiles corruptos implicados en el narco’? ¿Tú has estado por allí? ¿Qué va a hacer la gente sin curro si no dedicarse al narcotráfico? Qué palabra, esta. Y si no fuera por estos que trafican ¿de qué se iba a sostener esa provincia?”

Pero las novelas, las pelis, las series de tv, y los medios, claro, dicen que son los malos, los que comercian con droga. Peor que malos, espantosos. México terror. Los polis son los protagonistas mayoritarios de estas ficciones. Las polis también. Y los magos, los escritores, los Holmes reencarnados. Ni un poli protagonista en las novelas de David Goodis. Y el de Jim Thompson, dos novelas, ya ves de qué iba el cuidador de 1.280 almas, el asesino dentro de mí. O los de Dashiell Hammet, sin nombre, sin rostro.

Ahora se incide mucho en que los polis son humanos. Es decir, que sienten como los no polis. Incluso ellos lo dicen, es que somos humanos. Qué tontería, si no fuera humano no habría/sería policía. Pero ellos se refieren a otra cosa, una ilusión: amar, el amor, se ilusionan con que sí pueden. Como en las novelas.

Entre los más destacados de quienes escriben novelas policiacas, los polis son corruptos en grado máximo. Realismo, verdad, sinceridad por parte del autor de no ser un propagandista de los mercenarios del Estado. James Ellroy, el mejor: todos corruptos, asesinos, y por ahí. Una y otra vez, novela tras novela. Implacable. Como tiene que ser ya puestos a dar el protagonismo a unos personajes que sirven al autor para certificar que lo es, a través de demostrar su gran capacidad para manejar información, mucha, que haga veraz su novela, y luego como rasgo ‘artístico’, ejercicio de estilo. ¡La forma! Lo veo también en David Peace (no en ese de ‘El cartel’). Incapacidad para cambiar el lenguaje, a la postre. Ese es el trabajo que deberían hacer (Ellroy se acerca cuando habla de sí mismo).

El único FBI interesante es el de David Lynch para ‘Twin Peaks’. Gente bizarra, paranormal o muy normal como la transexualidad (en la tercera temporada la jefa de personal lo es). Un imposible.

Tal vez los que generan cierta empatía sean los de homicidios, por estar en contacto con los fluidos de estos nuestros cuerpos humanos, lo que señala la verdadera, real humanidad: la sangre, las heces, el semen. Véase ‘The wire’.

Luego están los jueces y los fiscales, las juezas y las fiscales. Independientes, por supuesto. De nosotros, de aquellos a quienes enjuician, los raperos, las revistas de humor (Mongolia), los que han sido engañados por los bancos… Esa es su independencia: sentencias desproporcionadas (sus ejercicios de estilo). Sí, también hay algunos y algunas entre estos/as que se creen lo de la independencia, aprendida en esas clases universitarias, a las que sí asistieron, como a los masters, que tienen y pueden mostrarlos. Acaban desapareciendo, jubilados –han conseguido llegar ¡no es moco de pavo!-, como tertulianos… El mejor poli es el expoli, como Serpico, hay que señalar (para no herir su sensibilidad).

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