Este 14 de abril de 2018 se celebra el 87º aniversario de la proclamación de la II República Española. Esta breve época histórica trajo consigo uno de los mayores avances democráticos y sociales que nunca antes se habían vivido en la historia de nuestro país. En el plano más jurídico, la Constitución de 1931 es, probablemente, la Carta Magna más avanzada que hemos tenido hasta la fecha, incluso más que la vigente, en cuestiones tales como el Estado social o los derechos de participación democrática. Pero, en este aniversario de la II República, quiero reivindicar y hacer mi particular homenaje a la solución que dio el constituyente republicano al problema territorial: el Estado Integral republicano.

El modelo de la Constitución de 1931 aportó a nuestro país el segundo intento descentralizador del poder, tras el fracaso federal de la I República. El término usado por el constituyente republicano no había sido utilizado nunca antes. Es sumamente interesante acudir a los debates constituyentes de la época para conocer cuáles fueron los motivos por los cuales se decidió adoptar esta forma de Estado. Pero es ineludible mencionar antes lo que supuso en 1930 el Pacto de San Sebastián, llevado a cabo entre las fuerzas republicanas y los nacionalistas catalanes. En este Acuerdo, en palabras de Indalecio Prieto en un artículo publicado en el diario El Sol el 19 de agosto de 1930, el problema de Cataluña “quedó resuelto en el sentido de que los reunidos aceptaban la presentación a unas Cortes Constituyentes de un estatuto redactado libremente por Cataluña para regular su vida regional y sus relaciones con el Estado Español”. Es decir, que el problema territorial español venía indisolublemente unido a la cuestión catalana; igual que posteriormente el Estado Autonómico de 1978 fue un consenso que trató de dar solución a los nacionalismos vasco y catalán.

Pero al que se le atribuye la inclusión de la fórmula “Estado Integral” en la Constitución republicana es al Presidente de la Comisión Constitucional, el también profesor de Derecho Penal, Jiménez de Asúa, quién entendería el Estado Integral como una síntesis superadora del Estado unitario y del Estado federal. En su libro Proceso histórico de la Constitución de la República Española escribe que “frente al Estado unitario, tiene el integral la ventaja, en nuestro caso, de ser compatible, sin imponerlas, con diversos grados de autonomía regionales (…). Y frente al Estado federal, tiene el provecho de permitir, sin desnaturalizarse, la existencia de estos territorios, ligados por estrecha dependencia político administrativa, al Estado, junto a aquellas otras regiones que quieran y estén capacitadas para asumir funciones de autodeterminación”. El que fuera el primero en estudiar el Estado Integral, el jurista italiano Ambrosini, también diría que el modelo traído por la II República constituía una fórmula nueva de descentralización del poder a caballo entre el Estado federal y el Estado centralizado; que luego se conocería como Estado regional, y que ha servido de inspiración posteriormente a otros países, como Italia, Portugal o Bélgica, además de, por supuesto, al nuestro, a través de la constitucionalización del Estado Autonómico.

Se dice que la figura que más inspiró al ilustre jurista en la adopción de dicha fórmula fue Hugo Preuß, considerado el padre de la Constitución de Weimar. Para Jiménez de Asúa, el Estado Integral ya se había puesto en marcha en Alemania desde la promulgación de su Constitución.

En definitiva, es necesario poner en valor los logros que como país hemos tenido a lo largo de nuestra historia y que han servido como ejemplo en otros lugares del mundo. Si somos patriotas, debemos estar orgullosos de ello. En un momento en el cual casi todas las instituciones están en crisis, Estado Autonómico incluido, no está de más echar la mirada hacia atrás para conocer mejor nuestro pasado reciente y saber por qué hoy, en este caso, España cuenta con el modelo territorial del que decidió dotarse en 1978. Posiblemente el Estado de las autonomías, tal y como lo conocemos actualmente, que tomó como referencia el Estado Integral republicano, se vea necesitado de reformas. Pero éstas nunca han de desandar el camino recorrido hasta ahora: siempre han de mirar el futuro en un sentido de más y mejor democracia. La descentralización territorial del poder así fue entendida en las dos mejores obras que nuestro constitucionalismo ha dado, la de 1931 y la de 1978: como una profundización en la democracia tras períodos dictatoriales.

Por todo lo anterior, en estas líneas, como homenaje en su 87º aniversario, me permito reivindicar, en particular, el Estado Integral, y, en general, la obra del constituyente republicano como un texto que merece la pena estudiar más a fondo y elevarlo hasta el nivel que se merece. No es de recibo que, en ocasiones, sea más valorado en otros países que en el nuestro. Quienes lucharon por la democracia entonces, quienes lo hicieron durante la dictadura franquista y la transición y quienes lo seguimos haciendo ahora, merecen y merecemos que se reconozca nuestra labor y, sobre todo, la de nuestros antecesores. Por eso, este 14 de abril es de celebración y agradecimiento a aquellos y aquellas que en 1931 nos enseñaron el camino que más tarde debíamos recorrer.

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