Mientras escribimos estas líneas, el Consejero de Sanidad de la Junta de Castilla y León se ha ausentado de la sesión de control del Pleno de las Cortes de Castilla y León, impidiendo a la oposición realizar ni una sola pregunta en torno a la calamitosa gestión de la sanidad en dicha Comunidad Autónoma. Ausencia bastante oportuna, si se tiene en cuenta que la mayor movilización sobre un tema de competencia autonómica que ha conocido Castilla y León en décadas es precisamente la que organizó la Marea Blanca hace escasos meses. Dicha ausencia no ha sido ni es criticada por quienes firmamos este escrito, pues entendemos los problemas de agenda que puede tener un miembro de un Gobierno, que pueden llevar a incluso a cercenar sesiones de control. Lo que ponemos de manifiesto es la tremenda doble vara de medir acerca de dichas ausencias, en diarios como ABC, para quien una ausencia de un Consejero de una sesión de control no es noticia, pero la ausencia de un concejal que no tenía cuestiones a responder sí lo es.

Pero no es éste el motivo principal de este escrito, sino la terrible muestra de ignorancia histórica y de desprecio a Castilla y León por parte del diario ABC Madrid, quien en su página web reduce el Día Oficial de Castilla y León a un “acto de IU en un pueblo”.

La fiesta de Villalar no es un acto de IU en un pueblo. Es la Fiesta Oficial de la Comunidad Autónoma de Castilla y León, tal y como viene recogido en su Estatuto de Autonomía de 1983. La efeméride conmemora el levantamiento de las Comunidades de Castilla en 1520-1522 contra el Emperador Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico, y más concretamente la batalla de Villalar, librada el 23 de abril de 1521. Objeto de debate historiográfico, algunos historiadores como el premio Príncipe de Asturias Joseph Pérez, Henry Kamen o José Antonio Maravall han considerado la revuelta de los comuneros como una de las primeras revoluciones modernas. Así parecen atestiguarlo el carácter protagónico en el levantamiento de profesionales de oficios manuales, los cuales eran considerados viles en la época, o determinadas reivindicaciones de las Juntas comuneras, que luchaban por elementos como el voto por cabeza y no por estamento, dirigirse al Rey como “nuestro vasallo” o negarle el título de Majestad (que se arrogaba como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico). La evocación a Villalar pertenece al acervo de la tradición progresista española, siendo reivindicado políticamente por los liberales del siglo XIX a partir de la visita de El Empecinado a Villalar el 23 de abril de 1821, con motivo del tercer centenario de la derrota. Pintores como Antonio Gisbert evocaron a los comuneros en su obra, y su leyenda alcanzó documentos como el Pacto Federal Castellano, uno de los primeros hitos contra el centralismo español, con claras referencias a las Comunidades. A partir de la segunda mitad del siglo XX la tradición de Villalar resurgió en el marco de la lucha antifranquista y por la democracia, iniciándose una celebración popular en el municipio de Villalar de los Comuneros cada 23 de Abril, reprimida duramente por la Guardia Civil durante el final del franquismo y la transición. Villalar tiene además una clara vocación internacional, como prueba el hecho de que algunos comuneros terminaron en México, país con presencia de Comunidades que algún caso también se organizan en Juntas. Se ha documentado que algunos religiosos participantes en Villalar desarrollaron influencia en las tesis de Bartolomé de las Casas acerca de los derechos de los pueblos indígenas.

Como formación política presente en Castilla y León, Izquierda Unida participa en el Día de Villalar con su carpa propia y realiza su tradicional homenaje a los Comuneros. Porque no entendemos Villalar como un acto de autoafirmación identitaria excluyente sino como un día de reivindicación y lucha, porque entendemos que el espíritu comunero tiene mucho que ver con los ganaderos que se alzan contra multinacionales que pretenden expropiarles sus tierras de pasto para llenarlas de residuos radiactivos, pero también con la lucha por la justicia social de millones de personas, dentro y fuera de Castilla y León, en el acto de Izquierda Unida siempre han estado presentes militantes y dirigentes de IU de fuera de la Comunidad. Pues de lo que se trata no es de hacer un acto de exaltación de la identidad castellana y leonesa, sino de actualizar la tradición comunera al siglo XXI, de construir un proyecto de sociedad alternativa en la que los pueblos de Castilla y León tienen tanto que ganar como nuestros hermanos andaluces, catalanes, madrileños, gallegos, vascos, asturianos, portugueses, nigerianos, rumanos, ecuatorianos, etc.

Por desgracia, España ha sido un país con dos velocidades. Comunidades como Castilla y León han visto durante décadas cómo su única exportación lo ha sido de mano de obra barata, sin contraprestaciones en forma de inversión industrial ni en infraestructuras. Por ello hoy es una Comunidad envejecida, en descenso demográfico permanente. Desde los despachos alfombrados de la Capital del Reino, seguramente se vea a Castilla y León como un páramo despoblado compuesto por ciudadanos de tercera. No es un caso único. Históricamente el centralismo ha operado desde el desprecio a la diferencia. A los catalanes les tocó ser insultados como supuestos agarrados, los vascos sufrieron la inmerecida fama de ser brutos, a los andaluces les tocó el falso estigma de ser vagos (quien realice esta afirmación debería irse a varear olivos o recoger habas una temporada, por un sueldo de jornalero). A los pequeños pueblos de Castilla y León, en el reparto de roles del gran circo español nos ha tocado generosamente el ser los catetos de la boina enroscada.

Quizá por ello, a algunos medios de comunicación les parece ofensivo que un concejal de la Capital del Reino se desplace a un pequeño pueblo de Valladolid para celebrar el Día de la Comunidad Autónoma más grande de España, luchando junto a las y a los pensionistas de nuestros pueblos, junto a las y a los ganaderos amenazados por grandes multinacionales, junto a la juventud que se niega a marcharse y lucha por su tierra. Para algunos este acto podrá parecer una pérdida de tiempo. Para otros precisamente ése es el espacio en el que se encuentra la verdadera Política.

Carlos Sánchez Mato y José Sarrión Andaluz

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