Ni con vino, ni guitarra

yo alegre me he de poner

y aunque yo me meta en farra

entre sueños la ha de ver.

 

Rafael Farina, “Vino amargo”, 1958.

 

Recuerdo cuando en 1992 cubrí para un medio de comunicación local el Encuentro Internacional de Tango de Valladolid. La presencia de Carlos Acuña y Ernesto Rondó en el viejo Teatro Zorrilla, fueron la guinda para un encuentro de baile, música y canto de una calidad extraordinaria. El alma de esta iniciativa era Carlos Hugo San José, bailarín y profesor de tango argentino, afincado en Valladolid en aquella época, conocido con el sobrenombre de “El Pibe Sanjo”. Su paso por nuestra ciudad supuso el embrión de la afición exacerbada por el baile del tango argentino, la milonga y el vals-tango entre la población de nuestra provincia.

En 1999 mi amigo Enrique Cámara de Landa, que había colaborado en el citado encuentro, prestigioso musicólogo y profesor de la Universidad de Valladolid, presentó el disco Passione Argentina, fruto de una investigación sobre tangos italianos de los años 30, editado por la UVa y el Ministerio de Cultura Italiano. Tras la presentación, con unas cañas entre amigos, le hablé de la posibilidad de que él hiciera algo sobre tangos españoles, ofreciéndole algunos datos y ejemplos, pero me devolvió la pelota; sugiriendo que fuera yo quien escribiese algo al respecto, cosa que hasta hoy no había hecho y que de alguna forma le debía.

Las relaciones del Tango con España son inherentes al origen del tango, existiendo algunos trabajos de investigación relativamente recientes, como los de José Luis Alonso, Ernesto Portalet, Javier Barreiro o José Manuel Peña. En la etapa de configuración musical del género, consta la participación de compositores españoles que acompañaban las giras de zarzuela en Argentina. Al surgir el tango argentino con el siglo XX, las tonadilleras que van a Argentina y Uruguay traen el sonido que será el origen del palo flamenco de los “tangos”, influyendo a su vez en el nacimiento de otros palos como los “tangos-tientos” o los “tanguillos”. Asimismo, el tango –como el jazz- será una fuerte influencia para la copla y el cuplé.

Hubo numerosos compositores españoles que cultivaron el tango y que han sido olvidados por el gran público, como Rosendo Llurba, Juan Viladomat, Leopoldo Corretjer, Keppler Lais, Ramuncho,… Existiendo también, desde principios del siglo XX, orquestas españolas especializadas en la interpretación de tango.

En los años 20 fueron las intérpretes femeninas las primeras en grabar tangos: Raquel Meller -al llegar a Argentina en 1920- lanzó “Esthercita”, una versión de “Milonguita” que alcanzó gran éxito. También grabaría en Buenos Aires “Una más”, “Aquel maldito tango” y “Rosa de fuego”. Fueron muchas otras mujeres españolas las que grabaron tangos en aquella época como La Bella Dorita, La Goyita, Ofelia de Aragón,… Destacando entre ellas Ramoncita Rovira, que estrenó el tango español más conocido: “Fumando espero”. Se trata de un producto catalán con letra de Félix Garzo y música de Juan Viladomat. El investigador sobre tango Javier Barreiro, afirma en su artículo “Cantantes españoles de tango” (de la web todotango.com) que no era tabaco lo que se fumaba en la canción, componiendo Viladomat otro tango sobre otro producto de moda en los años 20: “El tango de la cocaína” .

La edad de oro del tango en España surge en 1923, cuando Francisco Spaventa actúa en el Teatro de la Comedia de Madrid. En ese mismo año, actúa -por primera vez en España- Carlos Gardel en el Teatro Apolo de la capital. También en esa época, el bailarín Bernabé Simarra actuó y comenzó a enseñar a bailar tango en España. Pero en líneas generales, el tango que se bailó en España hasta épocas recientes era un tango alisado y académico, muy alejado del tango porteño original. Careciendo de la exacerbada sensualidad y complejidad del tango original, algo generalizado en el tango europeo, cuya única excepción ha sido el tango apache que se bailaba en las tabernas del puerto de Marsella o en los prostíbulos de París.

Celia Gámez e Imperio Argentina, al ser de origen argentino es normal que cantasen tango. Menos conocidas son otras figuras de la copla o el cuplé que también lo cultivaron. Celia Deza, fue la primera intérprete española que sólo canta tango, luego llegan otras figuras como Mario Visconti y Carmencita Aubert.

Con la década de los 30 llegó el cine sonoro y de su mano se sobredimensionó el fenómeno de Carlos Gardel. Durante la década se publican en España numerosas revistas especializadas sobre tango, se forman orquestas, se graba, se escucha, se baila, se canta,... Aparte de las cuatro visitas de Carlos Gardel a España, cabe destacar la presencia en 1935 del gran compositor de tangos y dramaturgo Enrique Santos Discépolo, en esa visita se produce su encuentro con Federico García Lorca que -por lo que sabemos- enriqueció a ambos.

Tras la Guerra Civil, el tango pareció quedar proscrito, muchos tangos se censuraron y sus letras fueron corregidas, la jerga carcelaria del lunfardo y el escaso conocimiento de los censores, evitó que el destrozo fuera mayor. Sus temas eran demasiado pasionales, su música demasiado sensual. Además, los bailes con contacto físico eran considerados cosa del diablo (“Bailes modernos. Joven diviértete de otra forma” decían los carteles del nacionalcatolicismo, en los que aparecían diablos y diablesas bailando agarrado con chicas y chicos inocentes; una tentación temible y carnal, frente a la decente separación de cuerpos que establecía la jota). Sin embargo, un reducido número de personas en España ya habían sido contaminadas, de forma irreversible, por el veneno del tango. En muchas localidades españolas, grandes y pequeñas (como he podido constatar en la provincia de Valladolid), aparece la figura del “tanguero”; auténtica tribu urbana de la posguerra y el franquismo. Un personaje que vestido al estilo de Gardel (muchas veces con sombrero, pañuelo de seda al cuello y traje de raya diplomática), alardeando de chulería porteña, conoce y ama el tango, ofreciéndolo a las personas de su entorno, cantándolo en tabernas y celebraciones.

Durante el franquismo Celia Gámez, Sara Montiel, Jorge Sepúlveda y Marujita Díaz cantarán tangos. Después lo harán un buen número de intérpretes españoles como Serrat, “El Cabrero”, Diego “El Cigala”, Maite Martín, Julio Iglesias, Estrella Morente,…

Entre las mejores composiciones de tango en España en la segunda parte del siglo XX están “Vino Dulce” y “Vino Amargo” de Rafael Farina. A partir de los 60 también destacan algunos tangos compuestos para las películas adolescentes de Rocío Durcal. En 1975 se graba “La aristocracia del barrio” de Joan Manuel Serrat, una magnífica pieza. También es muy llamativo, en los últimos tiempos, la versión tango de “Hace calor”, que Ariel Rot toca siempre en directo, aunque siendo de origen argentino el ex-miembro de Tequila juega con ventaja.

En la actualidad, el tango se sigue cantando en nuestro país, se baila y se ejecuta. El grupo de tango español más conocido y en activo durante las últimas décadas ha sido Malevaje, banda que cumplió en 2017 treinta años en activo, síntoma de la vitalidad de los sonidos porteños. Muy interesante también, es el grupo vallisoletano Concertango, que surgió a finales de los 90 y que ejecuta tango con instrumentación de clásica. He de decir que un grupo de estas características debería haber tenido un éxito nacional. Aquellos quienes los hemos podido ver actuar durante este tiempo, no olvidamos la calidad y belleza de sus conciertos.

En definitiva, el tango en España ha sido un fenómeno tan rico como desconocido, cuya magnitud empieza a destaparse en los últimos años. La memoria histórica del tango en España, no sólo ha sido olvidada, es toda una desconocida. A pesar de su trascendencia musical y popular, no ha sido estudiada suficientemente ni valorada. En mi opinión, por una cultura de “lo español” que fundamenta orgullos absurdos y rechaza aquello que no encaja en su discurso.

A pesar de que la Historia de la Música Española haya abandonado y apenas mencione al tango, el pueblo desde principios del siglo XX se siente irremediablemente atraído hacia una música que está en sus raíces, en sus genes, en su propia cultura, aunque casi nadie lo sepa. Con el mismo tango de Farina que se inicia este artículo puedo decir al respecto: “Palabras se lleva el viento/ como la espuma, se lleva el río/ pero queda el sentimiento/ cuando mucho se ha querío”.

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