He tenido conocimiento de que Fernando Valiño ha tomado la decisión de cerrar su pluma.

Al enterarme me ha venido a la cabeza la imagen de Fernando sentado en la redacción de El Norte de Castilla, cuando estaba en la calle Duque de la Victoria, junto a colegas como María Eugenia o el fotógrafo Luis Laforga, y por allí se dejaba caer con frecuencia un niñato (yo), recién aterrizado en Valladolid, a darle la vara, convencido de que Fernando me proporcionaría información, contactos y todo lo necesario para lo que entonces era para mí toda una ilusión: poder colaborar en contar cosas desde el compromiso.

Y no fallaba. Porque Fernando nunca ha fallado en eso: en desvivirse y hacer todo lo posible para escribir desde el compromiso por las causas en las que él creía, y cree, todas inmensamente nobles.

Nunca ha fallado y aún nunca falla. Porque aunque tras tantos años y tantos desengaños con tanta gente, en un mundo cambiante y de valores volátiles, sus valores son de los que cotizan en la bolsa, pero en la bolsa de valores de la honradez, del compromiso con los desfavorecidos.

Cambió de redacción, pero nunca varió su concepción del periodismo. En periodismo, como en todos los ámbitos de la vida, es imposible escribir desde la objetividad, ya que cada persona, cada profesional, tiene su visión, desde la que se asoma a la realidad. Pero lo que sí se debería exigir es escribir desde la honestidad. Y en eso Fernando ha ido siempre sobrado.

Valiño encontró en este mundo del periodismo el apoyo de otro gran periodista y persona, del que decía que era como su hermano y por tanto con su fallecimiento quedó huérfano: Ángel Luis González Clouté (Angelín, como él le llamaba), del que es imposible no acordarse en el adiós periodístico de Fernando.

Ambos, junto a otros periodistas como Germán, Laura, etc. impulsaron un medio, ÚltimoCero, como continuidad de esa honradez y compromiso, hasta el punto de dar todo su tiempo y afán en el empeño, esperando que contribuyera a un Valladolid un poco mejor, y a difundir lo que otros no pueden y otros no quieren difundir.

Fernando: habrás cerrado la tapa de la pluma, o la tapa del ordenador, pero no has dejado de ser periodista, porque no se puede dejar de serlo. Quien es periodista siempre tendrá la mente enfocada, no se puede evitar tener una predisposición a observar y a escuchar con mente de periodista.

Y seguro que seguirás siendo ese inmenso archivo andante al que acudir cuando se necesita un número de teléfono, un contacto, etc.

Te has ganado el derecho a vivir sin las prisas y sin el estrés que casi siempre acompaña al periodista en activo, pero siempre serás periodista.

Ahí queda tu legado. Un legado personal y profesional que te hace ser referencia en Valladolid. Por ello, aquí va mi humilde reconocimiento como gran persona y como gran periodista que eres.

Patxi Andión escribió una letra para una canción titulada “Con toda la mar detrás”, en la que habla de un marino que amaba su profesión por encima de cualquier sinsabor que pudiera causarle. Esta letra dice:

“Sólo él tiene el derecho de tutearle a la mar (…). Mirad, ahí va. Miradle bien. Miradle bien (…). Era pescador antes de nacer (…). Que nadie levante un vaso. Que nadie se atreva a hablar. Que está pasando un marino. Con toda la mar detrás.

Pues eso: cuando veamos a Fernando pasear, ahora tranquilamente, por Valladolid, miradle bien, miradle bien, pues estaremos viendo a un periodista con toda la dignidad rebosando.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

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