El viejo Marx, de cuyo nacimiento conmemoramos hoy 200 años, habló en su juventud de la “reificación” (Verdinglichung) como un fenómeno propio del capitalismo. La palabrita, que podemos traducir también como “cosificación”, hace referencia a que bajo el Capital los seres humanos, los trabajadores y trabajadoras somos reducidos a un mero objeto o mercancía, y las relaciones que mantenemos entre nosotros como sociedad se reducen a meras relaciones de consumo. Este término parece al pelo a las decisiones que toman grandes multinacionales sobre la vida de miles de personas.

Hace escasas semanas Renault anunció su intención de mandar a la calle a 1.400 trabajadores/as eventuales en Valladolid y Palencia, a pesar de haber cosechado cuantiosos beneficios los últimos años, así como millones de euros en materia de subvenciones públicas precisamente para asegurar que cree empleo estable en nuestra tierra.

En este anuncio de Renault hay dos mentiras. La primera mentira es que se trate de 1.400 trabajadores. El impacto de un ajuste de este tipo va más allá de esas 1.400 personas, pues hay que añadirle el impacto en empleo indirecto, caso de empresas como Faurecia, Adient, Acciona, Visteón, Grupo Antolín, Logitec, o todas las empresas que se dedican a tareas de limpieza, mantenimiento, transporte, logística o labores de apoyo, así como el impacto social en términos de los servicios que dejan de consumir todos estos despidos, tanto directos como indirectos. Así, si en el sector de la automoción se considera que la ratio de empleo indirecto/directo es de entre 2,5- 3,5 a 1, un cálculo optimista situaría en unas 4.000 personas al paro por esta decisión de Renault.

La segunda mentira es que los 1.400 trabajadores/as a los que Renault echa a la calle sean eventuales. Lo cierto es que no hay manera de saber con exactitud cuántos de estos eventuales lo son realmente y cuántos se encuentran en Fraude de Ley y deberían ser indefinidos. Lo que sí sabemos positivamente es que los juzgados de Valladolid han CONDENADO Renault hasta en CUATRO ocasiones por practicar contratos en fraude de ley. En las sentencias los jueces establecen que hay contratos eventuales que no se ajustan a los criterios que exige el estatuto de los Trabajadores de identificación con precisión y claridad acerca de la causa y circunstancias que justifican un modelo de contratación eventual, y que Renault justifica sus contrataciones de manera genera y abstracta, introduciendo distintos modelos de vehículo de modo que es imposible identificar la necesidad de contratación eventual como exige la Ley. Los mismos jueces han destacado el aumento de producción que se produce en esta empresa como algo en claro contraste con el abuso de la figura del contrato eventual. En uno de los casos, además, a una mujer embarazada que logró su readmisión por nulidad al demostrarse que la empresa la había contratado (y despedido) en fraude de ley.

El desprecio a los trabajadores es una constante. Renault se presenta a sí misma como un modelo de responsabilidad social para aprovecharse de subvenciones públicas, mientras luego practica auténticas chapuzas en la contratación, dejando vendidos a sus trabajadores y a sus trabajadoras. No sólo no ha agotado las medidas a su alcance antes de tomar la decisión de eliminar un turno de trabajo: es que además desempeña un modelo radical de restructuración de turnos que causa que muchas de las personas ni siquiera alcancen el año cotizado, quedándose sin posibilidad de prestación por desempleo.

Mientras tanto, continúa la política de prolongaciones de jornada y horas extras, medidas que se revelan absurdas cuando se está echando a la gente a la calle. Todo esto en una empresa con “beneficios récord” y que ha recibido cientos de millones de euros en ayudas públicas para generar empleo en nuestra Comunidad.

A la empresa, hay que exigirle la reubicación de estos trabajadores/as en la empresa y medidas para dar estabilidad a la plantilla.

Y a la Junta de Castilla y León, hay que exigirle contundencia para que la empresa cumpla a lo que se ha comprometido en términos de generación de empleo (bien que nos cuesta a los bolsillos de la ciudadanía) y sobre todo que inste a la Inspección de Trabajo a investigar qué está sucediendo con esta empresa, donde hay ya cuatro sentencias judiciales que dicen que se está realizando contratación eventual en fraude de ley, lo que implicaría un incumplimiento del Plan Industrial que tanto dinero público nos ha costado.

Hoy Herrera ha planteado, ante la pregunta que he formulado sobre esta cuestión, que el problema es que no acepto el modo de funcionamiento del mercado. Lleva razón: no me gustan las leyes del mercado. Y como marxista nada me satisface más que escuchar a un Presidente autonómico culpar al mercado global de los desastres sociales que se causan a nivel local. Pero que nadie se equivoque: ésta no es una decisión forzada por el mercado, al menos no únicamente. Contradiciendo a Rodrigo Rato: no es el mercado, amigo. Es explotación. Es un engaño sistemático de quienes encubren contratos eventuales como indefinidos, de quienes toman decisiones radicales de restructuración de turnos que afectan a la vida de miles de personas.

Ya lo dijo el propio Herrera en una ocasión: las grandes multinacionales no tienen corazón. Pues no. Ni debemos esperar que lo tengan. El Capital es esencialmente una maquinaria de cosechar beneficio que no ve a los trabajadores más que como cosas, mercancías o piezas de recambio que se pueden desechar a voluntad. Lo sabemos desde que un viejo barbudo renano lo analizó en el siglo XIX. ¿Seguimos pensando que Marx ya no está de moda?

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