Ayer me desperté muy sobresaltada.

En medio de una de esas historietas oníricas malignas que de cuando en cuando se escriben en la noche.

De manera muy nítida vi como un individuo -agazapado como una bestia cobarde-esperaba el momento propicio para colarse en mi portal e iniciar una situación pesadillesca.

Soy capaz de evocar el hilo de mi pensamiento mientras se desarrollaba la escena completa. Mirar con el rabillo del ojo a ambos lados de la calle –un clásico en el día a día de una mujer de vuelta a casa- sentirme valiente y segura -por un momento- justo cuando iba a entrar en la vivienda, observar al sujeto detrás camuflado entre dos coches a pocos metros de la entrada, allí. La prisa por querer desaparecer cuanto antes, para un segundo después elaborar la frase: “¡No puede ser cierto…! ¡No me puede estar sucediendo esto a mí!”. Esa construcción mental que se habrá repetido cientos de veces como nefasto prólogo de una violación.

Esto sólo nos acontece a las mujeres ¿saben? Conviene aclararlo aún, a estas alturas de la no fiesta. Es intrínseco, por lo visto, al hecho de nacer hembra en este sistema secular que padecemos.

Nos pasa a nosotras por tener vagina, culo, pechos, toda una suerte de paisaje objeto de atención, inquietud y “disfrute” para algunos ejemplares aquejados de una masculinidad mal entendida. Y les pasa a ellos, a esos “hombres”. Conviene aclararlo también.

Me desperté sobresaltada les decía, sorprendida de la naturaleza de mi sueño porque yo no tengo referencias, ni sucesos al respecto en mi memoria emocional.

Albergo como todas, eso sí, algún episodio de acoso, sobeteo, noviete manipulador, piropo no pedido… va de serie ¿no?.

Entonces reflexiono que mi inquietud al amanecer algo tendrá que ver con los últimos aconteceres mediáticos, con esa impresión de tomadura absoluta de pelo que ha supuesto el varapalo de cierta sentencia de cuyo nombre no quiero acordarme.

Esta sensación de sentirme, sentirnos desprovistas, minadas, de que los agresores de nuestros sagrados templos gocen de una impunidad que cuenta –en cierto modo- con “cobertura” judicial.

Esos machotes que nos piensan como agujeros, meros receptores de un esperma no consentido, parecen gozar del beneplácito de otros “hombres” que eyaculan sobre nosotras con sus dictámenes de igual manera. Sueltan una carcajada siniestra en nuestra carita de mujeres VIOLADAS.

El consentimiento tergiversado campando a sus anchas encima de la integridad de una muchacha que no ha elegido ser la protagonista de esta película de terror, mala, con unos guionistas borrachos, pasados de rosca y desprovistos del más mínimo atisbo de humanidad y empatía hacia la otra. En este caso, “La otra” somos todos afirmo, desde mi sentir de hembra herida, que es el de casi todos, confío.

Porque legitimar una agresión de tal magnitud hace que sintamos que da igual nuestro NO, nuestra resistencia -sea expresada del modo que sea- nuestra ausencia de placer en esta no fiesta en la que nos convertimos en convidados de piedra. Todos ultrajados, vejados y eyaculados.

Y se me ocurre ahora, que cuando estos chicos –iconos de la barbarie sexual- dentro de unos años -estos aprendices de torturadores- tengan una chiquilla, me gustaría ir allá dónde estén, mirarles a los ojos y preguntarles: ¡¿Y si le sucede a tu hija… qué?!.

Entretanto ¡Ojalá ninguna mujer decida mezclar su savia con la de ellos!.

O quizá no deba postergar nada y vaya ahora, al encuentro de esos jueces, ese juez, representante de la justicia más rancia -y peor entendida del mundo- a espetarle la frasecita, así a las bravas. A ver si puede dormir bien esa noche o nos metemos todos en la misma hiriente farsa de “Aquí no pasa nada.”

Las calles se están llenando, las redes, de mujeres que apelan a la solidaridad entre féminas, de luchadoras, de militantes.

Estáis gestando una generación de guerreras y este capítulo de la Historia no debería escribirse así, deberíais ser caballeros en el sentido más encantador de la palabra y ayudarnos a detener esta salvajada. Deberíais poneos un espejo delante y lanzar lapregunta del millón: ¿Contribuyo yo a esto? ¿O lo corto de raíz?.

No nos convirtáis en soldados, por favor. La guerra nunca ha sido nuestra respiración. ¡No lo hagáis! ¡NO!

La manada debería ser un concepto propio de documental de Félix Rodríguez de la Fuente, ¡caramba!.

Vamos para atrás como el cangrejo.

Y yo quiero soñar bonito.

Y que mis hermanas no tengan miedo.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

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