No, escucha, lo que ocurrió fue esto: te mintieron, te vendieron ideas sobre el bien y el mal, te hicieron desconfiar de tu cuerpo y te avergonzaron de tu tesón que era simple resistencia y ellos llamaban manías, emperramiento, histerismo. Se inventaron palabras de asco para tu amor incorrecto y mal situado, te bloquearon con su indiferencia, te infectaron con sus creencias cutres y aburguesadas (y después te hicieron apostatar antes de casarte), te chantajearon con sus roñosas emociones. Te aburrieron hasta morir con sus consejos.

Que nunca te tragaste.

Porque sabes, nadie tuvo que decírtelo, que no hay seguridad, acomodo, buen pasar, ni futuro. Que tú eres la reina de tu propia piel; que tu inviolable libertad solo espera para completarse la de tus compañeras; que lo único que necesitas es una política de la diferencia libremente asumida, una política de los sueños y que “eso”te resulta tan urgente como las gotas de lluvia durante la sequía.

No, nunca ha existido en ti seguridad alguna, solo curiosidad. Aprendiste muy pronto que para despojarse de las dudas ilusorias necesitabas solo la pequeña experiencia que dan los años aprovechados y los por vivir. Y buscaste chamanes y no curas, bardos y no señores, pastores nómadas, recolectores de pereza paleolítica, compañeras y compañeros dulces como la sangre, desnudos como el alif o pintados como los pavos del Campo Grande a contrapelo de una actualidad mortecina y en favor de un ahora siempre sin relojes.

Ahora.

Que es cuando caigo en la cuenta de que solo estás despierta en lo que amas o en lo que deseas justo hasta el horror porque lo demás no es para ti sino mobiliario amortajado, anestesia cotidiana, cagadas mentales y un aburrimiento tan grande como el Gurugú.

De manera que aquí estas, arrastrándote por las grietas, entre las paredes de la iglesiaestadoescuelafábrica, todos esos monolitos paranoicos. Separada de la tribu por una nostalgia infinita escarbas túneles en busca de palabras perdidas, bombas imaginarias y de las otras. Construyendo símbolos que buscan el caos o, al menos, causar una emoción tan intensa como el terror, el asco, la excitación sexual, el asombro o el miedo inspirados en esa inspiración que solo se cría por accidente aun cuando su principal objetivo sea la ingestión de la galaxia.

Sí, que lo sepan: escribes. Conspiras para volverlo todo del revés. ¡Todo! Incluso esas palabras que solo te pertenecen por un rato y que utilizas ansiosa no sea que alguien más venga a robártelas. Escribes.

Lo que no me has dicho nunca es hasta cuándo.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

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