Es más útil prestar atención a quien discrepa de ti que prestar atención a quienes están de acuerdo contigo.

El pasado día 27, la Concejala de Medio Ambiente y Sostenibilidad, María Sánchez, se sentaba en una mesa del Café Zorrilla con Ramiro García, experto en residuos, miembro de Ecologistas en Acción, para un debate público, el primero, sobre el futuro del modo y modelo de la gestión de los residuos en Valladolid. A finales de este año termina la concesión ya prorrogada de la UTE Zarzuela- FCC para la gestión del CTR, del vertedero y de la planta de tratamiento de lixiviados. Algunas asociaciones civiles, movimientos sociales y vecinales de la ciudad, con Ecologistas en Acción como punta de lanza, hemos echado de menos y reclamado un debate previo y la efectiva participación de los ciudadanos en la decisión del futuro y modo de la gestión de los residuos en Valladolid, abogando claramente por una gestión pública directa. Sin embargo, por la vía de los actos político-administrativos y sotto voce nos hemos encontrado hace un mes con una exposición pública sobre el Estudio de Viabilidad y simultáneamente el Anteproyecto para la construcción y explotación mediante concesión de obra pública del Centro de tratamiento y eliminación de residuos.

"Los contratos de Explotación de la Planta de Recuperación y Compostaje del Ayuntamiento de Valladolid, Gestión del Servicio de Tratamiento de Residuos Urbanos y Escombrera en el Vertedero Controlado de Valladolid y Explotación de la Planta de Tratamiento de Lixiviados finalizan el 31 de diciembre de 2018 por lo que se hace necesario proceder a una nueva licitación ya que el Ayuntamiento de Valladolid no dispone de los medios humanos y técnicos para realizar con la debida eficiencia este servicio".

Un Estudio de Viabilidad continuista que en ningún momento cuestiona ni evalúa la gestión privada hasta la fecha y que no plantea el análisis de otras alternativas, como la gestión pública, y que de hecho se acompaña de un Anteproyecto dirigido a repetir en los próximos 15 años el fracaso contrastado del modelo de gestión privada, mediante la licitación de una concesión de un servicio urbano básico; de una competencia y responsabilidad pública municipal esencial, como es la salubridad, porque ha llegado un momento en que los residuos han dejado de ser “sólo” un peligro para el medio ambiente para constituir también una amenaza cada vez mayor para la salud de los seres humanos.

Desde el Parlamento Europeo se apunta una serie de planteamientos para reconducir la insostenible situación actual. Entre ellas, destaca establecer nuevos sistemas mejorados de responsabilidad ampliada de los productores, con las correspondientes medidas para abordar la fiabilidad de los datos sobre la gestión de residuos; cambios coordinados de los planes de gestión de residuos regionales; mejorar la concienciación ciudadana… Por este motivo, la Comisión ha fijado los siguientes objetivos de reciclado de algunos residuos: el 65% de los residuos municipales y el 75% de residuos de embalajes deberá ser reciclado de aquí a 2030, a la vez que se pretende reducir a un máximo del 10% los depósitos en vertederos. Lo que se desprende de estos objetivos y de los datos disponibles, es que Valladolid tiene por delante un reto importante y complejo, al que no se da respuesta por el Ayuntamiento. Los datos de la gestión privada de Valladolid están muy lejos de cumplir esos objetivos europeos. El 80% de los residuos van al vertedero -143.000 toneladas- y se recuperan solo el 5% según la información de la Junta de 2017. Si sumamos la recuperación de vidrio y papel alcanzamos como máximo el 15%. La media española se sitúa en el 30%. En Valladolid no se genera un solo kilo de compost, solo 3.000 TM tienen utilidad energética, y los lixiviados (líquidos densos con mal olor a ácido, inertes que no son solubles ni combustibles ni biodegradables, que aparecen en los vertederos donde se acumula basura, y tienen un alto grado de toxicidad) están mal gestionados, al no evitarlos o reducir su aparición mediante el reciclaje y el tratamiento de basuras. En Los vertederos que no funcionan como es debido los deshechos orgánicos generan un gas llamado metano ( CH 4) que es incluso peor que el CO2 a la hora de generar el efecto invernadero. El resultado de la gestión de los residuos de los últimos 16 años es rotundamente ineficiente. Tenemos un vertedero mal gestionado que lleva años generando problemas de olor y volados y que genera un volumen de lixiviados muy superior a la capacidad de su planta de tratamiento, con vertidos tóxicos a un arroyo. Ni se han realizado tareas de mantenimiento, ni de mejora del vertedero. La ausencia de control sobre la UTE concesionaria y la opacidad de los datos es manifiesta. La preocupación es que además en el anteproyecto municipal para una nueva concesión externalizando la gestión pública para los próximos 15 no se supera el 20% de los residuos a reciclar y por tanto ni siquiera se contemplan las exigencias europeas para la mayor eficiencia en la gestión de residuos, haciendo imposible alcanzar la meta con un nivel óptimo de gestión, acorde con la normativa europea que se exigirá a todos los países miembros. La producción de residuos es un indicador infalible para medir el grado de sostenibilidad de nuestra ciudad

Gobernar es muy difícil, en eso coincide María Sánchez con Mariano Rajoy y con cualquiera que tenga dos dedos de frente, y las dificultades que apuntó la responsable de Medio Ambiente para afrontar una gestión pública eficiente de los residuos son también reales, entre ellas: la falta de coordinación e implicación entre las administraciones que gestionan estos aspectos, Diputación y Junta que, para no perder la costumbre, miran para otro lado como si el asunto no fuera con ellos, y tienen una responsabilidad esencial ; la limitación del techo de gasto, aunque la esperanza es que en ese aspecto cambien las cosas; una legislación pensada para la gestión privada de los servicios públicos, para la contratación privada, para beneficiar a algunos y no a todos. Más discutible es el argumentario de que la gestión pública de los residuos “no estaba en el programa electoral”, como si no estar en el Programa político del partido liberara al Ayuntamiento de su competencia y responsabilidad pública en la gestión de los residuos de la ciudad; tampoco parece que la recuperación de la gestión pública del agua sirva de pretexto para mantener la gestión privada de los residuos, lo que además casa mal con las recientes declaraciones de su responsable en este mismo medio: “Cambiar el modo de gestión de un servicio debería ser una cosa rutinaria. Con su complejidad técnica, claro, pero la gestión pública de los recursos públicos debería ser la norma, no la excepción. Si esto no es así, y hay tanto revuelo, es porque hay intereses privados afectados. Porque hay empresas que dejan de ganar dinero y legítimamente defienden sus intereses”. Efectivamente la gestión de residuos es un negocio al alza con magníficos rendimientos, que no escapa a la corrupción institucional de las licitaciones de concesiones. Entonces ¿hay revuelo?  Lo que en ningún caso es de recibo es la pretensión de hacer corresponsables de la fácil y abrupta decisión de mantener la gestión privada a vecinos y ecologistas por no haber tratado antes el asunto, como si vecinos y ecologistas tuvieran responsabilidades de gobierno, gestión y administración de los servicios urbanos de la ciudad.

Lo cierto es que el tiempo se ha echado encima, que en este tema trascendental para Valladolid el gobierno municipal no ha asegurado “la participación efectiva e informada de la ciudadanía en la toma de decisiones respecto a los servicios públicos urbanos”, que la “recuperación de forma paulatina de la gestión pública de los servicios urbanos” no puede suponer una lenta agonía de 15 años hasta el deceso, haciendo bueno el sinónimo de paulatino como “cachazudo”, y que las medidas del Acuerdo de Gobierno que planteaban como una actuación a medio plazo, en el mismo paquete que la definición de la alternativa del Campus de la justicia o las actuaciones del 29 de octubre, “el replanteamiento de la gestión directa de los servicios públicos externalizados”, no se ha producido.

El equipo de gobierno tampoco inicialmente –algunos deseándolo y otros no tanto-creyó posible recuperar la gestión pública del agua, a ello se refería la propia María Sánchez en el debate, y sin embargo hoy estamos de aniversario y esa recuperación es ahora una magnifica referencia de Valladolid y su gobierno municipal a nivel nacional e internacional. Ciertos problemas son arduos, pero es un error confundir los problemas arduos con los de imposible solución. Los problemas son solubles y cada mal particular es un problema que puede ser resuelto. Una civilización optimista está abierta a la innovación y no la teme, y se basa en la crítica: el conocimiento de cómo detectar y eliminar los errores, el refinamiento de la razón con el fin de comprender el mundo.

Cuando los ciudadanos nos atrevemos a saber salimos de nuestra autoculpable inmadurez, de nuestra cobarde y perezosa sumisión a los dogmas y formulas de la autoridad política. Si nos atrevemos a saber es posible el progreso en todos los campos: científico, político y moral. Ramiro García se ha atrevido a saber; no solo hizo una solvente y sosegada exposición crítica de la situación, también hizo una exposición propositiva con alternativas, con medidas que permitan replantear y/o minimizar los perjuicios de una decisión de tanto calado mediante fórmulas de gestión transitoria de 2 años, para poder afrontar en ese plazo la gestión pública directa de los residuos y dando además cumplimiento a las exigencias de Europa. La Concejala de Medio Ambiente y Sostenibilidad dijo no hacer oídos sordos. Ojalá sea cierto. La gestión de los residuos debe ser pública.

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