Dentro de las Jornadas “CulturÁfrica” que se desarrollaron en Valladolid del 2 al 5 de Mayo de 2018 (organizadas por Pajarillos Educa, la Universidad de Valladolid, la Junta de Castilla y León, el Ayuntamiento de Valladolid y la Diputación Provincial), además de disfrutar de buenos conciertos de música africana, asistí con especial interés a la charla de la licenciada en periodismo y comunicación audiovisual Estrella Sendra, bajo el título “Raíces negras del Flamenco”. Estrella trabaja en una tesis doctoral, desde el punto de vista de historia de la cultura, sobre un Festival en Senegal de música africana y Flamenco, aprovechando para conectar esa actividad concreta con el sustrato negroide del Flamenco y las relaciones -hasta la actualidad- entre el Flamenco y el África Subshariana. Reveladora fue la escena inicial del filme Karmen Geï [Joseph Gaï Ramaka, Senegal, 2001], que la investigadora proyectó al público, una adaptación cinematográfica africana del mito de Carmen. En la cinta, el personaje de Carmen realiza un baile tradicional senegalés, en el que se pueden reconocer claramente elementos del baile por bulerías.

En aquella charla vino a mi mente el libro Jazz, Flamenco, Tango: las orillas de un ancho río (José Luis Salinas López, 1994) que me prestó en los noventa un buen amigo que conocía mi obsesión personal en relacionar el Tango, el Flamenco y el Blues. El libro trataba de encontrar similitudes entre las tres músicas, ofrecía comparaciones culturales y formales, pero no acababa a encontrar la solución, la fórmula magistral que resolviera el enigma de las proximidades estéticas, plásticas y musicales. Algo que en realidad teníamos delante: LA ESCLAVITUD NEGRA.

Respecto al Flamenco, la primera publicación que apuntaba a ese origen fue la obra del cubano Fernando Ortiz que afirmaba “en los siglos XVI y el siguiente se produce una nueva intrusión de los negros en las costumbres y músicas europeas. África invadió a los pueblos de un lado y otro del Atlántico con sus tambores, marimbas y zambombas y con sus mojigangas, ñaques, gangarillas, bululús y demás bailes e histrionismos, que van a las procesiones, a los teatros, y a todo jolgorio popular”. Asimismo afirma: “El negro y el mulato fueron en el teatro español algo más que figuras de la trama; también fueron músicos, danzantes, cantadores, farsantes y hasta autores”. Aunque esta obra sobre la música cubana no tuvo apenas influencia entre los flamencólogos.

Años más tarde, Arcadio Larrea y Fernando Quiñones afirmaron que los colectivos negros de Sevilla y Cádiz fueron parte de la mezcla cultural de la que nacería el Flamenco. Aunque será José Luis Ortiz quien aclararía el papel jugado por los músicos negros y su cultura. En 1999 llegaría el primer gran trabajo Semillas de Ébano: El elemento negro y afroamericano en el baile flamenco, obra de José Luis Navarro García, de donde arrancan los estudios más recientes, entre los que cabe destacar el documental Gurumbé, canciones de tu memoria negra, dirigido por Miguel Ángel Rosales y estrenado en Seminci en 2016.

En la web Palabras de la ceiba, el profesor Eloy Martin, de la Universidad Pompeu y Fabra, publicó el interesante artículo “Los sones negros del Flamenco: sus orígenes africanos”; en él se comenta como los ritmos africanos llegaron a España con anterioridad incluso al descubrimiento de América. Desde el siglo XIV –un siglo antes de la llegada de los gitanos- los esclavos negros los habían ido introduciendo en las ciudades del sur y de levante. Los patrones y los ritmos africanos se incorporarían al teatro y a los actos religiosos, un recorrido que más tarde realizarán los gitanos.

Hoy sabemos que los gitanos acogieron a otros marginados, entre ellos negros esclavos huidos o libertos. También, incluyeron en su repertorio el baile del Mandingoy desde el siglo XVIII (como otros ritmos africanos que todavía hoy son objeto de estudio y controversia Gurrumé, Mojiganga, Cumbé, Zarambeque,…). Más importancia tiene el que los gitanos se hicieran con el dominio de los tangos. Y es que el Tango, según los investigadores de las raíces negras del Flamenco, no sería un cante de ida y vuelta -como han defendido tradicionalmente los flamencólogos- sino un ritmo que encontró su eco en España antes que en el Cono Sur, un ritmo netamente africano.

El Tango, tradicionalmente considerada la música más blanca, urbana y cosmopolita del continente americano, a la luz de las últimas investigaciones vemos que se trata de una música de origen africano. La similitud de su ritmo con el candombe es evidente, el origen de palabras como “tango”, “milonga” “zamba” o “baguala”, son un síntoma más del origen africano del género y de las músicas argentinas que se consideran su origen.

En el principio de todas las músicas de raíz africana está la prohibición de los tambores, algo que impusieron los esclavistas por igual en Europa como en las Américas, con el fin de evitar tanto la comunicación (previniendo fugas y revueltas) como el culto religioso africano. En el sur de España y de Estados Unidos los africanos camuflarían sus ritmos en las fiestas religiosas blancas donde el toque de palmas sería esencial, en Cuba además utilizarían sus chancletas de madera para poder continuar tocando sus músicas. Por su lado en Argentina, se produjeron unos asentamientos de personas negras fugadas –los cimarrones- llamados “quilombos”, una palabra cuyo origen desconocen gran parte de los argentinos y que hoy significa en jerga “burdel”. Posiblemente, esos asentamientos de personas negras que no habían conocido África y que conocían la música blanca, generaron las formas mestizas origen de la Milonga y el Tango.

Con respecto al origen afroargentino del Tango, destaca otro documental esclarecedor, que ha supuesto toda una revolución: Tango negro. Las raíces africanas del tango (2013). El momento más emocionante del documental es cuando su director, el angoleño Dom Pedro, localiza comunidades negras en regiones del interior de Argentina que mantienen las tradiciones de sus antepasados y que reivindican un espacio en la sociedad. Los afroargentinos –igual que los afrohispanos- han sido olvidados y convertidos en seres invisibles, haciéndose desaparecer su memoria y su papel en la historia, una marginación cultural que no han sufrido los africanos del Caribe o de América del Norte. Los afroargentinos, que se creían desaparecidos desde el siglo XIX, fueron olvidados como parte de un plan político para defender la idea nacional del origen europeo y blanco del pueblo argentino. Afortunadamente, estas personas que llegaron como esclavas y contra su voluntad, están siendo hoy reivindicadas como origen del Tango.

Anteriormente hablé de la prohibición de la percusión en los estados del sur de Estados Unidos, frente al espacio de mestizaje que en Argentina supusieron los quilombos, desde 1817 la prohibición no tenía vigor en la Place Congo de Nueva Orleans (plaza usada para la venta de esclavos, de ahí su nombre), un lugar donde cada domingo por la tarde a los esclavos se les permitía reunirse para cantar, acompañados de instrumentos de percusión muy básicos (quijadas, calabazas, birimbaos,… los mismos que se utilizan todavía hoy por toda Sudamérica); bailando con libertad danzas como la candela o la bamboula.

La manera que ellos encontraron para poder expresar su desarraigo, su tristeza y su desgracia fue inicialmente el canto (cantos de trabajo que darían lugar a los espirituales). Al incorporar algunos instrumentos blancos, especialmente la guitarra, que iría percutida -como en el Flamenco y en el primer Tango-, nacería el Blues. La llegada de instrumentos de segunda mano, especialmente metales, obtenidos de diversa forma tras la primera guerra mundial, daría origen a las primeras formas del Jazz, saltando de Nueva Orleans a Chicago, posteriormente a Nueva York y de ahí a Europa. Pero el Blues seguiría su propio camino, influyendo de forma definitiva en la escala inventada por Chuck Berry, la escala del Rock, que aunaba el Blues con ciertos elementos del Country blanco. También los chicos blancos británicos, coincidiendo con la “invasión británica” de los 60 volvieron al Blues para reformular el Rock y dar un nuevo enfoque rítmico a su música. Bandas como Beatles, Beach Boys o Led Zeppelin llegaron incluso al plagio. Al final como sucede -a modo de chiste- en la película de culto Volverse Loco (Allan Arkush, EE.UU., 1984), todo era en realidad música negra. En el filme, un viejo músico de Blues va oyendo a todas las bandas del concierto de nochevieja leit motiv del filme, mientras afirma constantemente: “Pero si ese tema es mío”.

Flamenco, Tango, Rock, el mismo agua, el mismo río. Aguas por donde se marchitaron miles de vidas. Sin embargo, la monstruosidad de la esclavitud recibió un regalo a cambio del maltrato, pues aquellas personas que tanto sufrieron impondrían su rica cultura a la de sus represores. Una imagen de madera de Yemayá, diosa del mar, llegó flotando desde África hasta las costas de Cádiz donde sería convertida en la Virgen de Regla. Siglos después, al nacer la ciudad de La Habana, en el mismo lugar que ocupa Chipiona respecto a la Bahía de Cádiz se fundó el pueblo y el santuario de Regla por los colonizadores españoles. Cuando las primeras reatas de esclavos desembarcaron en Cuba, descubrieron con sorpresa y esperanza a su diosa ancestral. Tal vez, un símbolo de que su cultura ya era parte de Europa y de que “lo africano” salpicaría a otros continentes de forma tan imperceptible como inevitable.

La raíz africana es la base de la música americana de norte a sur y está en el origen de muchos estilos del Mediterráneo (en especial del Flamenco). Este descubrimiento, nos da una lección frente a unos presupuestos culturales oligárquicos y europeocentristas. Pues es necesario aceptar que lo mejor de la cultura popular universal se lo debemos al África Negra.

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