Si protestáis valientemente, pero con dignidad y amor cristiano, cuando los libros sean escritos en generaciones futuras, los historiadores harán una pausa y dirán: Ahí vivió un pueblo grande- un pueblo negro- que inyecto un nuevo significado y dignidad en las venas de la civilización

Martin Luther King

 

Alzo la cabeza al cielo y tras unos minutos de breve observación, me doy cuenta de que los aires se mantienen empantanados allí arriba, no hay atisbo de movimiento alguno. Nada se inclina, ni rechina, tampoco parece encararse hacia poniente o levante; en el altozano, el bochorno es canino, cuajado de una molicie pastosa que pretendiera imitar la atmósfera de Marte.

La gente se queja, dicen no soportar este calor que abruma, pero a mi no me importa, muy al contrario, este calor viene aparejado con una luz prístina, y a mi la luz me resurge, me ayuda a recuperar el resuello perdido por el largo invierno, es como si un ¡¡ talita cumi!! resonara en todos los apacibles rincones de mi interioridad, instándome a levantarme, a gritar alabanzas por la vida.

Martin Luther King fue ese alguien, que coronado por un aura magnésica como el cono de un volcán, lanzara a sus seguidores constantes y prodigiosas “ talitas cumis”, en aras y con la intención de levantar las formas mortecinas de sus hermanos negros, de sus congéneres en general.

Habría gritado hasta romper por la base el contenido de sus lágrimas, y es que algunos hombres, nos debatimos a menudo en esa tragedia de incompletitud, hablamos siempre a punto de llorar, conteniendo las tristezas licuadas que durante largo tiempo se han generado en alguna consigna de nuestro íntimo sentir.

En la Universidad de Boston, Martin se intereso por la filosofía del “personalismo”, y de acuerdo con esta teoría filosófica, el significado último de la realidad se halla en la personalidad humana.

Ante estas cuestiones me inclino a pensar en el “átopos” de Sócrates, en como hablamos, interaccionamos, buscamos y amamos a los demás, como a seres que de por sí resultan inclasificables, de una originalidad imprevisible, en palabras del propio filósofo.

La personalidad humana convertida a si misma en “atopía”, buscada incansablemente, siempre extraviada entre cánticos de infinitud de sirena inalcanzable.

Creo que Martin nunca llegó a comprender lo profundo inconfesable de sus semejantes, esa fue gran frustración, al igual que la mía, y tampoco estos, fluyeron jamás en la dirección de su admirada “satyagraha” o búsqueda de la verdad.

Pudiera ser acaso el mal un antagonismo de la verdad, el mal con sus traídas y llevadas inercias, el mal con su atildada apariencia y su arrogancia, el mal disfrazado de locura y de demencia…

Sentí algo que me decía: Quien acepta el mal pasivamente está tan mezclado con él como quien ayuda a ejercerlo. Quien acepte el mal sin protestar, realmente está cooperando con él. Cuando la gente oprimida acepta de buen grado su opresión, sólo sirve para dar al opresor la justificación necesaria para sus actos. Con frecuencia el opresor sigue adelante sin advertir su mal, envuelto en su opresión, tanto tiempo como los oprimidos lo aceptan. De este modo, para ser sincero con nuestra conciencia y sincero ante Dios, un hombre recto no tenía otra alternativa que negarse a cooperar con un sistema injusto”.

Los viajeros de la noche

En 1956 el Ku Klux Klan pone una bomba en casa de Martin, el Tribunal Supremo declara que la segregación de los autobuses en Montgomery es inconstitucional.

Luther King se debatía entre dos fuerzas demasiado potentes para sus solas fuerzas de hombre, rumiaba el temor ante la posibilidad de que Coretta y la niña fueran dañadas, pero este temor se contraponía a su insistencia en perseguir la verdad, ¿quién está antes, qué o quienes poseen la prioridad de ser salvados?, la vida convertida en un dilema trágico y universal.

Con frecuencia me encuentro ante parecidas representaciones oníricas, como las que tuvo Martin, con regularidad me descubro como él se descubría a sí mismo, como un hombre capaz de tener un sueño en las mismas fauces de las ruinas, en las inmediaciones del palpito oscuro de la historia.

Tengo un sueño de que un día, sobre las colinas de tierra roja de Georgia, los hijos de los esclavos y los hijos de los antiguos propietarios de esclavos podrán sentarse juntos a la mesa de la fraternidad. Tengo el sueño de que incluso un día el estado de Mississipi, un desierto sofocado por la injusticia y la opresión, se transformará en un oasis de libertad y justicia.

Tengo el sueño de que mis cuatro hijos vivirán un día en una nación donde serán juzgados no por el color de su piel, sino por el contenido de su personalidad

Yo tengo el mismo sueño Martin, el sueño de que algún día no sea juzgado por los zapatos que calzo, juzgado por el salario a percibir, por el auto que conduzca o por el país del que provenga, sino ser juzgado únicamente por el contenido de mi personalidad, esa forma extrema de verdad que cada uno llevamos dentro, esa satyagraha perdida es nuestro sueño, es mi sueño.

 

A todas la personas que en Grecia, y a pesar de ser silenciados y acallados por los medios masivos de comunicación, siguen sufriendo los rigores y la muerte provocados por un sistema económico y social clasista, segregador y criminal.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios