J’accuse…! (en español “Yo acuso”) fue una carta abierta de Émile Zola al presidente de Francia en 1898 -Félix Faure- y a la opinión pública, en favor del capitán Alfred Dreyfus contra su encarcelamiento y condena con la única prueba real de su origen judío. Publicado por el diario L'Aurore, el 13 de enero del presente año se cumplió el 120 aniversario de la primera plana más famosa de la historia del periodismo. Siguiendo la estela de aquel escritor comprometido, utilizando este medio de libertad que es Último Cero, a pesar de que este artículo de opinión me vaya a causar más problemas que satisfacciones, ofrezco estas líneas a las personas con sensibilidad. Entre ellas, espero que se encuentren aquellas que toman decisiones urbanísticas, pues mi intención es remover conciencias y generar un debate social.

Hace diez años, un 20 de noviembre del año 2008, una retroexcavadora inició el derribo de un edificio realmente bello: la centenaria y recoleta Estación del Pinar de Antequera. Unos días después preguntado el anterior alcalde, León de la Riva, por la prensa a colación de este lamentable hecho, justificó su destrucción como parte del plan de soterramiento del ferrocarril en Valladolid (es posible que ese soterramiento no lo vean nuestros nietos, pero es seguro que jamás disfrutarán de la Estación del Pinar). Asimismo, en un alarde de lo que -en mi opinión- era analfabetismo cultural, ante las insistentes preguntas se ofreció a construir otra, como si pudiera hacer un viaje en el tiempo para poder recuperar aquella belleza de nuestra historia.

Parcela que ocupó el Parador “La Alegría” en el número 28-30 del Paseo del Arco Ladrillo, hoy demolido. Foto: úC
Parcela que ocupó el Parador “La Alegría” en el número 28-30 del Paseo del Arco Ladrillo, hoy demolido. Foto: úC

Muchas personas han creído que diez años después, con la llegada al gobierno municipal de Valladolid de otras autoridades con otras sensibilidades, integrantes de partidos que se dicen progresistas o de izquierdas, cambiarían en el municipio estas prácticas. A principios de agosto de 2018, siendo alcalde Oscar Puente y concejal de urbanismo Manuel Saravia, se destruyó el Parador “La Alegría” en el número 28-30 del Paseo del Arco Ladrillo. Era la hospedería más antigua de Valladolid que funcionó hasta 1977. En 2017 se la eliminó de los edificios protegidos por el Plan General de Ordenación Urbanística (PGOU), no entendemos el porqué.

En 1840 se finalizó la Carretera Nueva de Madrid (todavía faltaban 16 años para la llegada del ferrocarril), entonces se construye un primer parador junto al fielato de la ciudad (donde se cobraba una tasa por las mercancías que entraban en ella). El edificio destruido databa de 1880, pues fue necesaria su ampliación tras incrementarse las transacciones y viajeros con el desarrollo del ferrocarril. Jerónimo Ortiz de Urbina, el arquitecto más importante del Valladolid de la segunda mitad del XIX, fue el autor del bien destruido; hoy conservamos algunas de sus obras como el Colegio San José (1881) y el Pasaje Gutiérrez (1886). Originalmente constaba de dos edificios con fachadas gemelas de estilo suizo, existiendo un callejón entre ellas para el paso de los carruajes y su protección en un patio interior con un bello soportal de madera de estilo centroeuropeo para cobijar los carruajes. Las dos fachadas presentaban un bello remate bajo el alero de tipo alpino (que fue retirado hace unos años), además de almacenes para las mercancías parcialmente en pie hasta hace un mes. Hace unas décadas se destruyó la primera de las casas y gran parte del conjunto, en agosto de este año se ha destruido el resto. Un hecho lamentable que parece haber pasado desapercibido a la ciudadanía y a la prensa.

Valladolid no es la única ciudad española que destruye su patrimonio, a nuestro alrededor las ciudades de Castilla y León que viven esencialmente del turismo cometen barbaridades. En 2007, siendo alcalde de Salamanca Julián Lanzarote del Partido Popular, se iniciaron las obras de demolición del Gran Hotel de Salamanca (1930), situado a escasos metros de la Plaza Mayor visitantes ilustres de la política y el cine le dieron su prestigio. Estar protegido por la UNESCO -como todo el centro de la ciudad- y las numerosas protestas no sirvieron para salvarlo. En Zamora el centenario edificio de Harinas Colino (la Panera Social), fue convertido en escombros en 2017, siendo alcalde Francisco Guarido de Izquierda Unida, al no estar protegido dentro del PGOU. A pesar de la resistencia de los zamoranos durante años ante diferentes alcaldes, la reiterada exhortación de la Junta para protegerlo y que se promoviese su declaración como Bien de Interés Cultural, el ayuntamiento actual no quiso enfrentarse y contrariar a la constructora, todo un detalle. En Soria la familia Marichalar, que cedió el yacimiento de Numancia al estado en tiempos de Alfonso XIII, se enfrentó en los tribunales al ayuntamiento que decidió que en vez de poder contemplar desde la ciudad vistas del yacimiento, siete kilómetros al norte, era mejor contemplar un nuevo polígono industrial; a pesar de mi escaso amor por la sangre azul, he de reconocer el trabajo por defender la ciudad, la historia y los yacimientos, lamentablemente en 2008 el ayuntamiento -con el apoyo de todos los grupos políticos- expropió los terrenos. En Segovia, el Teatro Cine-Cervantes, único en su género, fue desmontado y destruido en su mayor parte en 2010, siendo alcalde el socialista Pedro Arahuetes, a pesar de que el PSOE ganó las elecciones prometiendo precisamente su rehabilitación. Especialmente triste es la pérdida de los valiosos frescos del pintor Lope Tablada Maeso. De aquella maravilla de mármoles, cortinones de terciopelo verde, bellos palcos, mobiliario y finas maderas -con el mejor proyector de cine de la provincia- queda hoy un cajón de cuatro fachadas de ladrillo y esgrafiado de incierto futuro. Otro caso funesto fue en Ávila, donde el PP municipal acometió a mediados de los noventa, la demolición de la antigua fábrica de harinas, que fue en el siglo XVIII Real Fábrica de Algodón junto a la muralla de la ciudad, a pesar de las protestas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y la Real Academia de la Historia. El periodista medinense afincado en Ávila José Ramón Rebollada -conocido como “Jota”-, sería despedido de la cadena SER tras estrenar en Seminci el documental sobre este caso “Poder contra verdad”. En la cinta Ángel Acebes y Dolores Ruiz-Ayúcar, que fueron alcaldes de la ciudad, y Carlos de la Casa, Director General de Patrimonio de la Junta en aquel tiempo, no salían bien parados; pero no se ha podido demostrar que la causa del despido de este periodista (con décadas de experiencia, audiencia y numerosos premios) fuera este trabajo periodístico.

Patio interior del Ayuntamiento de Valladolid. Foto: úC
Patio interior del Ayuntamiento de Valladolid. Foto: úC

Pero volviendo a Valladolid, es necesario destacar que la ciudad fue en el siglo XVI la urbe con más palacios de toda Europa, palacios que han desaparecido en un 90%. Los primeros al irse la corte en el XVII y convertirse Valladolid en una ciudad-convento; al ceder los palacios a las órdenes religiosas se inicio su desaparición. En el XIX con la industrialización se siguió destruyendo caserío, murallas, puertas y entre los palacios el que albergaba el gobierno municipal fue derribado. En 2008 el Ayuntamiento celebró el centenario la actual casa consistorial (un edificio que sólo fue armónico en manos del genial pastelero Cubero) y ninguna voz se dio cuenta de que en realidad se celebraba la destrucción de un palacio renacentista. Pero la época con mayor destrucción de palacios y patrimonio han sido los años 50 y 60 del siglo XX, la corrupción inherente al poder sin control y la orientación de la ciudad hacia la industria abonaron el desastre. Ya destruidas todas estas maravillas, ahora con el nuevo siglo parece que nos ocupamos de eliminar los edificios del XIX y los más bellos ejemplos de la arquitectura de ladrillo, una arquitectura que en países como Holanda protegen con severas leyes desde el siglo XVI.

Antiguo Hotel Marqués d ela Ensenada, levanatado en la vieja fábrica de harinas La Perla. Foto: Gaspar Francés
Antiguo Hotel Marqués d ela Ensenada, levanatado en la vieja fábrica de harinas La Perla. Foto: Gaspar Francés

En estos momentos un bien histórico de Valladolid está en el centro del debate político y social, la Fábrica de Harinas La Perla de 1856 (protagonista de los Motines del Pan en la ciudad en el XIX). Respecto al pasado reciente de la harinera, hotel y hoy centro cultural “La Molinera”, todavía se investiga el presunto falseamiento de los planos, así como se especula que su cambio de situación en el PGOU fue para que el empresario del hotel Marqués de la Ensenada lo pudiera tener más fácil. Tras las dudas en su apertura, el escandaloso cierre, el expolio y la suspensión de pagos de 2016, la oposición del PP en el Ayuntamiento de Valladolid ha hablado para cargar contra el colectivo que se ha hecho cargo del espacio para convertirlo en un centro cultural. Y aparte querer una “conversión” (que dejen de ser ocupas, compren el inmueble y se transformen en emprendedores), quiere asegurarse que se les ha dicho que lo que han hecho es ilegal. A estas alturas del artículo, creo que el concepto de ilegal en política patrimonial y urbanística parece una cuestión bastante difusa. Tal vez el dinero y la influencia de quien sea el “okupa” esté relacionada con las facilidades que tenga quien quiere adjudicarse un bien o simplemente destruirlo para aprovechar el suelo.

(Se ha eliminado aquí un fragmento del texto original de este artículo sobre la posibilidad de crear un Museo de la Inquisición en Valladolid, al confundir el autor Jesuitinas y Filipenses, el autor pide disculpas a cualquier persona afectada, y muy especialmente a su fuente).

Son tan numerosos los desmanes contra el arte y el patrimonio en Valladolid que este texto no tendría fin, ni siquiera se acierta cuando se deciden por restaurar un bien. Véase la terrible mezcla en las francesas de un claustro gótico, una iglesia barroca y el horror constructivo contemporáneo de centro comercial y viviendas que en vez de engarzar y respetar el conjunto, lo encajonan y ahogan. Confesaré, del mismo modo, que aborrezco la reforma del Teatro Calderón, que ha mantenido la incomodidad y prescindido del encanto, desapareciendo la doble escalera decimonónica, el foyer, los mascarones sobre las puertas con las alegorías del arte dramático,… En este sentido, echo de menos las paredes de ladrillo con motivos de rombos del Mercado del Val, un elemento de inspiración ferroviaria que ha sido eliminado a pesar de su belleza. Asimismo, cada vez que me visitan amigos valencianos, ven con horror el grupo escultórico de Los cazadores de Alcántara (1931) de Mariano Benlliure, semioculto y contaminado de humo y ruido a la salida del Aparcamiento de la Plaza de Zorrilla. Siempre me amenazan con robarlo una noche y llevárselo a su tierra para meterlo en una urna.

Imagen de archivo del Depósito de Locomotoras.
Imagen de archivo del Depósito de Locomotoras.

Pero mi mayor preocupación como doctor en Historia del Arte son todos los edificios e instalaciones ferroviarias, sólo parece estar a salvo el edificio principal de la Estación del Norte (homenaje a Versalles de la francesa Compañía del Norte, desde la planta, la mansarda cubierta de pizarra, los ojos de buey y su fachada neobarroca). Pero el resto peligran: naves de trabajo de gran interés (algunas centenarias), la Residencia de Maquinistas (casas de verdad para que durmieran, no como ahora que una “residencia” es una forma de organizar a los maquinistas por zonas), el Cuartel de Zapadores, la Maravillosa máquina de trabajo Cockerill -matricula nº 1 de RENFE-, depósitos y mangas,… Pero de todos los bienes y edificios, el más importante es sin duda: LA ROTONDA DE MÁQUINAS.

Cualquier arquitecto, historiador del arte o experto en historia ferroviaria sabe que el edificio industrial más importante de Valladolid es la Rotonda de Máquinas, que vemos ya sin su tejado, destruida día a día por el tiempo atmosférico y el desinterés público, un edificio único, bello e innovador, realizado en 1863 por Téophile Luc Ricour con dos pasarelas para facilitar las maniobras. El tratadista Perdonet en su Tratado de Ferrocarriles (1865) hablaba de un hangar múltiple con fosos y espacio para varias máquinas, dándolo a conocer como una invención novedosa bajo el nombre de tipología fer de cheval (herradura); pero Valladolid ya disponía de esta bella infraestructura industrial recién inventada. Tras el tratado de Perdonet sería muy imitada por todo el planeta, pero la Rotonda de Máquinas de Valladolid es una de las primeras del mundo, incluso podría ser la más antigua de ellas. Sólo por llamar la atención sobre su gran valor histórico y poder aportar algo para que no se pierda esta maravilla técnica en un edificio bellísimo (donde trabajaron en muy duras condiciones varias generaciones de ferroviarios), merece la pena poner en papel lo que normalmente despotrico sentado en algún café.

Valladolid no está sobrada de atractivo artístico y encanto. No consintamos que siga perdiendo ni uno solo más de sus edificios históricos. No toleremos la destrucción camuflada como rehabilitación. No nos lo podemos permitir. Espero -como en los tiempos de Zola- que la palabra escrita conserve su poder disuasorio. Respecto a la prensa, que parece haber dejado de ser el cuarto poder para empaparse de mediocridad y miedo, esperamos desde aquí poder avivar su fuego. Parafraseando a aquel hombre valiente: Denuncio, ante la conciencia de la gente decente, que los poderes públicos no conservan, restauran, ni cuidan lo que nos pertenece de forma conveniente; y que costumbres políticas con criterios economicistas olvidan que la belleza, el arte y la historia si se pierden son irrecuperables.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios