Ni refugio, ni asilo, ni modelo. Para los refugiados del mundo entero Europa es una mierda. Por lo visto y de alguna manera se ha convertido en un bunker donde el ciclo imperial del XIX se reproduce a sí mismo en bucle y como una mala copia. Aquí lo que sobra es patriotismo, chauvinismo, egoísmo, odios raciales, religiosos y étnicos, y miedo, sobre todo miedo y lo que falta, si bien lo miras, es todo lo demás y humanidad. Sobre todo humanidad. Infinitas toneladas

Eso sí, a presumidos no nos gana nadie: fingimos disponer de modelos para un orden mundial armonioso; presumimos de democracia y de buenas ideas acerca de la paz y de los principios que rigen la prosperidad; hablamos de derechos (esos nos lo sabemos todos) pero mientras nuestros democráticos gobiernos continúen actuando guiados por la percepción agresiva de “sus” intereses nacionales vitales”, qué quieren que les diga, vamos de ala.

Lo más sorprendente es sin embargo que la difusión de esquemas de pensamiento tan cutres siga prevaleciendo en las escuelas sin ser nunca puestos en discusión. Que, además, se los acepte sin críticas mientras generación tras generación aprendemos a exigir nuestros derechos, venerar nuestras naciones y admirar nuestras tradiciones o - lo peor de todo - a lograr violentamente nuestras metas sin tener en cuenta a otras sociedades.

Y es que, nosotros, los occidentales, cultivamos el tribalismo como si fuera una hortensia. Una variante nueva del tribalismo, en mi opinión deplorable, que fractura sociedades, separa pueblos, promueve conflictos mezquinos y sangrientos y, en una palabra, da asco.

Nos entrenamos al tiro al blanco o, más bien, simplemente al tiro mientras sustituimos el blanco de los “blancos” por los negros, amarillos o mediopensionistas (el color da un poco igual) mientras ahogamos – literalmente ahogamos – a los que huyen y convertimos el Mediterráneo en una fosa común.

Y, como si todo esto fuera poco y como bien documenta M. Urban, pagamos a las dictaduras del Sur con dinero de todos los contribuyentes para que hagan de policía de fronteras de la Unión Europea mientras la ONU – ese sutil adorno de la civilización se limita a plañir porque no puede hacer otra cosa, pero sin cuya existencia posiblemente, las cosas todavía estarían peor - se revuelve impotente contra las presiones de quienes pagan.

En una encuesta aparecida recientemente en Haaretz, (periódico israelí) he leído que el 37 por ciento de los ciudadanos de ese país apoya la idea de tender una mano a los refugiados mientras el otro 50 por ciento, pasa del tema y se niega terminantemente a hacerles un hueco. En Estados Unidos, aumenta sin embargo la ratio y apoyan la acogida el 66 por ciento y el 26 por ciento, se oponen mientras el ridículo pene-hongo de Trump se levanta (es un decir) en armas y establece un límite de aceptación en 30.000 refugiados para todo el país.

Decir también que a pesar de lo que pueda parecer, España es – según esta encuesta – un país generoso y que - se pongan como se pongan los energúmenos – hay un 86% de ciudadanos a favor de aceptar a los refugiados; Le sigue Alemania con un 82% y Suecia con un 81%. Lo que según nuestros cálculos querría decir quizá, por qué no, que puede haber esperanza por más que el proyecto europeo esté en crisis y que al paso que va a burra, algunas no lleguemos a verlo. Me refiero al arreglo.

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