Hay tres maneras de opinar. Una es la opinión autorizada, la que se sustenta en la experiencia y la información veraz y documentada. Otra es la opinión del ignorante, que no tiene más base que la desinformación, los prejuicios o directamente la estupidez. Y la tercera es la opinión perversa. La opinión perversa suele tener ciertas dosis de “autorizada”, ya que se sustenta en parte sobre información veraz, y grandes dosis de “ignorante” porque está llena de prejuicios y de un disimulado grado de desinformación.

Por supuesto que cada uno somos libres de opinar sobre lo que queramos, en eso consiste la libertad de expresión, en el derecho a hablar de lo que sabemos e incluso de lo que no sabemos, otra cosa es la importancia que le demos cada uno a quedar como estúpidos o, en el caso de los perversos, al valor que le otorguemos a la inteligencia del prójimo.

Yo, un ignorante que no niega que en más de una ocasión le ha dado muy poca importancia a quedar como un estúpido, puedo presumir de tener un cierto grado de autoridad en algunas cosas, pocas para ser sincero. Entre estas hay que destacar mi conocimiento, basado en la experiencia más que nada, de la realidad de las compañías de Artes Escénicas de Castilla y León.

Andamos las compañías de teatro, de danza, de circo y de magia de la comunidad muy revueltas últimamente a cuenta de la difícil situación por la que atravesamos. De entre las diversas opiniones que esta movilización ha provocado están las de los que han puesto en duda esta “rebelión” con lecturas sesgadas e interesadas de números y cifras; las estridentes, por silenciosas, de quienes han respondido con la indiferencia y la de alguno que, reconociendo la difícil situación por la que atravesamos, concluye con el diagnóstico de que los responsables de esta situación somos las propias compañías.

Al parecer, no hacemos autocrítica ni nos renovamos y esas, apunta alguno, son las principales causas para que los teatros no nos contraten. Y como me consta que esta opinión, que algún perverso ha tenido a bien hacer pública, la comparten muchos de los que mantienen ese silencio estridente, me he animado a dar una cumplida respuesta a tanta perversión.

Una medida de urgencia que alivie temporalmente con funciones la maltrecha economía de las compañías no es más que eso, una medida de urgencia, no es el fin ni el objetivo último que se plantea desde las AAEE de la comunidad. Los objetivos últimos son de mucho más calado, con una proyección a medio y largo plazo y están relacionados con los principios que se recogen en un costoso borrador de Ley de AAEE que duerme en algún oscuro cajón de la Consejería de Cultura. Un borrador de Ley que como primer principio general elevaba las artes escénicas a la categoría de Servicio Público.

Yo creo que sí practicamos la autocrítica, y mucho, es algo muy recurrente cuando no te contratan: preguntarte que estás haciendo mal. ¿Renovarnos? Es cierto que con la crisis hemos venido practicando más el “reciclaje” pero podría dar muchos ejemplos de renovación en las compañías de esta comunidad. Compañías que han renovado su repertorio arriesgando con nuevos lenguajes escénicos o que incluso han renovado sus elencos con egresados de la Escuela Superior de Arte Dramático. O podría mencionar también a nuevas compañías que han venido a renovar y enriquecer el panorama artístico de la comunidad y que sin embargo sufren el mismo problema que el resto a la hora de ser contratadas. Claro que es muy difícil convencer de esto a quién no te conoce, a quién juzga la trayectoria de una compañía sin ver uno sólo de sus espectáculos.

Pero bueno, ya que se apunta a que una de las causas de la no contratación está en nuestra falta de autocrítica y en que no nos renovamos, sigamos hablando del tema. La Red de Teatros, que se supone no nos contrata por no renovarnos, ¿ha renovado sus propuestas escénicas?. Quiero decir, ¿la Red de Teatros ha contribuido a la renovación del teatro en los últimos años?. ¿Ha contribuido a la exhibición de propuestas con nuevos lenguajes escénicos?. Y lo más importante, ¿ha renovado su público en la última década?, ¿lo ha aumentado?. Y por último ¿La Red de Teatros ha hecho autocrítica sobre su propia gestión? Yo, por no pecar de estúpido, no voy a opinar sobre lo que no sé, que respondan a estas cuestiones los que saben de esto, los responsables de la Red. Y si demuestran que se han renovado y han hecho autocrítica lo aceptaré. De la misma manera que espero que cuando los que no nos programan se dignen a ver nuestros espectáculos nos juzguen sin prejuicios y reconozcan, si así lo consideran, nuestra contribución a la autocrítica y la renovación del teatro de esta comunidad.

El problema de las AAEE de CyL no es el de la renovación o el de la falta de autocrítica de las compañías. El problema principal es la falta de compromiso, la infravaloración de lo propio, la ausencia de políticas culturales de calado y los enormes recortes que la cultura ha sufrido en la última década, que han provocado una perdida de más del 50% de espectadores en los teatros y que han situado al borde del abismo al sector profesional de la región. Ese es el diagnóstico real, avalado por números y cifras y, sobre todo, por el testimonio de los principales afectados. Y si hay que aceptar que parte de la solución pasa por la renovación y la autocrítica de las compañías antes tendremos que asumir que estas deberían liberarse primero de tantos esfuerzos dedicados a la mera supervivencia.

Según el diccionario de la RAE pervertir significa “Viciar con malas doctrinas o ejemplos las costumbres, la fe, el gusto, etc.” Dejémonos, por favor, de malas doctrinas y de malos ejemplos. Nosotros no somos el enemigo, formamos parte de la solución. Cada vez que un actor o una bailarina se va al paro o emigra, nuestra comunidad se hace más pobre. Pierde a un contribuyente, pero sobre todo pierde a un creador, a un vertebrador social, a un forjador de identidad. Nunca podremos ser un referente artístico como comunidad si no apostamos por nuestros propios artistas.

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