Poetas de los antiguos celtas y por extensión, a las poetas en general, escritoras, investigadoras, artistas de la pista, todas.

Con permiso:

Decir algunas cosas que, desde hace tiempo, tenía ganas de decir. Van sobre Literatura, las cosas esas, y resumiendo vienen a decir que ya va siendo hora de que dejemos de trabajar para el “enemigo” ; Que va siendo hora de que dejemos de creer- nosotras -  que trabajando para él se pueda, algún día, llegar a ganar el juego; Que va siendo hora de que aquellas que escriben, aquellas que tienen el don de la palabra, dejen de estar en silencio porque si seguimos dentro de SU juego, a lo único que podremos aspirar es a que nuestra obra se torne “más artística”, se fosilice en el canon y pase a formar parte de SU espectáculo o, lo que es igual, se convierta ella misma espectáculo y por lo tanto, inútil; Que va siendo hora de que nos demos cuenta de que nuestra única posibilidad de victoria está en salir de su juego porque, lo creamos o no, nosotras NO estamos aquí para embellecer la política cultural como pregona el poder (mediático y también político) sino para objetivar las contradicciones y para desafiar, también desde la escritura, los símbolos de la ideología dominante, liberar los lenguajes mudos y que en este esfuerzo - desde la desobediencia – avancemos en la construcción de una vida mejor.

Llegadas a este punto cabría preguntarse cómo debería ser entonces esa práctica de la escritura. Y a modo de respuesta se me ocurre una idea bastante simple: Hagamos de ella una práctica desde la indagación, una indagación desde nuestras propias circunstancias que, por supuesto, no suelen ser poéticas ni funcionan como tales hasta que no intervenimos en ellas con nuestro trabajo. Sin olvidar que cuanto más presente en ella la contradicción, más valor tendrá esa escritura y más libres nos sentiremos nosotras para actuar y transformar otros dominios de la vida.

… Un hombre abre la boca/ se desgarra los labios/ y profiera palabras que no son mercancías. J. RIECHMANN. La estación Vacía. Valencia 2000, 20

Somos nosotras, las bardas, cuando nos proyectamos en lo social como creencia colectiva, las que hacemos que el pensamiento y el arte sean reales y, al mismo tiempo, transformen la Realidad y con la Realidad no solo sus cánones estéticos y morales sino también, lo que entendemos por Libertad al proclamar que hay otros Mundos Posibles que pueden llegar a ser reales algo que, a mi modo de ver, viene a ser la mejor forma de liberar nuestra escritura de los límites que nos han impuesto.

Es decir, exactamente, lo que andábamos buscando.

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