El circo, por desgracia, es una de las artes escénicas menos representadas en España – salvo Cataluña y ahora Madrid- pero quizá una de las más atrayentes para jóvenes y nuevos públicos. Uso el símil de los grandes circos multipista de los años sesenta y setenta para esta edición de Mercartes en la Feria de Muestras de Valladolid 7, 8 y 9 de noviembre, quitándole toda – si la hubiera- connotación negativa de la palabra.

Aunque dos son las grandes organizaciones que lideran esta manifestación – Faeteda, que representa a la oferta, las empresas productoras y Red Estatal de Teatros, Auditorios y Circuitos de Titularidad Pública representante de “la demanda”- son muchas más las que concurren a esta llamada, unos ciento cincuenta expositores y casi mil profesionales inscritos. Nada mal para un sector que representa una parte interesante pero pequeña del PIB nacional, el gran momio en la cultura son el libro, la música pop y el cine, las artes industriales, frente a las artes escénicas – teatro, danza, circo, magia, calle- que representan las artes tradicionales y artesanales, muy valoradas en la cultura europea por otra parte.

¿En qué consiste Mercartes? Como todo “mercado” se trata de que se encuentren quienes ofrecen algo con quienes lo demandan. El gran problema es que por ahora el mayor consumidor de estas artes escénicas son las administraciones, que después se las ofrecen a públicos de ciudades y entornos rurales y en este panorama son los poderes públicos quienes condicionan este consumo. Este tipo de encuentros vienen existiendo en Europa desde los setenta, quizá apelando a todo el espectro cultural, no solo escénico y en la música nos encontramos con “mercados” tipo MIDEM de una magnitud apabullante o las ferias del libro alemanas.

En España también se ha optado por esta modalidad – ferias, mercados- como punto de encuentro frente a los “nórdicos” o “centro europeos” más orientados a festivales, muestras, acompañados de actividades de encuentro, debate, puesta en común de  ideas e información, más centrados en los contenidos. ¿Qué es mejor? Bueno, las ferias de artes escénicas funcionan en España, de hecho se están exportando a Iberoamérica con cierto éxito y así se están conformando “mercados” para las artes escénicas sin que la intervención estatal sea la única.

¿Dónde está el punto débil de esta propuesta? Quizá en la correlación de fuerzas, una oferta atomizada y muy extensa – se hablaba de una oferta en Mercartes de unos dos mil espectáculos- frente a una demanda más centralizada: grandes teatros, redes y circuitos que compran ahora en cantidades de hasta un cincuenta por ciento menos que en años previos a la crisis. Es una carrera frenética por encontrarse con “el programador” y poder deslizarle unas ideas y un folleto sobre el espectáculo o la forma de trabajo. Quizá habría que pensar en centrales de oferta de una cierta medida y mayor visibilidad, algunas CCAAs van por esta línea, como Euskadi…incluso con apoyo de su propia administración cultural, esto además en algunas disciplinas como la danza es ya imprescindible, ha sido laminada en las programaciones.

Una gran pregunta era estos días: ¿Merece la pena? El esfuerzo es grande, tres días intensos en los que se invierte dinero, tiempo y energía – se siembra- para ver si meses después se recoge grano en forma de “bolos” o felicitaciones públicas para quienes programan equipamientos. La respuesta en general era: al menos nos ponemos rostro y voz, algo que trasciende a la comunicación fría y anónima de internet y las redes.No es poco.

A un nivel social refuerza la idea de que Valladolid es una de las ciudades con una vida teatral más intensa y extensa, algo que en los primeros años del siglo XXI hemos llegado a cuestionar. Ahora parece que resurge la idea anterior de esta ciudad como ciudad de prueba escénica, pero hay que poner la balanza a funcionar porque el esfuerzo realizado es considerable y hay que saber rentabilizar los resultados, no solo económicos, también los sociales e identitarios, esperemos estudios de impacto y evaluación.

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