En esta atmósfera de corrupción y de monstruosas verdades a medias, sólo se oía una nota clara, el llamamiento de los bolcheviques, más penetrante cada día: “ ¡Todo el poder a los Soviets! ¡ Todo el poder a los representantes de millones de obreros, soldados y campesinos! ¡ Tierra y pan! ¡ Que acabe la guerra insensata! ¡ Abajo la diplomacia secreta, la especulación y la traición! ¡ La revolución está en peligro, y con ella la causa de todos los pueblos!.

Diez días que estremecieron al mundo. John Reed

A Natali Buum, Isis, Venus, Afrodita, Eva, el eterno femenino, la conspicua amiga de un poeta como yo, ingenuo e idealista, pero que te ama más allá de cualquier luz que pueda cegarnos.

Al movimiento obrero, que derramaron su sangre, su espíritu, sus sienes apuradas, que fueron llagados de pies a cabeza y que sin ellos yo no estaría aquí, vivo, hablando, escribiendo, pero sobre todo amando.

 

Hace escasamente unas horas, asistí a un debate sobre economía e ideología en la Casa Revilla, y en el cual tuve la posibilidad de enfrentarme a un profesor de economía de la Universidad Carlos III de Madrid. Él, entre otros participantes, justificó y afirmó que los economistas y la economía reglada, no han sido capaces de prever ninguna de las crisis capitalistas a las que este brillante sistema nos ha abocado una y otra vez.

Lo argumentó diciendo que son tantas las variables que intervienen en la economía que sería prácticamente imposible predecir tales crisis.

En la réplica le indiqué que esa aseveración era falsa y que en realidad la economía, desde hace décadas, está atravesada de una ideología claramente neocon, y me atrevería a decir que hasta neofascista, y que por tanto, las innumerables crisis capitalistas, una cada diez años al menos, han sido provocadas, programadas, predichas, con mucho tiempo de antelación por los popes de la teoría económica clásica o monetarista, que los economistas viven fuera de la realidad porque no sufren directamente las consecuencias de sus decisiones y que esas decisiones condicionadas por una ideología muy clara, han sido y son las responsables de millones de desempleados, desheredados y muerte global.

Continué indicándoles que tras el crack del 29 el sentir general entre la población era de cierta esperanza, se pensaba y se creía que realmente existía la posibilidad, que a pesar del desastre económico, se podría mejorar y salir adelante, y que efectivamente así fue, al menos en parte, con la aplicación de las políticas keynesianas.

Sin embargo, posteriormente a la crisis de los años 2000, ese sentir general no es de esperanza, muy al contrario, la sensación general es de desesperanza, de derrota, de definitivo afianzamiento de la peor de las dictaduras que se puedan dar en este mundo, la dictadura del capital, del dinero, de los beneficios por encima de todos y de todo, a destajo, sin escrúpulos, sin miramientos ni complacencias con nadie. Necesitan ampliar sus ratios de beneficios, y por tanto, hay que destruir la vida humana, hay que acabar con la salud y con la dignidad de las personas, animalizarlas como meros sujetos de consumo, ya que estas son obstáculo al incremento de las ganancias de estos individuos y de su corpus ideológico.

Su respuesta, no podía ser de otra manera, consistió en contraatacar acusándome de ser un conspiracionista y recurriendo a que la economía planificada que se puso en práctica en los países, -entre comillas-, socialistas, constituyó un fracaso y que además vulneraban las más sagradas leyes económicas.

En ocasiones me pregunto legítimamente que es para estos tipos la ley, y que cuando hablan de lo sagrado, a que sacralidad y a que lógicas se están refiriendo en realidad. Apenas tengo dudas ya, que apuntan y se refieren a una lógica de muerte, y si estos no serán los nuevos agentes de la Ojranat.

Así mismo, y cuando atacan a las propuestas socialistas que como en Rusia, en su momento, se intentaron implementar, sólo cuentan una parte de la verdad y utilizan una narración perversa y deliberadamente distorsionada. En ningún momento,- y tomando como ejemplo el caso de Rusia en el año 1917, en plena toma del poder por los bolcheviques,- hacen alusión a que este país sufrió un bloqueo total, por tierra, mar, aire, y por supuesto militar, por parte de todas las potencias económicas capitalistas como Estados Unidos, R. Unido, Finlandia, Japón o Francia...más preocupadas, por cierto, por llevar a sus ciudadanos como carne de cañón, abaratando sus vidas, a una guerra tan absurda como estúpida como lo fue la 1ª Guerra Mundial. ¿ Qué economía habría soportado un bloqueo de tales características?.

Soy un perpetuo caminante, un caminante solitario, y por momentos me detengo a pensar, a recordar, cuando siento que estoy rodeado de demasiada oscuridad necesito apelar a la memoria y recordar a personas como a John Reed, un magnífico periodista de origen norteamericano, una persona de delirio y belleza inmutables. Comenzó a trabajar para el diario radical “The Masses, como corresponsal de guerra en el “Metropolitan Magazine” viajó a México y acompañó a Pancho Villa en sus ofensivas por el norte del país; se implicó activamente en política llegando a formar parte del Partido Comunista de los Estados Unidos y en los años finales de su vida decidió involucrarse de lleno en la revolución que se estaba empezando a fraguar en Rusia.

De nada sirve permanecer sumisos, arrodillados o en un silencio pasivo, y Reed es un claro ejemplo de la belleza que los seres humanos cargamos sin saberlo, sin apenas ser conscientes, en nuestro fuero interno, en lo más íntimo de nosotros, en ese lugar de incógnito, desde el cual algún día y algún momento, habrá de salir para poner en valor nuestra inmensa dignidad, esa misma que ningún poder de este mundo, ninguna teoría económica, ninguna plutocracia, oclocracia o corrompida oligarquía, podrá arrebatarnos in extremis.

John Reed es el arquetipo, el periodista al que desearía parecerme, es el eco lejano o no tan lejano de ese grito de libertad que resonó en el mundo entero cuando la clase obrera se organizó y dijo basta.

Cuanto hubiera deseado- transitar, acompañar, caminar, dilucidar sueños, dirimir y remontar horizontes hermoseados de personas liberadas para siempre de la tiranía,- junto con Reed y las mujeres y hombres que lucharon por la idea más maravillosa jamás concebida por la conciencia humana, la igualdad entre todos los seres humanos.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

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